Las que tienen que servir
¡¡¡Oh cielos!!! son admirables estas servidoras del pueblo, jefas en flor y nata de la fauna de sus partidos.
Son monísimas en lo físico, y monologuistas por lo de los MONOlogos que practican en todo momento, porque quizás no entiendan lo del diálogo y no hay quien las calle, siempre gritan como chicharras sin respetar al contrincante.
Saben levantar la voz (todo un arte) por encima de la del otro y consiguen que no se les entienda nada de cuanto dicen y defienden. Y no porque tengan más razones que ellos, sino por su fortaleza en las cuerdas bucales, o por el sectarismo implantado en sus cabecitas plagadas de bucles de la pelu, y mechas siempre en marcha.
Son las dos divas divinisimas de la política española.
Son caricaturas de aquella España de mujeres hacendosas que practicaban a tope lo de planchar y barrer, aunque sin los avances que hoy la ciencia y la técnica nos deparan.
Sin ir más lejos Yolanda Diaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo en su casa de 443 metros, es la más planchadora del reino, adora agarrarse a la plancha y dejar su ropita humilde, aunque aparentemente carísima, como un pincel, sin una arruga, pliegue o fruncido confusionista.
No menos diligente en tareas domésticas es Irene Montero, una roja amapola en Europa que desea barrer y barrer y borrar y borrar a los fachas, reemplazarlos, a todas todos y todes las generaciones de esos bichos terribles, cuyo pecado mortal, el del facherio, consiste en no votar a Podemos, en no pensar como ellos, si es que piensan, o tan solo se orientan por consignas de populismo de izquierdas, socialdemocracia y postmarxismo o algo así. La “doña diputada europea” quiere barrer y barrer tanta escoria, basura y fango almacenados en el entorno de su enorme residencia en la que representa a la nueva casta (a quien pocos votan), con la colaboración de la ministra de Derechos Sociales Ione Belarra.
La suya fue una emotiva historia, aunque sin mucha poesía. Se conocieron Ione e Irene en la facultad de psicología, fue lo suyo amor a primera vista en un largo pasillo de la misma. Pero sus ojos no se prendieron en una intensa o furtiva mirada, sino que Ione musitó “¡Me gusta mucho tu bolso”! (¿primera ojeada pues a la “buchaca” ? ¿premonición tal vez?) Y de este modo nació la doble I (Ione e Irene, mucho más fuerte que la doble S, las SS alemanas.)
Y a partir de entonces se pusieron moradas, no es una metáfora, sino su bonito color representativo. Gracias a estas mujeres planchar y barrer pueden considerarse deportes de izquierda progresista muy aficionada a los mismos, pues siguiendo con Ione Belarra, resulta que fue patinadora, y Teresa Ribera, quien fuera vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica hasta que sus amigos la auparon a la Unión Europea, llegó a una reunión en Valladolid en bicicleta, acompañada desde luego por dos coches oficiales, que es lo más normal para quien practica tan maravillosamente el ciclismo y el ecologismo.
Con estos seres ejemplares y admirables y quinientos mil o más que vienen de las afueras, hay que poblar España y cargarse a los que son respetuosos con la ley y el prójimo, a los que trabajan, respetan la propiedad privada, sus ideales, su país. A esos hay que hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. ¿Llevándolos a la cámara de gas? ¿Adoptando el exterminio, señoras servidoras de la nación?
Mientras tanto ustedes sigan barriendo y planchando, que es lo suyo, porque lo hacen genial.