El Madrid heroico
La villa de Madrid ostenta los títulos de muy noble, muy leal y muy heroica. Su lealtad hacia los reyes, señores de la villa, la demostraron los madrileños en múltiples ocasiones, y por eso Enrique IV le dio los títulos de muy noble y muy leal. Posteriormente, tras la valentía demostrada por los ciudadanos en la lucha contra la invasión napoleónica, recibió el título de muy heroica.
El 2 de Mayo de 1808, los madrileños se enfrentaron a las tropas invasoras de Napoleón en una lucha desigual. Los vecinos, armados básicamente con herramientas de labranza y utensilios de cocina se enfrentaron al ejército más poderoso del mundo. Nunca antes una ciudad había plantado cara a Napoleón de un modo tan decidido. Fue entonces cuando la fama heroica de Madrid se extendió por toda Europa.
A lo largo de la Historia son muchas las ocasiones en que los madrileños han demostrado su nobleza, su lealtad y su heroica determinación. La defensa de las libertades y de la Constitución ha sido una prioridad para nuestras gentes, que también tuvieron que rebelarse contra el poder instituido cuando este se convirtió en opresor.
Aunque los libros de Historia nos dicen que la primera revolución social fue la Revolución Francesa, en 1789, mucho antes, en 1520, tuvo lugar la primera revolución ciudadana, y fue en España: la revolución de los Comuneros. Madrid se posicionó entonces de lado de las Comunidades, en una lucha en que los castellanos, hartos de pasar hambre para pagar las guerras del emperador, dijeron “basta”.
En la guerra de Sucesión de 1701, la villa defendió la legalidad vigente, apoyando al legítimo heredero, Felipe V de Borbón, y defendiendo el Estado moderno centralizado.
En 1766 las calles de Madrid fueron el escenario del motín de Esquilache. Si bien es cierto que el motín fue promovido en la sombra por los reaccionarios y los jesuitas, contrarios a la modernización del país, también es verdad que hubo un noble sentimiento en las gentes de los barrios populares, que estaban hartos de que su voz nunca fuera escuchada, de que el pan estuviera por las nubes y de que no les dejaran vestirse a su manera. De aquel motín surgieron los majos, a los que tantas veces pintó Goya.
A lo largo del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Madrid tuvo múltiples ocasiones de mostrar su heroísmo en la lucha por la libertad y la defensa del orden constitucional.
El 7 de Julio de 1822, un ejército formado por voluntarios de la Milicia Nacional, en su mayoría jóvenes, lucharon en la Plaza Mayor en defensa de la Constitución frente a las tropas realistas enviadas por Fernando VII para implantar la tiranía y — contra todo pronóstico— ganaron la batalla.
En las guerras carlistas, los madrileños estuvieron mayoritariamente del lado de la legalidad vigente, representada por el régimen liberal.
En otros momentos del siglo XIX se optó por la vía revolucionaria para conseguir mayores derechos y libertades como ocurrió en las revoluciones de 1854 y 1868.
La lucha del movimiento obrero para conseguir los derechos más básicos de las clases trabajadoras —la abolición del trabajo infantil, el derecho a la jornada de ocho horas y al descanso dominical—tuvo el carácter de una verdadera epopeya.
También tuvo carácter de epopeya la resistencia de Madrid durante la guerra civil. Si bien es cierto que ambas facciones, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, propiciaron el clima de confrontación que llevó a la guerra, también es cierto que existía un gobierno legítimo y una legalidad constitucional que fueron violentadas por el golpe de Estado del general Franco. La batalla de Madrid de noviembre de 1936, en la que los voluntarios de la sociedad civil y los jóvenes idealistas de las brigadas internacionales lograron contener el avance de las tropas atacantes, fue un hecho heroico cuya fama trascendió a todo el orbe. Heroica fue también la dura resistencia de los madrileños durante la guerra, cuando la ciudad fue bombardeada sistemáticamente durante tres largos años.
Madrid encabezó la lucha cívica por la democracia y por las libertades constitucionales en los años setenta, cuando obreros y estudiantes llenaron las calles en demanda de libertad. Este proceso culminó con la creación de la Constitución de 1978. Heroica fue la actitud de algunos gobernantes de aquella época, especialmente de Adolfo Suárez, que supo encauzar los deseos de libertad de nuestro pueblo en un contexto terriblemente adverso y complicado.
El pueblo madrileño salió a la calle repetidas veces —en unas concentraciones tan nutridas como nunca se habían visto— para protestar contra el terrorismo de ETA, cuya violencia salvaje amenazaba la pervivencia de nuestras instituciones y nuestras libertades. Del mismo modo se protestó contra la intentona golpista de 1981.
Madrid demostró una vez más su heroísmo y su compromiso cívico ante hechos tan terribles como los atentados del terrorismo islamista de marzo de 2004.
Por todo ello, nuestra ciudad se ha hecho acreedora a los títulos que ostenta: muy noble, muy leal y muy heroica.