En economía lo que no se ve importa
En política económica lo que no se ve es tan importante como lo que se ve, a pesar de que suele pasar desapercibido para casi todos, especialmente porque al gobernante no le interesa que se sepa.
Como dice el gran economista norteamericano Thomas Sowell, en economía no hay soluciones, solo existen compromisos. Es por esto por lo que cuando nos proponen una política determinada deberían no solo hablarnos de sus hipotéticas bondades sino también del coste directo, y muy especialmente del indirecto, de aquello que no se ve.
El coste directo es relativamente fácil de determinar, no así el indirecto aunque no por ello deja de ser importante. Cuando la ministra de desempleo Yolanda Díaz aumenta el salario mínimo de forma radical (+61% desde 2018) solo vemos el impacto positivo en el numeroso colectivo que cobra dicho sueldo. Aunque se trata de una buena medida para estas personas, son muchos los que soportan sus consecuencias negativas. Los primeros afectados son lógicamente los pequeños empresarios que desarrollan su actividad en sectores de poco valor añadido y que pagan el sueldo mínimo.
Lo que es menos evidente es que muchos trabajadores salen perjudicados. Para empezar se pierden decenas de miles de empleos en dichos sectores porque los números no salen y se cierran negocios. En otros casos los trabajadores se ven obligados a pasar a la economía sumergida.
Otro efecto negativo es que se dejan de crear numerosos nuevos empleos. Conviene recordar que por desgracia en España la gran empresa es testimonial, somos un país de pymes cuyas rentabilidades son modestas y por lo tanto generan pocos recursos. Si el gobierno les aumenta los costes por decreto, la mayoría de estas empresas no van a contratar ni a invertir.
Por último, en términos relativos respecto del sueldo medio y del sueldo modal, un sueldo mínimo elevado se yergue como un muro invisible ante los jóvenes que desean acceder al mercado de trabajo para generar sus primeros ingresos y adquirir experiencia y capacitación profesional.
El impacto de estos tres efectos combinados es obviamente muy negativo. Un político honesto y competente no debería ocultar a la ciudadanía los costes indirectos de aquello que no se ve a primera vista. El análisis coste/beneficio se debería hacer correctamente y debería ser público.
La intervención del estado en la economía generalmente daña el orden espontáneo del mercado de manera que mientras unos se benefician otros salen perjudicados, y en muchas ocasiones, estos últimos son los más necesitados o más desfavorecidos. Es por esto que los países más intervencionistas son generalmente notablemente más pobres que aquellos en los que el estado modera su ansia reguladora.