Incertidumbre en Caracas… y en Madrid
El inesperado giro operado en la crisis venezolana, tras la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa y el apuntalamiento de Delcy Rodríguez en el poder para liderar un supuesto proceso de transición democrática en ciernes, ha truncado para millones de venezolanos la esperanza de un verdadero cambio político en su país. Pero también entre la oposición democrática venezolana, que vive mayoritariamente en Madrid, reinan la desazón, el disgusto y la incertidumbre ante la deriva que han tomado los acontecimientos. Ya nadie sabe, a ciencia cierta, qué pensar ni hacia dónde se dirige la nave venezolana.
No es para menos. El presidente Donald Trump, visto en los primeros momentos como una suerte de gran libertador para el pueblo venezolano, que iba a traer la libertad y la democracia a esta abatida nación caribeña tras veintiocho años de pesadilla interminable, ha permitido que las estructuras policiales, criminales, políticas y militares responsables de un sinfín de tropelías —violaciones sistemáticas de los derechos humanos, crímenes brutales y desapariciones nunca aclaradas— permanezcan intactas y al frente del país. Hacer un relato más prolijo de estos hechos agotaría el sentido de estas líneas.
Los principales responsables de estos hechos deleznables y del saqueo del país durante décadas —Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Tarek William Saab, Vladimir Padrino y la propia Delcy Rodríguez— siguen al frente de la nación y nadie les ha reclamado responsabilidades políticas. ¿Quedarán impunes sus crímenes y el haber conducido a Venezuela a la mayor ruina social, económica, política y ética de sus más de dos siglos de historia?
Si lo que se pretende es llevar a cabo una transición sin juzgar a los criminales que condujeron a Venezuela al desastre actual y marginando, además, a la oposición democrática que lo arriesgó todo —incluso la vida— para confrontar al régimen, el resultado, como es previsible, será un fracaso. Todo parece indicar que el presidente Trump prioriza los intereses económicos de su país, concretamente el control del petróleo venezolano —algo que nunca ha ocultado—, sobre un cambio político genuinamente democrático. Y si Delcy Rodríguez se presta a sus deseos, como parece indicar su nivel de sumisión tras la caída de Maduro, el guión no contemplaría, al menos por ahora, una transición democrática en toda regla.
DÍAS DECISIVOS
Los próximos días pueden ser decisivos para Venezuela. Todos los ojos están puestos en la cita entre la líder moral de la oposición, María Corina Machado, y el presidente Trump, que hasta ahora la ha ninguneado e incluso la desautorizó en su primera intervención pública al anunciar la detención de Maduro. Ahora, con la decepción en aumento entre los venezolanos, Trump tiene la oportunidad de enmendar la plana y devolver algo de esperanza a un país cansado de esperar en la cola de la historia. De no hacerlo, las expectativas generadas tras el arresto de Maduro —en el sentido de un rápido cambio político en clave democrática— se diluirán como un azucarillo, y la confianza otorgada al presidente norteamericano por el pueblo venezolano caerá a mínimos históricos.
Ver todavía a los gerifaltes del régimen más oprobioso de la historia de Venezuela exhibiendo impunidad, riquezas y privilegios por las calles de Caracas y de otras ciudades del mundo —porque también están en Madrid y Miami— constituye una ofensa imperdonable para millones de venezolanos que han padecido durante lustros el hambre, la represión, la cárcel, las interminables colas para adquirir productos básicos y la carencia generalizada de los servicios más elementales. Por citar solo algunas de las formas de tortura que han caracterizado a este supuesto “paraíso socialista”.
Mientras algunos solo hablan de petróleo, el pueblo venezolano sigue esperando la anhelada libertad, que aún no llega. Y tras ella, la justicia, que no es venganza, sino un principio ético fundamental: dar a cada persona lo que le corresponde en la sociedad a través de la ley.