La librería anticuaria de José Manuel Valdés. Un santuario para el espíritu en el corazón de Oviedo
En estos tiempos en donde vive tan presente la inmediatez, esa que amenaza con borrar la memoria de los pueblos, resulta casi un milagro encontrar un lugar en donde el tiempo discurra como siempre. Ese es el caso de la Librería Anticuaria José Manuel Valdés y de su esforzada esposa Isabel, quién siempre recibe con una sonrisa. Los conozco desde hace más de un cuarto de siglo y en aquel momento ya llevaban otro tanto trabajando. Hoy su local forma parte de la ciudad y pueden presumir de tener el tesoro más desconocido y mejor guardado de Oviedo. La librería es un misterio visible que, en realidad, ya no les pertenece. Ahora es un paradigma de la cultura.
Miles de libros, grabados y otras singularidades. Todos presentes en su establecimiento. Abierto con mucho amor y esfuerzo, con la perseverancia de quienes saben que el libro es un ser vivo que respira el peculiar aroma que mezcla tinta antigua con papel noble. Este generoso matrimonio forma una perfecta conjunción de la devoción silenciosa en su dedicación por preservar el conocimiento de todos. Allí, en su pequeño dominio —la librería de viejo, del Campillín—, muestran al público numerosas joyas bibliográficas y cientos de piezas que han sobrevivido a guerras, mudanzas, herencias e incluso olvidos. Ellos catalogan cada libro minuciosamente y lo hacen con un cariño que no exageraría si lo llamase amor.
Visitar Oviedo y no detenerse en esta librería es, permítanme la franqueza, un completo error de juicio. Entre sus paredes, en sus estanterías, se halla suficiente sabiduría para explicar la historia de España y buena parte de Europa. Aquí está el conocimiento desde tiempos pretéritos, esperando que alguien venga a hojearlos y conversar con los siglos. La librería de Valdés no es un simple comercio, podría decir que es el templo ejemplar en donde el espíritu se ensancha y el saber se intensifica.
Desde muy antiguo la humanidad ha comprendido que las bibliotecas son una prueba de su continuidad en la historia. Ejemplo de ello fue la Biblioteca de Alejandría, fundada por el siglo III a.C., y cuya pérdida aún hoy lamentamos. Es el duelo perpetuo que nos recuerda la importancia del saber. No es casual que el mismísimo Cicerón, siempre atento al cultivo del alma, afirmase con sencillez que si cerca de la biblioteca tienes un jardín, nada te faltará. Pocas sentencias resumen mejor la íntima alianza entre la belleza y el saber, sobre todo porque parece que Cicerón hablaba de nuestra librería de Oviedo y es que junto a ella todavía florece un hermoso jardín.
En la vieja tienda persiste la antigua convicción de que los libros no son objetos, en realidad son compañeros de viaje y herencia. Tienen tanta tradición que trasciende a cada uno de nosotros. Ellos, Isabel y José Manuel, con su labor paciente y silenciosa mantienen viva una llama que muchos daban por extinguida. Además lo hacen sin estridencias ni ruido, lo ejecutan con la grandeza del artesano y todo porque saben que su obra es mucho más grande que su nombre.
Ojalá todas las generaciones comprendiesen que en los tiempos de mucho ruido, discordia y rap, estos lugares son el perfecto refugio de la claridad. Algunos sabemos que mientras existan guardianes como ellos, la cultura seguirá teniendo un hogar digno en la vieja ciudad de Oviedo, origen del Camino de Santiago, cuna de la cristiandad y de la cultura occidental.