Reflexiones Australes
Regularización de inmigrantes ilegales
27 de abril de 2026 (12:24 h.)
En España se avanza en un proceso de regularización de inmigrantes ilegales, quienes cruzaron fronteras sin respetar las normas y agobiados por los problemas en sus países de origen. Ciertamente el gobierno busca votos, anticipándose a futuras elecciones. Parece muy solidario resolver un problema humanitario complejo, pero esta medida generará otros problemas, más graves que la enfermedad que se pretende atacar. En efecto, en Chile las cosas no han sido muy distintas. Si bien en España los ilegales acceden a territorio español vía cayucos, cuyos desesperados tripulantes son recibidos y acogidos con dinero de todos los españoles, en Chile han accedido caminando por el norte chileno, provenientes principalmente de Venezuela. Desde el gobierno de Bachelet I en adelante, Chile pasó a tener 2 millones de inmigrantes, o sea 1,5 millones más de los que tenía, pasando del 3% al 10% de la población. Los ilegales y la regularización son bienvenidos para muchos empresarios -tanto en Chile como en España- pues implica un mayor acceso a mano de obra más barata. Pero deben evaluarse también los efectos colaterales. En Chile han llegado miles de delincuentes y criminales, que ahora el Presidente Kast pretende expulsar, pero Venezuela impone trabas para recibirlos. Los ilegales en muchos casos algo han aportado, pero también han transformado a Chile en un país más inseguro y se han ido desdibujando las tradiciones, los símbolos y la idiosincrasia chilena. Observar el fenómeno exclusivamente desde un punto de vista económico y de corto plazo, no es una buena idea. Chile también alberga chilenos que reciben “ayudas” y que no están dispuestos a trabajar en algunas actividades pues creen que ya “están en otro nivel”. En España pienso que pasa lo mismo, pues muchos prefieren los beneficios del Estado y no salir a trabajar duro en el campo o en la construcción. España primero, me parece de toda lógica, pues no es justo que los extranjeros ilegales accedan a beneficios que a veces no tienen los mismos españoles. En el centro de Santiago de Chile las escuelas públicas tienen mayoría de alumnos extranjeros, quienes no saben entonar el himno nacional y de historia de Chile no saben nada. En paralelo, en las cárceles chilenas en el norte del país, la población de extranjeros oscila entre un 30% y un 50%. La Iglesia Católica Española se ha puesto del lado del gobierno en esta materia, sin preguntar la opinión de los católicos españoles. En Chile, la Iglesia Católica también estuvo en su momento a favor de la reforma agraria, que fue un mecanismo de usurpación ilegal de la propiedad de agricultores y ganaderos, que fue el germen del caos que llevó al marxista Salvador Allende al poder. Legalizar lo ilegal, es siempre una mala idea. En Chile, la izquierda siempre está a favor de condonar la deuda de quienes no pagan el crédito universitario con aval del Estado y también “perdonar” a quienes no pagan los peajes en las rutas concesionadas. La mal llamada “regularización extraordinaria de inmigrantes”, no resultará en algo distinto a un llamado a viva voz a que más africanos se “atrevan “ a aventurarse en el mar y acceder a costas españoles, pues serán de alguna manera reubicados en distintas regiones y a futuro serán nuevamente regularizados de manera “extraordinaria”. Los funcionarios del Estado español, especialmente aquellos vitalicios, están encantados pues mientras más ilegales regularizados, más aseguran sus puestos de trabajo, al tener que administrar ayudas, controles y toda la parafernalia que genera un Estado gigante. Desde Chile que ha vivido los dramas de la inmigración ilegal, un llamado a la prudencia a quienes gobiernan y a los políticos que se disfrazan de solidarios y benevolentes, pero que olvidan que fueron votados para defender a sus ciudadanos y no para resolver el drama africano, cuyas causas y soluciones van por otros carriles. Europa y su colosal infraestructura de Bruselas, debería ocuparse de apoyar el empleo y el desarrollo en África, más que “regularizar” ilegales, pues eso será el acicate de futuros colapsos europeos y por cierto españoles. No debemos confundir la solidaridad con la inseguridad y la precariedad futura. A los empresarios de España y de Chile, un llamado a pensar primero en los efectos que estas medidas generan en todos los ámbitos y no solo en los costes laborales de corto plazo. Las naciones y sus ciudadanos deben estar primero.