Entre la ley y la honestidad

El legendario caballero de la catedral

Catedral

“Las almas de todos los hombres son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas.”

  Sócrates

La catedral de León es, sin duda alguna, un lugar dotado de una fuerza y un magnetismo especiales. Sus artífices pretendieron levantar un edificio que directamente emplazase al visitante a otra dimensión, más elevada, a través de la luz tamizada por el color sobre la inerte piedra.

Existe una antigua historia, desconocida para muchos, que habla precisamente sobre cómo lo inerte vuelve a la vida a través de la luz y de una llamada, una voz que, desde tiempo inmemorial, es escuchada en los momentos de mayor inquietud y temor.         

El sepulcro del rey Ordoño II se caracteriza por su extraordinaria belleza. Tras el altar mayor se puede observar la figura recostada de nuestro querido rey, rodeado de ricos relieves policromados. La peculiaridad de la tumba del monarca es el resaltar, el sobresalir de entre todas las demás de la catedral que, discretas, se sujetan al devenir de los siglos en el silencio y la quietud que propicia su inadvertencia para quien transita el templo.

Los reyes de León han sido un ejemplo de fortaleza y justicia. Por ello, no debería sorprender que su esencia quedase por siempre reflejada de una manera especial en el lugar donde descansan. Pero ese detalle, las inscripciones grabadas sobre la piedra en lengua clásica, la referida policromía, el arco que enmarca el sueño real, que más que un mero ornato asemeja una puerta, un pórtico...el primer rayo de sol que, cada día, acaricia la cara de un rey, solo en apariencia, dormido…en definitiva, su sepulcro tiene un sentido auténtico más allá del tributo a quien fuera el recordado y admirado señor leonés. Porque la valentía y la bondad son inmortales.

"Yo soy la voz del pasado,

la voz que siempre existirá,

llenos fueron mis campos de sangre en la batalla,

tráenos la paz de tus tiempos,

mis heridas contigo se curarán"