A Volapié

Odio sin hache

Escribo estas líneas preocupado por la deriva autoritaria del gobierno en su ataque constante a las instituciones democráticas. El objetivo de la nueva herramienta HODIO no puede ser otro que limitar y controlar la libertad de expresión de aquellos que le sean contrarios. Hay que ser ingenuo para creer que esta herramienta no se va a usar de forma arbitraria para atemorizar y represaliar a aquellos que la izquierda dominante considere enemigos.

Nos dicen que aumentan los delitos de odio simplemente porque crece el número de votos que reciben los partidos de derecha o de extrema derecha, olvidando que esto es el resultado del mal gobierno que padecemos desde 2018. Al parecer la alternancia política les resulta odiosa. Que algunos odien o aborrezcan es tan inevitable como que amen y nadie debe ser perseguidos por esto, desde luego no en una democracia. Odiar no puede ser un delito en democracia, lo único que puede y debe perseguirse es cuando se pasa del dicho al hecho y se comete un crimen tipificado por las leyes.

Se puede odiar a Pablo Iglesias, o a Otegui, o a Abascal, pero no se puede atentar contra ellos, ni se puede coartar su libertad de expresión, y lo mismo sucede con los demás ciudadanos. No se puede legislar el odio ni convertirlo en delito porque es algo totalmente subjetivo. 

En la práctica, ¿quién odia a los que piensan y se expresan de forma diferente?. Con notable frecuencia es la extrema izquierda. Odian cuando acosan o dan palizas, incluso con resultado de muerte, a quienes llevan la bandera de España y no piensan como ellos, a quienes no son separatistas en Cataluña o Vascongadas, odian al varón cuando afirman que todos somos violadores en potencia, a la familia tradicional con hijos, a los votantes del PP o de Vox, a los empresarios, a los que tienen aficiones tradicionales como ir a los toros, cazar, pescar, odian la historia de España y de Occidente en su conjunto, odian y envidian al que trabaja duro, tiene talento y tiene éxito económico, odian las instituciones liberales de nuestra democracia, entre ellas la libertad de expresión y la propiedad privada.

En resumen odian las instituciones políticas, económicas y sociales plurales e inclusivas que nos han hecho vivir en democracia, con libertad y prosperidad. Y esto es así porque cuanto más libres y prósperos somos menos poder y control tienen ellos. HODIO es una herramienta al servicio del  autoritarismo de izquierdas, un perfecto antídoto contra la tolerancia, la pluralidad, la diversidad, la libertad y resumen, contra la democracia.