¡Hechos que pretenden ser errores y no lo son!
LA MIRADA DE ULISAS analiza el artículo del diario “EL PAÍS” del día 4 de enero del año en curso. Todavía no sale del estupor que le causó leer un texto con una carga, que demuestra el sesgo con el que escriben ciertos periodistas. El periodismo de altura, como tiene qué tener un periódico de la talla y dimensión de “EL PAÍS”, debe gozar de imparcialidad y veracidad. La frase: el juez que juzga a Nicolás Maduro era “imparcial a pesar de ser judío, pasma. ¿Por qué se trae a colación siempre al judío? Nunca la mirada de Ulises ha visto que se releve la religión del cristiano, el budista como tampoco del protestante o de un individuo de otro credo. Sólo se destaca al judío como una manera baja de inculparlo de algo o para asumir que por ser judío ya se le puede juzgar con recelo. A primera vista, parece un dato inofensivo, pero la acotación lleva veneno y desprecio. Ese concepto emitido por el periodista no dista de los muchos que hemos leído en la prensa o escuchado en las noticias de la radio o la televisión, donde se subraya o se discute exclusivamente la religión y la condición del judío para acentuar la tendencia malintencionada de algunos periodistas con el fin de sembrar desconfianza sobre el judío y hacer hincapié en un prejuicio que no se borra, a pesar de quererse maquillar.
Este bochornoso hecho retumba en la mirada de Ulisas, que no entiende cómo se pueden filtrar esas descripciones tan poco objetivas, sin que logren una censura previa o un filtro que establezca una visión más objetiva sobre el tema tratado. Textos que jamás deben involucrar manías o cegueras que salgan a la luz. Y más cuando se trata de periódicos que asumen seriedad, prestigio y tienen excelente circulación. Por lo tanto, llegan a muchos confines y a personas que los leen con la seguridad de que están en lo correcto y lo cierto.
Este hecho de antisemitismo socarrón no es aislado. En Francia circuló un libro cuyo contenido hablaba del 7 de octubre del 2023 con una expresión bien malévola: que las 1200 víctimas de la barbarie de Hamás eran colonos israelíes. Con la marcada evidencia de convertir a esas víctimas, clamadores de unión en un concierto por la paz, en viles victimarios. También se sacó de circulación cuando se formó el escándalo, pero ¿con qué derecho se desvirtúa una realidad?
La mirada de Ulisas se pregunta ¿por qué se hace? Y la respuesta salta a la vista; es el modo, supuestamente sutil y de conciencia, de manifestar el antisemitismo que aflora. A pesar de haber sido obligado a salir de circulación, no deja de haber sido una revelación que señala que aún en mentes que deberían ser ecuánimes, el antisemitismo o el anti-sionismo (¡que a la postre viene a ser lo mismo!) les puede y se convierte en un odio claro y raspado, a pesar de tratar de disimular su indudable contenido.
En relación con el artículo del diario “EL PAÍS”, el ensayista y columnista argentino Bernardo Abramovici Levin de forma brillante destaca: “no se cometió un desliz lingüístico ni una torpeza semántica, sino que dejó al descubierto una estructura mental que sigue viva, cómoda y legitimada en ciertos círculos del periodismo que se auto perciben como ilustrados, democráticos y moralmente superiores. Porque esa frase no es neutral. No es inocente. No es “contextual”. Es una frase que carga siglos de sospecha”. Y añade: “...decir “imparcial a pesar de ser judío” presupone que ser judío es, por defecto, una condición sospechosa, una inclinación que debe ser superada, una tara moral que hay que compensar con esfuerzo. Es el mismo mecanismo que durante siglos alimentó la exclusión: no la acusación directa, sino la duda insinuada”. Prosigue con la idea de que: “...lo verdaderamente obsceno no es que se haya mencionado la identidad del juez. Es para qué se la mencionó”. Y vuelve a la misma inquietud que tiene la Mirada de Ulisas al reclamar: “¿Acaso El País escribiría que un juez es imparcial “a pesar de ser católico”, “a pesar de ser ateo”, “a pesar de ser vasco”, “a pesar de ser mujer”? Y tanto él como la mirada de Ulisas coinciden en que en esos casos el prejuicio sería evidente, grosero, inaceptable. Pero saben que cuando se trata de judíos, el prejuicio se disfraza de análisis, de contexto, de sutileza intelectual. Y la mirada de Ulisas sigue citando el texto de Abraham por convenir con su queja: “Es un antisemitismo que no se reconoce como tal porque se pronuncia desde redacciones progresistas, universidades prestigiosas y columnas de opinión que se creen vacunadas contra el odio por el solo hecho de declararse antifascistas”. Y como bien se aclara, estas afirmaciones no son errores sino creencias de difícil desprendimiento y juicio de valor. La Mirada de Ulisas anhela saber si un día el odio gratuito hacia el judío va a cesar o será que ese sentimiento tan adverso convierte al judío en una persona resiliente y fuerte ante cualquier adversidad. El efecto opuesto a lo que desean ver y acordar sus detractores porque con su actitud el judío eleva el parámetro, como hace Israel con sólo 77 años de reconocimiento moderno.