Un puente a la eternidad
Apagón, descarrilamiento, riadas, fuegos. ¿De quién es la culpa?, no la del hecho fortuito, sino la de la consecuencia del mismo. ¿Se hicieron bien las cosas previniendo que podrían ocurrir?, ¿No?
Entonces ¿qué pintan esos seres denominados “políticos” a quienes pagamos para que actúen como “honestos” celadores del buen funcionamiento de las mismas ante sucesos adversos? ¿Quién les devolverá la vida a los muertos en las tragedias no gestionadas del modo debido?, ¿Quién?
Pero mejor no hablar de culpa en el sentido de “imputación a alguien de una determinada “acción como consecuencia de su conducta” tal como asegura el diccionario de la lengua española, sino de “responsabilidad”, porque no es posible sentirse culpable de aquello de lo que no se es responsable.
Y aquí, en este lugar inhóspito en el que están convirtiendo nuestro país, ante los hechos terribles que se van sucediendo, se abre al parecer un insondable misterio:¡¡¡No hay responsables!!!!, el total funciona bien (se han limpiado perfectamente las arboledas, montes y bosques para controlar los fuegos, se ha eliminado la maleza de cauces de barrancos y arroyos para evitar las crecidas mortales, la economía va como un tiro y lo más sorprendente, todos, empezando por el Puto amo, desconocen como ha ocurrido lo peor, que pasa a ser un misterio en el que incluso Iker se ahogaría. No hay explicación posible ni creíble salvo la parapsicológica tan esgrimida por don Puente, ante la que el sentido común se rebela por la desfachatez y la mentira de tantísimos ladrones amparados en el “y tú más” como habitual escudo protector.
¿Y los muertos?, ¿quién les protegió? ¿Quién es responsable de sus vidas perdidas por la falta de escrúpulos de aquellos que nos gobiernan?
Pero “Yooo estoy bien” dice Sánchez, y con eso debemos confortarnos y pagar impuestos abusivos, seguramente empleados para otros fines diferentes a aquellos a los que deberían estar destinados.
¿Quién les devolverá la vida a los muertos? ¿Quién la sonrisa y la paz a sus allegados? ¿Quién la confianza perdida para viajar en tren a quienes no tienen ni Puma ni Falcon ni perrito que les ladre, ni gallina que les ponga huevos (Ley animal), ni NADA, porque según dicen los de la 20/30, mientras se llenan los bolsillos, no hay que tener nada para ser felices?
Dice don Puente, con la mayor desvergüenza de la que es capaz hoy, (en realidad se supera cada jornada), que “contamos con la mejor red ferroviaria del mundo”, y lo afirma mientras enterramos a los muertos. ¡Muy sincero, muy realista y muy oportuno!
Lo dice olvidando que maquinistas y usuarios denunciaron vibraciones raras en la vía en el tramo del accidente. Olvidando también que dichos maquinistas le mandaron en agosto del año pasado un escrito constatando problemas y reclamando medidas. Pero les desoyó, proponiendo sin embargo que los pasajeros viajaran de pie, o que se mandaran millones y más millones a Marruecos para el cuidado de sus vías. Las nuestras a freír MONAS, que a lo mejor guardan algún nexo con él, que seguramente hubiera hecho un gran papel como extra en el film “El planeta de los simios”.
Negligencia, despilfarro, despido de técnicos para contratos a “sobrinitas”, trenes que no entran por los túneles, dinero de los fondos europeos desaparecido. Y al fondo el Número Uno encarnando los versos de Neruda en su “oda al general Franco en los infiernos:” Aquí estás. Triste párpado, estiércol, Oh mal nacida palidez de sombra…”