Tiempo de pensar

Cuatro años de resistencia: Ucrania en la caminadora de la historia

Cada 24 de febrero, Ucrania recuerda el inicio de la invasión rusa a gran escala de 2022. Este año se cumplen cuatro años de un conflicto que muchos creyeron breve, pero que se ha convertido en una prueba prolongada de resistencia nacional, militar y moral. Cuatro años después, la guerra no solo ha transformado la seguridad europea, sino que ha puesto a prueba la capacidad de aguante de todo un país. En cardiología existe una máquina que mide la resistencia del corazón: la caminadora de esfuerzo. El paciente camina, luego trota; la pendiente aumenta, el pulso se acelera, el cuerpo busca aire. No se trata de llegar a ninguna parte, sino de medir cuánto se puede soportar bajo presión. La guerra en Ucrania se parece cada vez más a esa prueba. En febrero de 2022, el Kremlin apostó por una ofensiva rápida que derribara al Gobierno de Kiev en cuestión de días. No ocurrió. La resistencia ucraniana, respaldada por armamento y asistencia occidental, frenó el avance inicial. Desde entonces, el conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste: avances mínimos, combates de artillería, drones que vigilan y golpean, ciudades que resisten bajo bombardeos constantes. En esta caminadora geopolítica, la velocidad importa menos que la resistencia. Ucrania ha transformado su economía, reorganizado su ejército y sostenido la moral de su población pese a los cortes eléctricos, las alarmas antiaéreas y las pérdidas humanas. Rusia, por su parte, juega a largo plazo, confiando en su mayor capacidad demográfica e industrial. Ambos países corren sin moverse del sitio, atrapados en una pendiente que no deja de inclinarse. Pero no solo Kiev y Moscú están sometidos a la prueba. Europa y Estados Unidos observan el monitor, calculan recursos, debaten ayudas y miden el pulso político interno. La fatiga internacional es tan real como la escasez de munición. En toda prueba de esfuerzo hay un momento en que el agotamiento asoma; la incógnita es quién lo acusará primero. Cuatro años después, la guerra continúa. La caminadora no se ha detenido y el final sigue siendo incierto. Pero si algo ha demostrado este conflicto es que la resistencia, cuando se convierte en identidad, puede sostener a una nación entera. A los ucranianos, hombres y mujeres valientes: resistid. No solo por vuestra tierra, sino para que el sacrificio de estos años no haya sido en vano. Es imperioso alcanzar la paz tras tanta devastación y dolor. Porque la verdadera victoria de Ucrania no será solo resistir, sino, finalmente, vivir en paz.