¿Hipocresía?
LA MIRADA DE ULISAS reflexiona sobre una palabra que poco gusta, el vocablo: hipocresía. Se entiende como una incoherencia entre la apariencia y la realidad. Parece que se ha puesto a la moda e inquieta por las consecuencias que conlleva. Sobre todo, a nivel político donde se ha “consentido” como manera de obrar.
Y la mirada de Ulisas se cuestiona el por qué existe tanta hipocresía en el mundo de los intereses, donde la verdad ni lo moral ya no hallan sentido sino prima el mero interés como tal. En este momento de la Historia donde todo parece tan álgido y convulso, vemos que los gobiernos no se atreven a venir a ayudar a los pueblos en desgracia como en el caso de los iraníes, que han padecido durante décadas el yugo de una dictadura que les impide respirar. Luego de varias manifestaciones a lo largo de los años, sofocadas por la bota militar y la violencia, en los últimos días han mostrado que ya no aguantan más sus penurias ni las hambrunas: se hacen matar por buscar la libertad y acceder a un régimen, que les permita hablar, disentir y ser. Piden ayuda internacional a grito herido. Llaman a la solidaridad de sus semejantes en otras latitudes. El pueblo ya no da más. Ha vivido bajo las mentiras más pavorosas y perniciosas hasta llegar a una situación de asfixia, que los ciudadanos de bien no toleran más. Se exponen a la muerte como lo está observando el mundo. Las cámaras y los noticieros no mienten. Retratan una realidad que la mirada de Ulisas condena. Personas de todos los estratos sociales y económicos protestan y claman por un auxilio. Triste y lamentable todavía permanece el silencio a sus peticiones. ¿Qué esperan los países para ir a socorrer al pueblo iraní? Eleva su voz y su rabia contra un gobierno malintencionado, que no le ha generado sino desgracias a su gente. Irán, un país hermoso, rico y digno cayó en manos de los más recalcitrantes gobernantes que llevaron a su gente a la miseria, donde ya no existe la manera de expresar el descontento con serios reclamos sino con el riesgo de exponer la vida como se está viendo desde hace días. Todo está en fuego y el mundo calla mientras miles de personas caen bajo el tiro de gracia de milicias, que de manera indiscriminada le otorgan a una población enfurecida por las circunstancias en que vive.
La mirada de Ulisas se revuelca contra esta inmensa injusticia, que día a día cobra vidas y muestra la hipocresía de otras naciones hacia un mal que puede degenerar aún más; con mayores muertos y heridos. Ulisas con su mirada empañada sabe que las horas cuentan para terminar con esta masacre que se vuelve un genocidio a su propia gente. Reclama que salven a los iraníes de las garras de una despótica y opresora regencia que, a todas luces, los ha conducido a la debacle con una moneda tan devaluada que el afán de cambio obedece a una imperiosa necesidad de supervivencia.
Y la gran pregunta que se hace la mirada de Ulisas: ¿Qué hubiera pasado si los Estados Unidos no hubiesen llegado a socorrer a Europa durante la II Guerra Mundial? El mundo debe ser consecuente y no ausente del dolor ajeno. Es el principal llamado de la Humanidad: jamás hacerse el de la vista gorda cuando sus hermanos sufren de manera tan monstruosa. Lo mismo pasó con Gaza, pero el mundo se hizo el loco sobre los verdaderos culpables de una situación atroz. Tal vez llegó la hora de ver la realidad sin tantos filtros ni máscaras que se le ponen para desvirtuar lo que sucede y saber apuntar a los responsables del mal. Hoy vemos claramente que los terroristas con sus ideas extremistas han llevado al mundo a demasiadas penurias. La oscuridad no debe prevalecer, tiempos que la luz halle su morada en el corazón de las personas.