Prisma Internacional

Tisza arrasa en las elecciones húngaras y pone fin a la era Orbán

Tras dieciséis años de autoritario gobierno del nacionalpopulista Viktor Orbán, que llegó al poder con la promesa de construir un modelo liberal, participativo y abierto, la sociedad húngara ha mostrado su hartazgo. La gente estaba realmente cansada de corrupción, nepotismo, abuso sistemático de los medios públicos a su favor y una determinación rayana en la demencia para continuar en el poder -incluso cambiando el sistema electoral para favorecerle- y parece estar ad portas de un gran cambio político. La palabra mágica se llama Tisza, una escisión de centroderecha formada por un antiguo partidario de Orbán, Péter Magyar, que busca transformar el Estado de derecho y combatir la corrupción. Lo ha logrado en las urnas: mayoría absoluta amplia de dos tercios y un 53% de los votos.

Tisza (Partido Respeto y Libertad) es una formación política fundada en 2021 y que obtuvo 7 escaños en las elecciones europeas de 2024, amenazando, por primera vez, la hegemonía del partido gobernante, Fidesz, y retando frontalmente a Orbán, que no ha parado de descalificarle acusando a Magyar de “traición” y de haberse vendido. Precisamente Orbán, que es un mitómano patológico, un mentiroso compulsivo y, por ende, un narcisista sin escrúpulos, ha sido en estos largos años de su gobierno precisamente eso: un auténtico traidor que ha servido desde su alta responsabilidad como agente al servicio de Rusia, concretamente un filtrador de secretos oficiales de la Unión Europea (UE) y la OTAN al sátrapa de Moscú, Vladimir Putin, y la quinta columna del presidente norteamericano dentro de las filas europeas para destruir nuestras instituciones desde dentro. Hay numerosas pruebas que implican a Orbán en el doble juego operado en todos estos años, transmitiendo hasta en directo desde las cumbres europeas informaciones reservadas a los rusos y boicoteando decisiones europeas para debilitar a la UE para mayor beneficio de Moscú y Washington. 

Mención aparte merece la posición del caudillo húngaro sobre la guerra de Ucrania, conflicto en el que Orbán ha tomado claramente partido por Rusia, en lugar de ponerse de lado del país agredido y ocupado y de sus socios europeos, llegando incluso a acusar a Ucrania de ser el principal enemigo de Hungría. Muy en la sintonía del presidente norteamericano, Donald Trump, en esta guerra, Orbán ha entorpecido una tras otra vez la ayuda de un paquete económico a este país de 90.000 millones de dólares, con la vista puesta en que Kiev se desangre económicamente, pierda capacidad de resistencia y acabe claudicando por inanición económica y falta de armas para hacer frente a la guerra impuesta por Moscú.

Luego está el carácter antieuropeísta de Orbán, que no le ha granjeado muchas simpatías entre los 27 miembros de la UE salvo Eslovaquia, y su permanente negativa a sumarse a los consensos europeos en diversas materias. Como quinta columna de Trump, que en plena campaña electoral le mandó a su vicepresidente Vance para echarle un capote al caudillo húngaro, Orbán siempre ha soñado con debilitar a la UE, reducir el área de influencia de sus instituciones y forjar una alianza ultra con Trump y otros socios, como el cipayo español Santiago Abascal, uno de sus pocos aliados en el continente. Incluso otros líderes ultras europeos, como la italiana Giorgia Meloni o la francesa Marine Le Pen, ya han tomado distancias con el felón húngaro y no han participado en ningún acto de su campaña electoral, a diferencia de lo que sí han hecho Vance Y Abascal. 

Aparte de su controvertida política exterior, que no tiene nada de “patriota” para los europeos, la economía está absolutamente estancada y crece muy débil o irregularmente. Los hogares húngaros han perdido poder adquisitivo en los últimos cuatro años, debido sobre todo a la alta inflación y un aumento en las importaciones. Hungría, además, sigue siendo un país muy dependiente del exterior en materia energética, importando más 90% de su petróleo y el 80% del gas a Rusia, y carece de una auténtica industria nacional. Este cuadro económico absolutamente adverso para Orbán, porque ya sus mentiras maquillando las cifras económicas no causan ningún efecto en su país, han provocado profundos desajustes sociales y ha generado un aumento de la pobreza, que roza aproximadamente entre el 19 y el 20% de la población -casi dos millones de húngaros-. Finalmente, Hungría ocupa uno de los últimos puestos entre los 27 socios de la UE en lo que respecta a su renta per cápita, por detrás de todos los ex países comunistas y casi al mismo nivel que los dos países más pobres, Rumania y Bulgaria, y estancada desde hace años. Good bye, Orbán, hasta nunca. Hungría regresa a Europa, good bye Orbán.