Un gallego en la galaxia

Las cosas claras y el chapapote espeso

En una entrevista con CNN este pasado 5 de enero, Stephen Miller, asesor de la Casa Blanca y uno de los arquitectos del Proyecto 2025 que marca la pauta del segundo mandato de Trump, fue tajante respecto a la actual política estadounidense respecto a Venezuela y Latinoamérica en general. Según sus declaraciones, el mundo real en el que vivimos se rige por la fuerza y el poder y eso es lo que los EUA, como superpotencia, está ejerciendo en ese país, sometiéndolo a un bloqueo económico y militar y dictando, en consecuencia, las reglas del juego. Por lo que los venezolanos no pueden vender petróleo, comerciar o disponer tan siquiera de una economía sin su permiso. Afirmó que los EUA está usando su ejército para salvaguardar abiertamente sus intereses en el hemisferio, pues sería absurdo que permitiesen que una nación en su ‘traspatio’ suministrase recursos a sus adversarios en vez de a ellos. Mal asunto. 

Al parecer el facha de Steve Bannon dijo que Miller es un auténtico nazi, o sea peor. Cuando menos, sus declaraciones certifican que se trata de un imperialista en toda regla. Más claro no podía ser: son una superpotencia que impone su voluntad a la fuerza sobre todo un continente y donde lo requieran su seguridad e intereses económicos, que vienen a ser lo mismo. Lo que importa es mantener su poder dentro de la lucha geopolítica internacional. Aunque Eisenhower, en su mensaje de despedida hace exactamente 65 años, advirtiera del peligro que representa el combinado entre ejército e industria armamentista para la integridad nacional y la paz del mundo, esa asociación maléfica ha estado siempre implícita en la lógica imperial. El propio Eisenhower apoyó económicamente a los franceses en su lucha contra los vietnamitas para salvaguardar sus intereses en las minas de estaño y wolframio, minerales esenciales en la fabricación de armas. O sea que matan para conseguir los materiales que les permitan seguir matando para asegurar su poder y grandeza explotando los recursos naturales de los demás. El único cariz ideológico de semejante planteamiento es combatir todo lo que se le oponga, ya se trate del derecho internacional, de la soberanía de los estados o de su propia constitución. 

De ahí que en estos momentos los EUA sea un peligro tanto para el mundo como para sí mismo. Bajo Trump se han quitado la máscara de la libertad, la democracia y los derechos humanos para proclamar sin pestañear (las sierpes no tienen párpados) que son depredadores alfa y van a actuar como tales. Si el sufrido pueblo venezolano se imaginaba que el asalto y bloqueo estadounidenses significaban un acto de solidaridad, liberación y justicia, sólo tienen que escuchar a estos nazi-fachas rabiosos para caer en la cuenta. Lo que se proponen es convertir a Venezuela en un feudo caribeño de su sed insaciable de petróleo, en este caso del crudo pesado y superpesado de la cuenca del Orinoco. Instalarán, como tantas veces, a un dictador propio para oprimir al pueblo y saquear el país. Todo lo cual es de lo más alarmante, pues está derivando hacia el reparto del mundo en esferas orwellianas de influencia y su guerra perpetua. 

Trump y su séquito son seres rastreros atrapados en una burbuja psicológica carente de toda sensibilidad, inteligencia y compasión. Guiados por sus convicciones racistas, supremacistas y mercenarias, y perdidos en el laberinto de sus miedos, mentiras y ambiciones, viven extasiados por el perfume narcótico del narcisismo suicida del ego en flor. Por eso tengo cada vez más la impresión de que estos hombres y mujeres son cenizas vivientes que sólo esperan a que un buen huracán caribeño los barra a los cuatro vientos. El poder es una enfermedad mortífera a la que el ego es adicto. El ego es en realidad su fin y su origen. Y, como decía uno de los grandes sabios que en el mundo han sido, “Donde hay ego no hay amor”. Así andamos y así nos va.