Los nuevos Luditas
Las recientes declaraciones de UGT contrarias a la inteligencia artificial (IA) y a la robótica son dignas de reflexión. Este sindicato, supuestamente preocupado por el empleo, propone la implantación de un impuesto a los robots y regular fuertemente la IA, lo que solo puede dañar la competitividad. Esto quizá proteja el empleo a corto pero lo destruirá a medio y largo plazo. La tecnofobia siempre empobrece y siega empleos, no los crea ni protege. No podemos olvidar que el trabajo abundante y bien pagado depende de un mayor stock de capital por trabajador.
Al igual que los antiguas Luditas, movimiento de artesanos ingleses del siglo XIX que atacaban y destruían maquinaria e instalaciones fabriles, UGT se opone con estas medidas al progreso tecnológico y socioeconómico de España. Estamos entre las últimas naciones punteras de Occidente porque hemos llegado tarde y mal a casi todas las revoluciones tecnológicas e industriales desde hace dos siglos.
Evitando la adopción de las nuevas tecnologías no se protege a los trabajadores sino que se les condena al estancamiento y al desempleo a medio y largo plazo pues ese es el resultado de la pérdida de competitividad y de productividad relativa. Aunque algunos avances pueden ser disruptivos, el saldo neto para el empleo a medio plazo siempre ha sido positivo hasta la fecha, sin contar que al tratarse de empleos de mayor valor añadido están mejor remunerados. Esta sería la primera revolución tecnológica que destruye más empleo que el que genera.
Si este fuera el caso, aún así es imperativo apostar por ella para que la pérdida de empleo no sea aún mayor a medio plazo. La mayor riqueza generada proveerá sobradamente los recursos necesarios para reciclar y mitigar este hipotético impacto negativo, sin contar que los incentivos generados por una política de oferta sensata podrían más que compensar la pérdida de empleo neto.
La productividad española lleva estancada muchos años y es bastante inferior a la de nuestros principales competidores europeos, y no digamos a la de los EE.UU., lo que explica tanto la modestia de nuestro salario medio como la del salario más frecuente, y también una tasa de desempleo récord.
UGT pretende cuadrar el círculo pues desea que los trabajadores cobren siempre más y trabajen cada vez menos, cosa imposible si no se aumenta la productividad. No es casualidad que estas tecnologías estén siendo implantadas por los países más avanzados y pujantes, como China, EE.UU., y Japón, entre otros. Que los sindicatos se opongan a los avances que incrementan la generación de riqueza y redundan en unas mayores rentas del trabajo, y/o una menor jornada laboral, es notablemente reaccionario y dañino para los trabajadores.
Si se destruye empleo, o no se crea en la cantidad necesaria, es debido a la persecución fiscal, regulatoria, burocrática y tecnófoba a la que están sometidas las empresas españolas, con la aquiescencia de UGT. Desde el 2017 España no deja de caer en el índice de libertad económica debido a propuestas como esta que comentamos hoy, lo que explica el empobrecimiento general de una gran mayoría y el aumento de la deuda pública a niveles insostenibles.
UGT es rehén de sus conceptos decimonónicos y no entiende que para repartir más, cobrar más, y trabajar menos, primero es necesario ser más competitivos y más productivos para poder generar más riqueza. Estas son las políticas que condenan a tantos a una vida mediocre como clientes rehenes dependientes del estado, lo que quizá sea el objetivo real de este sindicato en colusión con el gobierno.