Bala de plata

La noche en que TVE perdió el pudor con la tragedia de los trenes; no eran nervios, era incapacidad en la presentación

Encendí la televisión con la esperanza de encontrar información en tiempo real sobre la tragedia de los trenes. Era de noche, de esas noches en las que el silencio pesa más que el sueño, y el nombre de Adamuz ya se había instalado como una losa. Cerca de cuarenta muertos no son una cifra: son una sacudida moral. A las diez y media puse la 1 de TVE y su Canal 24 Horas, como quien abre una ventana. Y lo que entró fue desconcierto.

La presentadora sonreía. Sonreía mientras hablaba de vagones retorcidos, de cuerpos destrozados, de familias sin localizar. Sonreía todo el tiempo con uno de esos rictus entrenados, estúpidos, como si la desgracia perteneciera a un universo paralelo. Al principio pensé que los nervios le podían. Todos somos humanos, me dije. Hay sonrisas que son un tic, un salvavidas ante el sufrimiento. Pero los minutos pasaban y la expresión seguía ahí, absurda.

Falta de compostura

Luego llegaron las preguntas. Y con ellas, el rubor ajeno. Interrogantes lanzados al aire con la torpeza de quien confunde la urgencia informativa con cierto morbo (seguramente sin darse cuenta), la empatía con la intromisión... Preguntas que no buscaban aclarar, sino rellenar tiempo. Como si el reloj del directo exigiera palabras y palabras aunque estas fueran redundantes e inútiles. Pensé entonces en la improvisación del momento, en la ausencia de un guion en el teleprompter de la cámara, en un pinganillo mudo... Excusas generosas todas ellas, sí, pero incomprensibles en alguien que pasa por profesional experimentado de la comunicación.

Porque lo verdaderamente inquietante no fue un fallo puntual y comprensiblemente humano, sino la persistencia del porte y lo errático de muchos comentarios sin criterio. Media hora después, todo seguía igual. Nadie desde el control o el despacho le recordó a la presentadora, Lourdes Maldonado, que informar sobre una tragedia exige algo más que vocalizar datos a tropel: requiere compostura adecuada. Cambié de cadena con una mezcla de enfado y tristeza.

Hay noticias que no admiten sonrisa

El periodismo no es solo contar lo que pasa; es saber cómo hacerlo dependiendo de las circunstancias. Muchas noticias no admiten sonrisa ni preguntas huecas titubeando. Hay noches en las que la cara es el espejo del alma y no cabe la opción estética “profidén”. 

Foto-pantallazo La 1 de TVE - Ricardo Magaz

Pedir disculpas sería un gesto honesto por parte de TVE. Y recapacitar, una necesidad. Porque cuando el dolor entra en casa por la pantalla, lo mínimo que se espera es que quien lo narra esté a la altura del contexto. Todo lo demás fue, sencillamente, penoso. Al menos en la franja horaria de las 22:30 a las 23:00 horas cuando avergonzado cambié de cadena. 

Puede comprobarlo, amigo lector, en la foto-pantallazo que acompaña esta columna y más extensamente en la videoteca de La 1 de TVE y del Canal 24 Horas del domingo, 18 de enero.

Hay dolores que exigen rostros.