Conflictos armados del 2026
El mundo enfrenta hoy el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. El Índice de Paz Global del Institute for Economics and Peace (GPI) registra 56 guerras activas y un récord de 92 países involucrados en conflictos fuera de sus fronteras.
El impacto humano es devastador. Más de 110 millones de personas viven como refugiadas o desplazadas por la violencia, mientras que 16 países cargan con la responsabilidad de acoger a más de medio millón de estas personas.
América del Norte muestra el mayor deterioro regional, impulsado por el aumento del crimen y la sensación de inseguridad. En contraste, Europa continúa siendo la zona más pacífica del planeta.
Los conflictos de Gaza y de Rusia–Ucrania ilustran la brutalidad de las llamadas “guerras eternas”: más de 35.000 muertes en Gaza desde 2023 y más de 2.000 cada mes en Ucrania, sin avances significativos hacia una solución. La prolongación de la violencia se agrava con apoyos militares externos, rivalidades geopolíticas y el creciente peso de tecnologías que multiplican el daño.
La guerra en el siglo XXI está cambiando como resultado de dos tendencias clave: los cambios en la tecnología militar y la creciente competencia geopolítica. Actualmente se puede interactuar de manera más efectiva utilizando tecnologías como drones y dispositivos explosivos más simples, pero a la vez más letales. Este cambio ha hecho que los conflictos sean más complejos y difíciles de resolver. La militarización registró su mayor deterioro anual desde la creación del GPI, con 108 países volviéndose más militarizados.
El impacto económico de la violencia en la economía mundial en 2023 fue de 19,1 billones de dólares en términos de paridad de poder adquisitivo. Esta cifra equivale al 13,5 % de la actividad económica mundial, o 2.380 dólares por persona.
Son recursos que podrían haberse destinado a educación, salud, innovación o desarrollo sostenible, pero se pierden en el ciclo interminable de la destrucción.
Y, aun así, aquí estamos, en pleno 2026, permitiendo que decisiones tomadas por unos pocos líderes sin escrúpulos sean pagadas por quienes no tienen responsabilidad alguna: niños, familias, personal sanitario, periodistas, civiles que simplemente estaban allí.
Ningún territorio, ningún recurso, ningún cálculo estratégico vale una sola vida.
Paz y desarrollo humano van siempre de la mano. Sin paz, ningún potencial humano logra desarrollarse. La violencia no solo destruye vidas; termina con todo lo que esas vidas podían haber significado para el mundo.
Hoy, más que nunca, necesitamos mirar de frente estas cifras y recordar que la paz no es una utopía: es una responsabilidad colectiva, y un trabajo de construcción diario.