Atravesar la línea de cambio de fecha
Es un hecho que pocas personas experimentan en la vida. Pero yo este año me he quedado sin día 18 de febrero.
Estoy navegando de oeste a este, desde América a Asia y ayer cuando estaba en Samoa americana era día 17 de febrero. Como si fuera la llegada de un año nuevo, a las doce de la noche (además del martes de carnaval), celebramos en el barco el salto del día 17 de febrero al día 19.
Ni rastro del día 18 de febrero.
En el imaginario literario existen fronteras visibles como océanos, selvas o desiertos y hay otras no visibles que han resultado muy fértiles para la ficción. La línea internacional de cambio de fecha, no es un lugar, sino una convención.
La literatura comprendió pronto el potencial narrativo de esa línea invisible que atraviesa el Pacífico. El caso más célebre es el de Phileas Fogg, protagonista de La vuelta al mundo en ochenta días, de Jules Verne. Durante todo el relato, el lector comparte la angustia de Fogg, convencido de haber perdido su apuesta por llegar tarde a Londres. Solo en el desenlace emerge la clave: al viajar siempre hacia el este, ha cruzado sin advertirlo la línea de cambio de fecha y ha ganado un día. La línea no aparece como espectáculo, sino como revelación. El tiempo en este caso pasa de adversario implacable a aliado secreto.
Verne entendió algo esencial: el siglo XIX no solo había conquistado el espacio mediante ferrocarriles y vapores, sino también el tiempo, mediante su estandarización. La línea de cambio de fecha, formalizada en la Conferencia Internacional del Meridiano de 1884, era una consecuencia directa de la modernidad. La literatura no tardó en utilizarla como materia narrativa.
Umberto Eco retomó esa misma frontera desde una perspectiva radicalmente distinta en La isla del día de antes. Su protagonista, el náufrago Roberto de la Grive, contempla desde un barco abandonado una isla que se encuentra, simbólicamente, al otro lado de la línea donde el tiempo cambia de fecha. La isla representa el pasado inmediato, el día que no puede recuperar. Eco convierte el meridiano en una metáfora de la distancia entre la experiencia y su comprensión, entre el presente y la memoria. Donde Verne construía un triunfo de la razón, Eco levanta una elegía sobre lo irrecuperable.
En sus relatos de los Mares del Sur, Jack London sitúa a sus personajes en un territorio donde las referencias temporales europeas pierden nitidez. En cuentos como La casa de Mapuhi o Mauki, el tiempo deja de ser una medida abstracta y vuelve a depender de la naturaleza, de las mareas y del cuerpo. La línea de cambio de fecha gravita sobre estas historias como una frontera conceptual entre dos órdenes del mundo.
También Herman Melville, en Moby-Dick, anticipa esta inquietud. La persecución del cachalote blanco lleva al Pequod a recorrer el Pacífico en una navegación que diluye la cronología convencional. La travesía no es solo espacial, sino ontológica. Los marineros parecen salir del tiempo histórico para entrar en una dimensión donde solo existe la obsesión. Aunque Melville escribe antes de la formalización internacional de la línea de cambio de fecha, su obra participa de la misma intuición: el océano es un territorio donde el tiempo humano deja de ser fiable.
El meridiano 180 es una convención humana, sin embargo, yo he experimentado sus efectos concretos: me ha desaparecido un día (viajando en la dirección contraria el día se gana). La literatura, que siempre ha explorado las fisuras entre la realidad y su interpretación, encontró en esa línea una grieta perfecta.
A diferencia de otras fronteras literarias, el meridiano 180 no ofrece paisaje ni monumentos. No hay ruinas ni montañas, ni siquiera una señal visible en el horizonte. Y, sin embargo, pocos lugares han ofrecido tantos desenlaces, tantas revelaciones y tantas metáforas.
Allí, en medio del mayor océano del planeta, la literatura descubrió que la aventura más perturbadora no consiste en perderse en el espacio, sino en descubrir que el tiempo puede, simplemente, cambiar de lado.
Y yo he tenido la fortuna de experimentarlo entre ayer y hoy (y también de escribir un relato sobre ello).