La necesidad de la Comunidad Económica Hispano Americana
En un mundo que vuelve a organizarse en bloques de poder —Estados Unidos, China, los BRICS— resulta llamativo que el espacio hispano siga fragmentado, desaprovechando una de las mayores ventajas geopolíticas existentes: Somos una comunidad de más de 600 millones de personas unidas por lengua, cultura y lazos históricos.
España, lejos de resignarse a un papel secundario en este nuevo orden, tiene que asumir una iniciativa realista, y es el convertirse en el líder para la creación de una Comunidad Económica Hispano Americana, un espacio de cooperación basado en el libre comercio, la integración industrial y la explotación conjunta de recursos estratégicos. Convirtiéndose en una realidad para mejorar el futuro de nuestros respectivos países.
Hispano América concentra enormes reservas de materias primas clave —energía, litio, cobre— mientras que España ofrece una posición privilegiada como puerta de entrada a Europa, infraestructuras avanzadas y capacidad tecnológica. La combinación permitiría la producción y recursos en un lado del Atlántico; y la en el otro se materializaría la transformación, logística y el acceso a mercados europeos y del resto del mundo. Sin embargo, seguimos sin constituir esa estructura de forma eficaz.
Los intentos de integración regional en Hispano América han fracasado en gran medida por su excesiva dependencia de tendencias políticas e ideológicas. La propuesta de una Comunidad Económica Hispano Americana ha de aprender de esos errores: y debe centrarse en la economía real, garantizar seguridad jurídica y avanzar de forma progresiva, empezando por acuerdos comerciales, energéticos, industriales y financieros concretos.
El principal obstáculo no será técnico, sino político. Existe una desconfianza latente hacia cualquier liderazgo español, percibido en ocasiones como injerencia. Por ello, el papel de España debe ser claro: impulsar, coordinar y facilitar, pero nunca imponer. El liderazgo en el siglo XXI no se ejerce desde la jerarquía, sino desde la capacidad de generar beneficios compartidos.
Además, esta iniciativa no se desarrollaría en un espacio vacío. China ha consolidado su presencia en la región, y Estados Unidos mantiene intereses históricos. Precisamente por eso, la ausencia de un bloque hispano potente convierte a los países sudamericanos en actores dispersos y, en consecuencia, más vulnerables.
Existen, no obstante, bases sobre las que construir la Comunidad Económica Hispano Americana. Iniciativas como las Cumbres Iberoamericanas o Mercosur han avanzado en esa dirección desde 1991. El reto ahora es aprovechar esas estructuras, orientándolas con mayor claridad hacia los intereses económicos propios de los países hispanos, evitando que queden subordinadas a agendas externas.
La alternativa es clara: o el mundo hispano se organiza como un espacio económico relevante, o seguirá siendo un terreno de influencia para terceros. España tiene la oportunidad —y probablemente la responsabilidad, por no decir la obligación de impulsar ese cambio, lo antes posible, la unión ya no es una opción idealista, sino una necesidad estratégica, para el desarrollo armónico y eficiente de cualquier país.
Por eso pedimos que se atienda esta petición y que se convoque una reunión de presidentes de los países Hispano Americanos para iniciar el camino necesario que nos sitúe en el lugar que por importancia e historia nos corresponde en el orden mundial