Tinta en la Torre

Por un espejo sin mancha

Contrario a la tradición en lengua inglesa, la crítica literaria, como expresión artística en el ámbito hispanoamericano, ha tenido que sobreponerse a frecuentes obstáculos. A menudo confundido con la escueta reseña de libros que la prensa escrita difunde en proporciones cada vez más reducidas, en nuestra lengua, ese género que don Alfonso Reyes concibió como una auténtica expresión de la ciencia literaria ha cifrado en el ensayo un espacio de genuina condensación del pensamiento.

Con libros como Las Trampas de la Fe de Octavio Paz, Muerte y transfiguración de Martín Fierro de Ezequiel Martínez Estrada, Auroras de Sangre de William Ospina, Jorge Luis Borges: ensayo de interpretación de Rafael Gutiérrez Girardot, y tantos más dedicados a la comprensión estética y creativa de las obras de novelistas y poetas, la crítica escrita en América Latina y España ha forjado una legitimidad y una fisonomía propias. ¿Cómo indagar el fenómeno literario en un idioma en el que el rango estético se ha debatido entre los ardores de la política y el poder y la lectura se ha confinado, en no pocos periodos y distintas latitudes, a una actividad casi clandestina? ¿Cómo explicar la pretendida identidad y la génesis de nuestros escritores en países atravesados por las convulsiones de independencias maltrechas y políticas culturales que bordean el precipicio de la improvisación o la promesa del redentorismo? Son tantas las preguntas y, por lo mismo, abundantes los libros que aún restan por escribir.

Con una obstinación ejemplar y una sabiduría que se aquilata en cada nuevo libro, Jorge Urrutia – quizás sin proponérselo en virtud de su discreción de ribetes caballerescos – es uno de los grandes críticos del ámbito hispanoamericano. Con una ambición interpretativa que comprende desde la Generación del 98 al Modernismo, pasando por las figuras de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, de la novela de plantación al testimonio como fuente literaria, de la genealogía lírica española a las nuevas formas de narrar y apropiar la ficción, su mirada establece vínculos y fraternidades que solo su escalpelo puede señalar con un rigor metódico que nos recuerda el estilo de figuras como Edmund Wilson o Pedro Henríquez Ureña. Todo esto a la par de una fecunda labor pedagógica en centros universitarios de España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Cuando ciertas tendencias en boga propugnan una ideologización que anula la dimensión estética y privilegia el antifaz político, releer los libros de Jorge Urrutia es encontrar un refugio en medio de ensordecedores cantos de sirena. Son estudios que apaciguan el humo que emanan endebles chimeneas que desconciertan el fenómeno literario y lo desnaturalizan desde la comodidad de la corrección moralizante y los sofismas del esnobismo académico. Así lo hizo en el Fulgor Moribundo, obra dedicada a señalar con precisión la trascendencia literaria de La Vorágine de José Eustasio Rivera. Asediada por divagaciones de criterio sociológico, esta novela de raigambre telúrica es, no pocas veces, sometida a la opacidad de lecturas que la reducen a etiquetas simplificadoras o a ligeras valoraciones de tinte nacionalista que omiten matices de época y contexto. Urrutia, armado de historia, perspectiva fenomenológica, generosa erudición y aliento analítico, la sitúa en un campo que la dignifica y la eleva al sitial de obra canónica de rabiosa contemporaneidad. Lo hace sin conceder espacio a los ruidos y confusiones biográficas y metaliterarias de ciertas escuelas.

Por todo ello, será un honor platicar, junto a Marcelo Topuzian, sobre El Espejo Empañado. Este libro, totalizante en su mirada y sistemático en su criterio valorativo, trae a cuento la identidad como factor orientador y definitorio en una cartografía cultural en la que se entrelazan conexiones esenciales de diverso orden. El idioma y sus modismos se moldean desde las órbitas del paisaje, la historia, el folclor y los procesos fundacionales. La deferencia del académico de la Universidad de Málaga, Francisco Estévez, lo hará posible en el segundo Congreso de la Red Iberoamericana de Teoría y Estudios Literarios que se realizará en el mes de octubre. Mientras ciertos entusiastas del segregacionismo azuzan la división y la endogamia, a ambos lados del Atlántico discretos investigadores reconfiguran el diálogo cultural tan necesario en estos tiempos de pirómanos y fanáticos.