Participación electoral
El ejercicio de la política permite visualizar la forma en que se presenta, que es el principal impedimento para la prosperidad, y constituye el escollo que debe torcer los indicadores de pobreza e inequidad. En ese escenario, lo realmente preocupante, es el grado de indiferencia o de aceptación que carcome la sociedad.
Se necesita de certezas que impulsen mejores causas que las ansias de poder. De ahí, que sea importante explorar lo que otros son expertos en ocultar. Ver las cosas desde un ángulo diferente, para revisar dimensiones distintas de problemas comunes.
Es cierto, que los procesos electorales no son ajenos a la acrimonia verbal, propensión a la injuria, descrédito al adversario, implementación de estrategias oscuras para contener la participación ciudadana y desdibujar una elección.
La difusión amañada crea dudas, propaga lo que no es, y evita tantas veces que se agiten las banderas e importancia de las ideas y el argumento en una justa democrática. Es el típico y reiterado truco del matoneo verbal, cuando lo importante no es solamente la expresión popular en las urnas, sino en regar semillas visionarias en los representantes de la próxima generación para recoger frutos en el campo social.
Las apariencias no engañan, simplemente colocan a cada quien en su lugar. Por eso se debe dar todo al presente para sembrar futuro con liderazgos que encarnen capacidad para la experiencia, que desarrollen y logren una visión renovadora de las políticas públicas, que sepan evaluar objetivamente y aprendan del pasado para que la fuerza de las ideas y de la esperanza sirvan para combatir la desigualdad, y también, para alejar la violencia en sus diferentes vertientes.
Esa es la urgencia en formar ciudadanos capaces de responder a los retos sociales de la época, en leer memoria, imaginar un mejor mañana, pensar en el presente, crear futuro, emprender realizaciones, visibilizar metas, imaginar realidades, formular preguntas, atesorar respuestas políticamente correctas con pensamientos críticos, como la invitación colectiva de participación en las decisiones que corresponden y votar en los comicios democráticos.
La participación ciudadana no admite tibiezas. Es tan importante, que dado el caso, requiere aplicar la <<ética de la responsabilidad>> y de afrontar las consecuencias de los actos sin liberar de la justificación de aquellos medios que se utilizan. Bajo este concepto, entre dos males hay que escoger el menor y evitar ser neutro. Tanto así, que permite asumir una conducta y apoyar determinados hechos políticos. En casos excepcionales, se debe apoyar al contradictor, es decir, hacerlo ante una situación particular y concreta pero sin renunciar a la capacidad crítica e ideológica que se ha mantenido siempre.
No se debe perder la memoria histórica como verdadera forma de la justicia social. Un desafío social con respuestas a las causas que generan la violencia y al fortalecimiento de la democracia. Pero también se reclama y exige transparencia en la gestión pública para lograr el bien común, vida digna para todos, y reivindicaciones sociales pero siempre dentro del marco de la legalidad.