¿Qué se puede decir sobre ciertos personajes?
LA MIRADA DE ULISAS interesada por el sentido de las palabras fue a buscar el significado del vocablo “dignidad” en la Real Academia Española. Se topó con lo siguiente: “dignidad define de manera principal como calidad al digno, es decir, aquello que merece respeto, estima u honra”. Curiosamente, hay actitudes y conductas que se ponen en duda, más en figuras públicas, ya que les prima el provecho y el beneficio sin tener en cuenta la dignidad, como debería ser. Una condición más elevada y sútil se espera de las personas que deben dar ejemplo.
En este caso, la Mirada de Ulisas le salta a la vista el comportamiento de Marion Maréchal, la sobrina de Anne Marie Le Pen, candidata presidencial de Francia; dos figuras de peso en la vida política del país galo. Abandonó las filas de su tía para unirse al partido Reconquête de Erick Zemmour, un visionario escritor y hombre político que desde hace 30 años puso la voz de alarma sobre lo que le sucedería a Europa si la inmigración se seguía realizando sin control. Gracias a la adhesión, Marion Maréchal obtuvo la suficiente votación para ser eurodiputada por el partido de Reconquête. Elegida por sus votos, cuando ya no le convino, abandonó las filas. Le sirvieron de trampolín para crear su propio partido. Aunque, por dicho motivo no se pierda la investidura de eurodiputada, cargo que logró gracias al partido al que pertenecía bajo la presidencia de Eric Zemmour, es de preguntarse si es decoroso mantener el escaño, que ya no sostiene la misma imagen. Quizá no sea indigno como tal, ya que la Unión Europea lo permite, pero si tiene un toque de deslealtad; sentimiento que no merece ningún tipo de aplauso. Se sabe que un diputado de la Unión Europea gana más de 7500 euros al mes con muchas ventajas y prebendas. Un sueldo que resulta nada despreciable y muy apetecido.
La Mirada de Ulisas se pregunta: ¿acaso es decente o moral permanecer en un puesto que fue logrado gracias a un apoyo determinado? A la mirada de Ulisas le sorprende, aunque sabe que no es inusual porque aparentemente en política casi todo se vale, aunque no debería ser así. No es de extrañar la presencia de la figura de la traición, la deserción y hasta de la ingratitud que luego se manifiesta de otro modo. Y fue el caso de lo observado por la Mirada de Ulisas. Un periodista le preguntó recientemente en una entrevista a Marion Maréchal: ¿quién es para usted el personaje político más culto? Que se quiera o no sin comulgar con las ideas y posiciones de Erick Zemmour, jamás se le puede negar su parte de gran erudito y personaje muy culto y versado, quizá el más ilustrado de todos los políticos franceses. Marion con sentimiento de rabia o de rencor, en vez de gratitud, contestó que era Jean Luc Mélenchon, su gran rival político y adverso a sus posturas de mujer de derecha. Prefirió nombrarlo antes de designar el puesto a Erick, su antiguo amigo y hombre que la llevó a la gloria. ¿Hasta dónde puede llegar la indignidad o la ingratitud? Es la gran pregunta que se hace la Mirada de Ulisas al ver que el juego político no siempre admite finezas sino manipulaciones, que en muchas oportunidades resultan el lenguaje de los políticos: prometen y prometen hasta lograr posesionarse y luego echan en saco roto las promesas o los ideales que defendieron en un momento dado. Se visten de camaleón sin el menor reparo.