El obsceno pájaro de la paz
El espectáculo grotesco se transmitió de Davos al mundo entero con la pompa y ceremonia de un acto histórico. Iban a firmar el documento que sellaba el fin de la violencia y el comienzo de la reconstrucción de aquella tierra de nadie. La misión del organismo que así se instituía no se limitaba al mandato de la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad sino que se proponía sustituir a la ONU, que no había traído la paz a Oriente Medio, mientras que el Presidente que todo lo presidía, después de vetar repetidamente toda propuesta de alto el fuego, lo había conseguido, como lo había hecho con ocho guerras más sin recibir ningún premio por ello, excepto el gesto patético de la Machado que le dio el suyo sin tampoco recibir nada a cambio. Todo lo cual había sido posible debido a que el jefe supremo contaba con el ejército más poderoso del mundo, como había quedado demostrado en el secuestro de Maduro. Y a continuación la carta fundacional de la organización fue ratificada por los líderes estelares de gobiernos y países tan ejemplares como, en orden alfabético, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Bahréin, Bulgaria, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Indonesia, Jordania, Kazakstán, Kosovo, Mongolia, Marruecos, Paquistán, Paraguay, Qatar, Arabia Saudí, Turquía y Uzbekistán. O sea, una cofradía de autócratas, en su mayoría islámicos, liderada por el nuevo capo di tutti i capi de la mafia capitalista internacional. Al parecer los rusos y los chinos se abstuvieron en la votación de la Resolución 2803 ante la unanimidad de los musulmanes en traicionar a los palestinos. Y los mongoles, solidarios, se decantaron por la paz del arenal y los dromedarios.
El acto era tan esperpéntico que resultaba incomprensible. Los destructores de Gaza, los genocidas de primera fila y sus correligionarios derechistas y dictatoriales se congratulaban por ser los abanderados de la paz y los heraldos de un futuro glorioso en el que sus víctimas no figuraban. Como declarara Tácito sobre el imperio romano por boca de un caudillo escocés, ubi solitudinem faciunt, pacem apppellant. O sea, crean un páramo y lo llaman paz. Pero esa desolación forma parte de la estrategia del capitalismo catastrófico. El exterminio y ruina de toda la Franja y sus habitantes ha sido la primera fase de un proyecto grandioso de la industria inmobiliaria. Trump había declarado desde un principio que se trataba de una ubicación de primera calidad y ahora su yerno pintaba rascacielos futuristas sobre el sudario recién ensangrentado de aquel Gólgota, promoviendo su espejismo como una oportunidad incomparable para la inversión de capital. ¡Qué obscenos los palomos promotores de la paz!
Obsceno el despliegue de ignorancia, codicia y barbarie de Trump y sus esbirros. Obscenos los planes de reconstrucción de Gaza sin los gazatíes. Obsceno el colectivo de firmantes autócratas dispuestos a invertir en la Riviera de Oriente Medio. Obsceno el espectáculo de los líderes europeos y musulmanes que consintieron tales atropellos. Obsceno el comportamiento de Mark Rutte, director general de la OTAN, haciéndole la pelota al rey de los casinos. Obscena la falta absoluta de verdad, compasión y justicia para con la humanidad y la vida…
Pero allí estaba Elon Musk proponiendo salvaguardar el futuro de nuestra civilización y de la mismísima conciencia humana colonizando otros planetas – por si éste sufriese un cataclismo semejante al que eliminó a los dinosaurios. Como si no fuese evidente que esta tribu de oligarcas tecnocapitalistas no sólo carece de toda conciencia y cultura, sino que, por eso mismo, están contribuyendo masivamente a la extinción del Antropoceno. Atrapados en sus maquinaciones autistas de grandeza y faltos de toda empatía, han recaído en la alienación del solipsismo. Pero existir es estar relacionados. De ahí que no existan, que sean puros algoritmos de sus fantasías. Como esa paloma con su ramita robada de los olivares palestinos que acaso, llegado el día, corone de guano la estatua dorada del emperador en el paseo marítimo de Gaza.