Los nombres que Madrid olvidó
En 1899, el voluntario Manuel Corral escribió que el soldado español era “ese héroe anónimo” capaz de soportar hambre, sed, desnudez y abandono sin una queja. Aquella frase, tan sencilla como brutal, siempre me ha perseguido. Porque detrás de cada soldado anónimo hubo un nombre, una familia, una vida truncada. Y muchos de esos nombres, madrileños, siguen esperando que su ciudad los recuerde.
Cada verano vuelvo a las efemérides de la guerra de Cuba. El 3 de julio de 1898, la escuadra del contralmirante Cervera se enfrentó a la norteamericana frente a Santiago de Cuba. La derrota selló la pérdida de nuestras últimas posesiones ultramarinas. Durante años busqué la fosa común donde, según la prensa de la época, habrían sido enterrados los marinos españoles muertos en aquel combate. No la encontré. Pero sí pude recuperar la identidad de todos los caídos, cuyos nombres y número exacto se desconocían. Fue mi manera de devolverles un lugar en la memoria.
Tres días antes, en El Caney y en las Lomas de San Juan, 900 soldados españoles resistieron frente a fuerzas estadounidenses once veces superiores. En cada posición, unos 450 hombres defendieron el perímetro norte de Santiago: en El Caney bajo el general Joaquín Vara de Rey; en San Juan bajo el coronel Juan de la Cruz Baquero. Allí murieron madrileños que hoy apenas figuran en un pie de página.
Para saber quiénes fueron, revisé durante años los fondos de Ultramar del Archivo General Militar de Madrid: 41 cajas, 451 legajos y 9.000 documentos. A ellos sumé expedientes personales, archivos eclesiásticos y navales, libros de defunción y miles de notas de prensa. El resultado fue una base de datos con 64.000 identidades, entre ellas más de 1.500 madrileños fallecidos, de los cuales 83 murieron por acción de guerra.
Algunos episodios siguen esperando justicia. En Huerta del Agua, el 1 de agosto de 1896, murieron cuatro madrileños del Regimiento Andalucía nº 52: los tenientes Joaquín González Pintado y Hilario Ortiz Cisneros, y los soldados Agapito Alonso Sánchez y José López Iborra. Sus cuerpos continúan en fosas aún por localizar. Es una deuda pendiente.
Otros cinco madrileños sí cuentan con memorial, aunque lejos de casa: Nicanor García Díaz (El Vellón), Agustín Busto Mora (Madrid), Pedro Martín Lucía (Torrelaguna) y Antonio Escobar Gómez (Madrid), caídos en San Juan; y el comandante Antonio Vara de Rey Rubio, muerto en El Caney. Sus nombres están honrados en Cuba. En Madrid, no.
No pido monumentos grandilocuentes. Solo un gesto sereno y justo: un lugar donde sus nombres puedan ser pronunciados. Donde su sacrificio deje de ser un silencio en la historia.
Dicho queda.