Los colores del prisma

En Ecuador: cuando un diario centenario cambia de manos

La venta de Diario El Universo en Ecuador, fundado en 1921 por Ismael Pérez Pazmiño, no ha sido solo una operación empresarial. Es una señal de época. Un episodio más en la transformación estructural que atraviesa el periodismo en América Latina y el mundo.

Durante más de un siglo, la familia Pérez sostuvo el diario como empresa y como institución republicana. Cuando trabajé en Guayaquil entre 1990 y 1994, bajo la conducción de Carlos Pérez Peraso y Francisco Pérez Febres-Cordero, el periódico no era solo una redacción: era un espacio de formación ética y trabajo constante alrededor de los principios periodísticos. Se respiraba la convicción de servir con la verdad antes que cualquier interés circunstancial.

Pero el mundo cambia todos los días. Hoy el desafío es más complejo que nunca. El periodismo compite con la desinformación organizada, con la polarización política convertida en industria y con la ansiedad de la inmediatez digital. Las redes sociales fragmentaron la conversación pública; los algoritmos redefinieron la jerarquía informativa; el modelo publicitario tradicional se erosionó.

Los medios centenarios cumplen una función que trasciende la noticia diaria: son memoria nacional, archivo histórico, referencia institucional. Cuando cambian de manos, lo que está en juego no es únicamente su balance financiero, sino su coherencia editorial.

En este nuevo escenario, un diario debe reinventarse. La llegada de capital asesorado por José Luis Manzano, con experiencia en medios como América TV y El Cronista, así como la conducción ejecutiva de Ignacio Giménez Zapiola, con trayectoria en El Comercio y el Grupo Clarín de Argentina, confirman que la modernización hoy exige músculo financiero, integración tecnológica y visión regional.

Este nuevo capítulo de El Universo deja una mezcla inevitable de nostalgia y esperanza. Nostalgia por una época en la que el cierre de edición era casi un ritual sagrado, donde la tinta fresca simbolizaba responsabilidad pública. Esperanza porque la historia demuestra que los grandes medios pueden reinventarse sin perder su esencia, siempre que mantengan intacto su compromiso con la verdad.

Porque hay algo que ningún fondo de inversión puede comprar: la confianza. El periodismo de hoy debe ser rápido sin ser superficial. Crítico sin ser panfletario. Rentable sin convertirse en rehén del mercado. Debe, sobre todo, sostener credibilidad en medio del ruido. Porque un diario sin confianza es apenas una plataforma más en el océano digital.

El tiempo dirá si los nuevos pilotos conducen la nave con prudencia y audacia. Estamos confiados en que así será. Pero más allá de los nombres propios y de las tecnologías emergentes, lo que realmente importa es mantener el carácter que ha distinguido a El Universo. Y el carácter, en periodismo, se prueba cuando el poder se incomoda y la verdad se sostiene. La reflexión cobra mayor dimensión si se observa la decisión de la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros de intervenir a Granasa -propietaria de Diario Expreso y Diario Extra- “con el objeto de supervigilar la marcha económica financiera y propiciar la corrección de irregularidades”. Esa decisión ha encendido alertas.

La Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, advirtió que podría tratarse de un acto intimidatorio que inhibe el ejercicio del periodismo independiente, mientras Fundamedios rechazó la medida por considerar que se inscribe en un patrón de decisiones estatales que presionan a la prensa desde distintas instituciones públicas.

El contraste es evidente: por un lado, la presión del mercado y la transformación empresarial; por otro, la tensión frente al poder político y regulatorio. No es un fenómeno aislado. En Colombia ya ocurrió con medios como El Tiempo, El Espectador o La República, que dejaron de ser empresas familiares para integrarse a conglomerados con intereses económicos. Son procesos distintos, pero plantean la misma pregunta: ¿cómo preservar independencia editorial cuando cambian las estructuras de poder que sostienen a los medios?

Esa es, en definitiva, la transición que vive hoy Ecuador y que interpela a América Latina. Porque ya sea frente al capital o frente al Estado, la credibilidad sigue siendo el único patrimonio irreemplazable de un medio. Comentarios al correo jorsanvar@yahoo.com