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La gran olvidada del sistema sanitario: la salud bucodental en España

España solo destina el 2% del gasto sanitario público a la atención odontológica, frente a una media europea del 31%. El dato, publicado por el Observatorio de Salud Bucodental de la Fundación IDIS, no es solo una estadística: es el síntoma de un modelo que ha dejado la salud oral —un pilar de la salud general— en manos casi exclusivas del sector privado, ya que el 99% de las clínicas dentales del país pertenecen a este sector.

Mientras el número de dentistas colegiados creció significativamente en la última década, apenas el 3% trabaja en el Sistema Nacional de Salud. Esta desconexión entre recursos humanos disponibles y su presencia en la sanidad pública plantea una pregunta urgente: ¿quién puede permitirse cuidar su salud bucodental en España?

La realidad de la odontología pública hoy

La cartera pública se limita a tratamientos básicos y colectivos concretos. No existe una estrategia estatal sólida ni una visión de largo plazo. 

Esto trae como consecuencia:

  • Ausencia de incentivos formativos para trabajar en lo público.
  • Cobertura insuficiente para la mayoría de la población.
  • Falta de especialistas.
  • Infraestructuras desactualizadas.
  • Sobrecarga de los pocos profesionales disponibles (unos 1.200 para 47 millones de habitantes).
  • Sueldos poco competitivos frente al sector privado.

¿Qué hacer? 

Es necesaria una reforma integral de la atención bucodental pública. Para ello se proponen pilares básicos donde comenzar:

  • Formación de grado que destaque la importancia de la odontología pública y comunitaria, motivando a los futuros graduados para que aspiren a trabajar en la sanidad pública.
  • Garantizar cobertura integral para mayores de 65 años, el colectivo más afectado por la pérdida dental.
  • Protección para colectivos vulnerables: infancia, personas con bajos ingresos y personas con capacidades diferentes. 
  • Rehabilitación oral completa para pacientes con cáncer de cabeza y cuello.

En lo personal cuando me gradué como odontóloga hace más de 20 años, soñaba con mejorar la salud oral de las personas. Pero pronto entendí que no bastaba con trabajar desde un sillón encerrada entre cuatro paredes en un consultorio privado. Por eso seguí formándome y trabajé en el sector público de mi país, donde la odontología lleva décadas integrada en los centros de salud de atención primaria, junto al médico de familia y el pediatra. Aun con crisis y desfinanciación, el sistema sigue ofreciendo programas esenciales para la población.

España, cuenta hoy con apenas 1.300 dentistas en toda su sanidad pública. Es una cifra que no permite hablar de acceso ni de equidad en salud oral, y que deja a millones de personas fuera de los cuidados más elementales.

La salud oral afecta la capacidad de comer, hablar, sonreír, relacionarse, trabajar. Su ausencia trae consecuencias en la salud cardiovascular, metabólica, digestiva y la calidad de vida. 

Un país que aspira a ser referente en bienestar no puede permitirse que millones de personas renuncien a ir al dentista por motivos económicos. 

Invertir en odontología pública no es un gasto: es una decisión política que mejora vidas, reduce desigualdades, y fortalece el sistema sanitario en su conjunto. La salud oral es un derecho, y no un privilegio.