El estratega nº 10
Un terreno de fútbol para partidos internacionales tendrá entre 100 - 110 metros de largo por 64 a 75 de ancho. Un jugador daría a lo largo de los 90 minutos de encuentro 10 mil a 15 mil pasos, recorriendo entre 8 y 12 kilómetros. Respirando 30 a 40 veces por minuto, equivalentes a miles de ciclos respiratorios.
Estrategias
Un encuentro futbolero requeriría –como la elaboración de un relato— un estratega: jugador –o contador de historias-- que, con inteligencia y habilidad, guie los hilos del partido, ello, con razón pero más con intuición.
El número 10 es visto como <<el dorsal más icónico y simbólico, históricamente asignado al medio punta, enganche o mediocampista ofensivo de mayor talento. Se asocia con el liderazgo, la creatividad y la genialidad para organizar el juego, dar el último pase y marcar diferencia>>.
Popularizado por Pelé en 1958 y luego por Maradona, Zidane, Ronaldinho, Messi… En la Selección Colombia por James, ubicándose entre los mediocampistas y los delanteros.
El número 10 es jugador – lector del partido en acción: sabe de movimientos (de los 22 jugadores en el campo) y la respiración sobre la cancha; sabe de las artes individuales de sus compañeros; sabe su capacidad de hacer --en unos casos conocimiento, otros ingenio— en el juego colectivo. Un arte corporal en movimiento (algunos lo equiparan a un ballet, sin pistas musicales pero con coros del público acompañante).
El estratega es la voz y el pie cantante y orquestante: retiene el balón, lo distribuye, lo dirige a un punto en movimiento en el césped o plano o página; lo dialoga, lo aquilata, lo hace desaparecer de los ojos de la defensa contrincante, lo intercepta, lo dispara a tiempo de una hazaña…
El número 10, estratega, también arquitecto sin planos --¡genial! ¡poeta!— constructor de jugadas acertadas y casas en el aire de la victoria.
Dibuja con sus ojos y pies, y lo hace lineal o arqueadamente: “allí” debe estar en su rotación la pelota, y “allá” debe llegar para cumplir su misión y destino.
Colombia y James
James el estratega o director de orquesta (es el capitán del equipo), y a la vez, músico.
Dirige a voz en cuello y al mismo tiempo hace parte del coro de las jugadas posibles.
Borges (que no amaba este divino deporte) lo llamaría “hacedor”, el hombre que resume los momentos y espacios del partido; un Aleph real, pero para los aficionados (hinchas fanáticos…) imaginario que, a su vez, encarna el delirio de jugar y ganar: << Juego y gano, luego existo>>.
Y James, con su rostro de infante bien educado, de pocas y mordidas palabras, va a su tercer mundial sintiendo el paso de los años y pasos incontables en los terrenos de juego.
Respira 40 – 50 veces por minuto; su pie izquierdo ha sido magia pura, mirada en acción, intuición, aciertos y errores (también goles y premios al mejor jugador de un mundial). Pero los años le pasan factura (sin necesidad de fracturas).
Y la Selección colombiana de futbol –clasificada entre las quince mejores del planeta--, debe girar alrededor de su cintura y su sabio pie izquierdo.
¿Sobrevivirá (¡sobreviviremos!) al Mundial 2026?