El debut de José Antonio Kast en Chile
El nuevo Presidente de Chile, José Antonio Kast, ha debutado con una solemne ceremonia de toma de posesión, con la presencia de distintos jefes de gobierno y la del Rey de España Felipe VI. El entorno, la forma y los equipos humanos, nada tienen que ver con los de su antecesor Gabriel Boric. A Chile ha regresado la corbata, los buenos modales y el respeto por el lenguaje. Desde el primer día, Kast y sus ministros, han impuesto un estilo sobrio y formal. Las primeras medidas se concentran en la protección de la frontera norte, para evitar que continúe la inmigración ilegal desde Perú y Bolivia. Ya se iniciaron las obras de construcción de zanjas en pleno desierto, las que irán acompañadas de sistemas disuasivos de alta tecnología. Chile, que tiene una población aproximada de 20 millones de habitantes, se vio afectado en la última década por una irrupción desmedida de inmigrantes ilegales que ingresaron de manera clandestina, trayendo consigo crimen organizado, drogas y delincuencia. Chile pasó en una década, de 500 mil extranjeros a 2 millones. Kast está decidido a impedir que esto continúe. Una gran mayoría eligió al nuevo presidente, para lograr que a Chile vuelva la tranquilidad y la seguridad a sus calles y plazas. En segundo lugar, Kast lleva adelante un plan de ajuste fiscal con estricto control de gastos de un Estado híper dimensionado, tras el último gobierno de ultraizquierda. Simultáneamente, el gobierno entrante ya ha tomado medidas para destrabar las aprobaciones de una serie de proyectos de inversión, detenidos por normas absurdas vinculadas a medio ambiente o a presiones de comunidades manejadas por ecologistas. En el frente internacional, Chile mejora e incrementa sus relaciones con Argentina, Perú y Bolivia. Adicionalmente Kast da un giro a la relación con los Estados Unidos, la cual estuvo en crisis tras violentos ataques verbales de Gabriel Boric a Donald Trump. El ambiente empresarial interno revela optimismo y ya muchas empresas norteamericanas y europeas reaccionan al cambio de gobierno revitalizando proyectos de inversión en energía, infraestructura, minería, tecnología y agroindustria. Cómo era de esperar, la izquierda dura ya se opone a las medidas del nuevo gobierno. Boric había propuesto en el Congreso, legislar una ley de negociación colectiva ramal o multinivel, la que ha sido desechada por el nuevo gobierno y también rechazada por el mundo empresarial. Chile enfrenta hoy una tasa de desempleo cercana al 9%, además de altas tasas de informalidad en el comercio, que reflejan precariedad laboral. El aumento en el precio del cobre es una buena noticia para Chile, opacada en parte por el aumento en el precio del petróleo. Los primeros meses de gobierno serán clave, pues deberá intentar acuerdos en el Congreso, para aprobar leyes que permitan avanzar con el programa de José Antonio Kast. La izquierda está fragmentada pero evaluando estrategias para lograr que al nuevo gobierno le vaya mal. También están asustados, pues Kast y sus equipos están llevando adelante auditorías en los distintos ministerios, para verificar si los recursos fiscales fueron utilizados de manera correcta o se destinaron a usos contrarios a lo aprobado en el presupuesto de la nación. Ya se han detectado diversas irregularidades cuyo análisis está en manos de la Contraloría General de la República, entidad que mantiene un alto nivel de prestigio, dirigida por Dorothy Pérez, una abogada eficaz y valiente. En lo referente a las relaciones con España, se percibe optimismo entre los empresarios, especialmente pensando en el mediano plazo, en que el gobierno de España cambiará de signo político y eso generará una explosión de inversiones españolas en Chile y chilenas en España. Hoy las diferencias de forma y de fondo entre Kast y Sánchez son tan grandes, que las relaciones más potentes entre Chile y España se dan en el mundo privado, más que de gobierno a gobierno. El resumen del escenario actual, es que Chile regresó al sentido común y el optimismo florece entre los chilenos, tras 4 años de un gobierno de inexpertos denominados “progresistas”.