Nuevamente la guerra amenaza
LA MIRADA DE ULISAS ya conoce de cerca lo que implica el horror de una guerra. La vivió en estos últimos días. Por un tiempo, se tuvo la anestesiada sensación, ya que el mundo prometía un vividero de paz y armonía después de la II Guerra Mundial, al haber constatado los desastres ocasionados. Todos perdieron y se tomó la firme resolución de un desarme general en el mundo occidental para concebir una nueva era pacífica. Algo recuerda la violencia soterrada que no calla. La mirada de Ulisas se detiene en un caso curioso, como el sucedido recientemente en las afueras de París, donde en una excavación para una construcción encontraron una mina, que no estalló durante décadas. Al ser descubierta, puso en peligro a la población. La mirada de Ulisas se imagina lo que hubiera sucedido si la bomba hubiera explotado por descuido o por una mala manipulación para desactivarla. Hicieron evacuar a los vecinos de la región en peligro, varios kilómetros a la redonda, para evitar una tragedia. Y pensar que cuando se lanzan los misiles no es en ningún momento un motivo para impedir una catástrofe sino para causarla con la mayor intensidad posible y con incontables pérdidas.
La noticia de esa situación detonó en la mirada de Ulisas el presentimiento de que los acuerdos serán desacuerdos. Lastimosamente, no le ve a Irán el menor interés en claudicar, más bien se tomaron su tiempo para reforzarse. Sería para los Guardianes de la Revolución entregarles la victoria a sus enemigos. El honor está en juego, sin tomar en cuenta que la destrucción anunciada sería peor.
La mirada de Ulisas piensa en los niños de la guerra; algunos con más suerte pueden y deben acudir a los refugios. Todos sienten el riesgo que corren. Viven traumatizados. A la guerra nadie se puede acostumbrar. El sólo sonido de una alarma ya pone los pelos de punta y detiene un tiempo, que se llena de sacrificios. ¿Acaso los niños deben ser expuestos a los horrores de una guerra? La mirada de Ulisas debe resaltar, que los infantes de Israel están más protegidos ya que cuentan con lugares a los que acuden para preservar la vida, mientras en otros países o zonas a los niños los dejan al descubierto. En otros casos, bien conocidos y denunciados, hasta les ponen de carne de cañón. Y otra pregunta que se hace: ¿acaso es justo que los niños, que no son soldados, tengan que vivir las guerras con tantos miedos y desengaños? Se les interrumpe la niñez. Se enseña a temprana edad que la guerra existe y que deben convivir con ella como un elemento que les pertenece, cuando en realidad los niños deberían estar planificados para los juegos, el estudio y otras actividades que los alejen de la intimidación. La guerra es eso: una constante provocación que desnuda la muerte o las heridas que causan.
La mirada de Ulisas piensa en esos niños, cuyos ojitos ya se llenan de pavor al ver que por encima de ellos cruzan misiles. Amenazan sus risas. Parecen fuegos artificiales, pero distan de serlo. ¡Quién se puede habituar a que los niños padezcan los espantos y sobresaltos de una guerra! La mirada de Ulisas siente mucha tristeza por ello… y quisiera remediar una situación que no está en sus manos ni la de muchos de sus lectores, pero que padecemos por odiar las guerras. Aunque, desafortunadamente en algunas circunstancias parezcan necesarias para defender una civilización que nos honra con sus atributos de igualdad, fraternidad y libertad.