¿Permiso para matar?
LA MIRADA DE ULISAS se aterra frente a ese permiso que algunos regímenes se otorgan para matar. Ella sabe que en los gobiernos dictatoriales los derechos humanos pierden vigencia. Se impone la ley del más fuerte sin límites en sus ansias de poder. A la menor manifestación o sublevación la respuesta no se hace esperar: ¡la represalia de manera atroz! Las personas que exigen libertad, igualdad y fraternidad se exponen a la violencia de todo tipo hasta la muerte. Se comente las masacres entre ciudadanos de la misma nacionalidad, cuando un dirigente debería estar en la obligación de proteger a su población aún con sus lógicas y normales diferencias. Acallar al individuo es frenar la condición de ser para convertirlo en esclavo de una manera de pensar y de obrar, que a todas luces en el siglo XXI no tiene razón de ser. Lo triste es que en nombre de un “Dios” se comete semejante barbaridad, lo mismo que se hizo en siglos pasados. Y sigue tan campante esa ideología cuando su concepto se creía revaluado al haber demostrado que una democracia, con todos sus errores y fallas, tiene mayor validez que un imperio o una autocracia donde la tiranía es la batuta de su máximo líder. La vida humana se desdibuja para convertir la sociedad en un estado uniforme, cobarde debido a la represión y lamentable por los atropellos y horrores que arroja el resultado.
La mirada de Ulisas con sus ojos bien abiertos observa lo que está sucediendo en Irán y en otros países circundantes, así como en algunos países africanos que padecen la misma mala suerte. Y el mundo queda silenciado o inactivo ante el dolor de los semejantes. Pero, con el perdón de ustedes mis queridos lectores, sólo se incomoda y manifiesta cuando se trata de la legítima defensa de Israel. Un país hecho a pulso con el orgullo de mostrar que una nación se puede hacer dentro de una democracia con las palabras: progreso y bienestar que son sus principales lemas. Sin embargo, el decir de los antisemitas o antisionistas es que la Tierra Prometida desde tiempos bíblicos no tiene derecho a existir, cuando toda su historia ha probado que es su lugar de habitación, donde bajo la tarea y el empeño del judío florece. En la Biblia Jerusalén se nombra 600 y pico de veces como un sitio sagrado que señala la verdadera esencia de la identidad judía. Y es de notar que es el único pueblo antiguo que aún subsiste, a pesar del pésimo trato recibido en varios países o ser sometido a la idea de un exterminio masivo, como lo quisieron hacer los nazis. En cambio, Jerusalén jamás tiene mención alguna en el Corán. Su mirada e importancia se dirigen hacia la Meca. Y lo curioso para la mirada de Ulisas es que, frente al ataque, el mundo espera que otra vez el judío se amilane. No interesa si ha sido atacado y su población en la frontera con Gaza masacrada, violada y secuestrada. Israel fue atacado por siete frentes a la vez. No se le perdona al judío del planeta que actúe en legítima defensa. Y el judío del mundo recuerda cada año en las festividades de Pesaj, que significa “Pasar por encima” o el “Pass over”, que los judíos salieron de la esclavitud de Egipto para ser un pueblo libre; como tal merece el respeto de otras naciones. El respeto y la tolerancia que las tiranías desconocen.
La mirada de Ulisas no sale de su asombro de cómo el mundo sigue permitiendo esas ejecuciones, convertidas en masacre de un pueblo como el iraní, que sólo busca vivir con dignidad, ya cansado de la opresión de varias décadas. Sólo pide y clama que lo salven. ¿Dónde se hallan todos los manifestantes de diversas organizaciones? Mudez en sus acciones que tanto ostentan la destrucción de Israel con el slogan del río hasta el mar, sin saber ni siquiera donde se halla su locación geográfica. Fueron los llamados progresistas que hoy callan. ¡Cuánta reserva puede aguantar un pueblo! que se resiste a seguir sobreviviendo en la adversidad. ¿Será que es tiempo de actuar? y hacernos a una conciencia colectiva, que permita ver más claro y con más solidaridad sin tanto sesgo inhumano. La voz de la mirada de Ulisas lo reclama.