Nervios en comisarías y cuarteles: cuando jefes de Policía y Guardia Civil temen el calendario electoral
En los pasillos del Ministerio del Interior ya no se habla de seguridad ciudadana. Se habla, en voz baja, de las futuras elecciones que tarde o temprano llegarán. Y, sobre todo, de lo que vendrá después.
Muchos jefes de Policía Nacional y de Guardia Civil, nombrados a dedo por el Gobierno, saben que su tiempo puede estar acabándose. Y no por una cuestión de ciclos administrativos, sino por algo mucho más incómodo: la rendición de cuentas.
Durante años, una buena parte de la cúpula policial, no toda, ha sido seleccionada por docilidad institucional. Se ha premiado al que decía amén. Y ahora, ante la perspectiva de un más que probable cambio de gobierno cuando se coloquen las urnas, muchos de esos comisarios, coroneles y generales empiezan a sentir el vértigo de quien apostó por un caballo desbocado.
“Colaboracionistas”
En los despachos se multiplican las llamadas y los gestos nerviosos. Nadie quiere quedarse fuera de la foto cuando llegue la mudanza. Nadie quiere ser señalado como “colaboracionista” de un aparato político que les utilizó, con su anuencia, como herramienta partidista. Porque eso es lo que temen: no solo ser cesados, sino que se les pida explicaciones. Y en algunos casos concretos algo más.
Dentro de las FFCCSE el malestar es evidente. Los policías y guardias que han visto cómo se miraba hacia otro lado cuando los intereses del Gobierno estaban en juego, esperan un barrido a fondo y la asunción de responsabilidades.
Así, el problema es que la politización de muchos estamentos corporativos superiores no han sido un daño colateral; se trata de una estrategia pensada. Desde el Ministerio del Interior de Marlaska se han colocado directores, comisarios, generales y coroneles como quien coloca fichas en un tablero. Y esas fichas específicas han servido para blindar al poder, no para proteger a los ciudadanos.
Blanquear el pasado
Ahora, esos mismos responsables intentan reescribir y blanquear su pasado funcionarial. Algunos empiezan a filtrar que “solo cumplían órdenes”. Otros se presentan como profesionales neutrales atrapados en una maquinaria que no controlaban. Pero son poco creíbles. La neutralidad se demuestra actuando con ética, incluso cuando incomoda al poder.
Por eso hay nervios. Porque el problema de haber cruzado líneas rojas no es solo perder el cargo…, también el honor. La historia tarde o temprano pasa factura. Y esta vez puede que no baste con cambiar de sillón o de tarjeta de visita.
Los policías y los guardias lo tienen claro; si de verdad se quiere reconstruir la credibilidad de las cúpulas en las FFCCSE, no puede hacerse con quienes consistieron en degradarlas. Por el contrario, sí con los buenos profesionales de todas las escalas y categorías que día a día demuestran en la calle y en las mesas de los despachos su compromiso con la ética, con la ley y con el servicio a los ciudadanos, gobierne quien gobierne.