Terremoto político en el Reino Unido
Los resultados de las elecciones locales y regionales celebradas la pasada semana suponen un duro golpe para la escasa credibilidad que le quedaba al todavía primer ministro laborista, Keir Starmer, y también un cambio radical en la escena política británica. El bipartidismo ha muerto; ha pasado a mejor vida en este país tras décadas de hegemonía política de los conservadores y los laboristas.
Tras el escrutinio definitivo de los votos, el partido de extrema derecha Reform UK pasa de 2 concejales a 1358; los laboristas pierden 1217 concejales y apenas conservan 868; los liberal-demócratas, ya convertidos en tercera fuerza, suben 84 concejales y se quedan con 715, muy lejos de sus expectativas y de lo que proyectaban las encuestas; y los verdes, otro de los grandes ganadores de la jornada, obtienen 423 concejales, aunque esperaban mejores resultados. Los laboristas también han perdido el control de alrededor de 35 ayuntamientos o consejos locales y bastiones históricos como Birmingham, Hartlepool, Tameside,y Barnsley frente a Reform UK y otros partidos.
También es muy significativo que en dos de los grandes feudos históricos del laborismo, Escocia y Gales, los nacionalistas hayan ganado claramente. En Escocia, el independentista Partido Nacionalista Escocés (SNP) obtiene la mayoría absoluta en el parlamento (58 escaños) y los laboristas, con 17 asientos, empatan con la extrema derecha de Reform UK. Pero tampoco les ha ido mejor a los conservadores, que pasan de 31 escaños a 19, mientras suben liberal demócratas y verdes.
En lo que respecta a Gales, los nacionalistas del Plaid Cymru ganan las elecciones sin mayoría absoluta (43 escaños) y el partido Reformista UK irrumpe como segunda fuerza política en el parlamento galés, con 34 escaños, robando votos y parlamentarios a los conservadores y laboristas, los dos grandes derrotados de la jornada electoral. Los liberal demócratas y verdes no han obtenido avances significativos, pero al menos han conseguido entrar en el parlamento. El laborismo pasa de 44 escaños a 9, un aviso serio y grave para navegantes.
La derrota laborista es muy significativa, ya que Gales es ampliamente reconocida como una de las cunas fundamentales del laborismo británico, debido a su intensa historia industrial, sindicatos fuertes y un arraigado sentido de comunidad obrera, particularmente en los valles del sur de Gales. El Partido Laborista ha sufrido su peor resultado histórico en Gales. Un siglo de hegemonía laborista ha concluido debido a la impopularidad y el descrédito del actual Ejecutivo británico que preside Keir Starmer, ahora en el ojo del huracán tras esta derrota y el affaire Peter Mandelson -el controvertido embajador británico en Estados Unidos nombrado por el primer ministro que era amigo y asiduo a las fiestas del pedófilo Epstein-.
Escocia, Gales e Irlanda del Norte ya cuentan con gobiernos nacionalistas, en abierto desafío al Ejecutivo británico, y tanto conservadores como laboristas ya no son fuerzas hegemónicas en la mayoría de los distritos británicos, donde los nacionalistas, Reform UK y Verdes amenazan con arrebatarles sus escaños en el caso que se convocasen unas elecciones generales. Ya son muchas las voces, incluso dentro del laborismo, las que demandan la renuncia de Starmer, con apenas una favorabilidad del 15%, y así evitar inmolarse en una suerte de suicidio político colectivo.
¿Serán capaces de escuchar al electorado?
Esta vez no se trataba de encuestas, cada vez más desfavorables a laboristas y conservadores, sino de una auténtico test real sobre el estado de la opinión pública británica, que ha expresado su malestar por el alza en el coste de la vida, el deterioro de los servicios público, el descontrol en las políticas migratorias, la inseguridad creciente y una economía incapaz de generar bienestar y prosperidad tras el Brexit -la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE)-.
El máximo líder ultra y ganador de la jornada, Nigel Farage, deberá prestar atención a estos asuntos si de veras quiere convertir a su formación política, Reform UK, en una auténtica alternativa de gobierno capaz de hacer frente a esos desafíos. Farage, uno de los grandes motores de la campaña a favor de la sacar al Reino Unido de la UE, deberá ser capaz de transformar toda esta fuerza electoral recibida en estas elecciones en políticas tendentes a poner coto a la grave decadencia que padece el país desde el año 2020, fecha en que rompió todos sus lazos y vínculos con Bruselas. Este terremoto político, con el epicentro en Gales y Escocia, es todo un aviso, un llamado de atención a la clase política británica. Pero, de todas formas, como lección final cabe anotar que la falta de una política decidida, clara y responsable con respecto a la inmigración está devorando a la izquierda europea, incluyendo a la británica. ¡Atentos!