Arde el fin del mundo
Hace unas semanas arden nuevamente los bosques de la Patagonia argentina. Ese territorio majestuoso, de lagos cristalinos, montañas, y un aire que todavía conserva su pureza, volvió a teñirse de gris. La Patagonia parece un lugar mágico, y quizá lo es, gracias a un plus: su gente, personas que cuidan, que abrazan su tierra, que la sienten parte de sí.
Comparto esta noticia no solo para informar, sino para alzar la voz ante una tragedia ambiental que cala hondo, especialmente para quienes llevamos a la Patagonia en el corazón. Como argentina, como alguien que ha caminado esos senderos y respirado ese aire helado y limpio, es devastador ver cómo el fuego arrasa bosques nativos centenarios y cómo familias completas pierden sus hogares y sus raíces. Duele ver a brigadistas exhaustos luchando contra un enemigo que avanza sin descanso, mientras vecinos y voluntarios se organizan para salvar lo que queda.
Que el cambio climático es un problema a nivel mundial, de eso no hay dudas. Cada año las tragedias medioambientales aumentan, pero en el caso de los incendios de la Patagonia argentina lo grave es que se cree que algunos de ellos podrían haber sido intencionalmente provocados. Ese es el caso de uno de los incendios más devastadores, que permanece activo, en la provincia de Chubut, donde se han encontrado pruebas de que el fuego se inició con un acelerante o nafta (gasolina), que es lo que determina que alguien quiso prender fuego, por lo que la justicia está investigando.
Cuando un bosque se incendia por negligencia o por interés, la herida no es solo ambiental: es ética, social, histórica. Es una fractura en el vínculo más básico que tenemos con la madre tierra.
Además, para contextualizar correctamente, es necesario dar a conocer que hace un mes, el gobierno del presidente Milei anunció modificaciones a las Leyes de Tierras y de Bosques, por las que inversores internacionales podrían adquirir terrenos incendiados y cambiar la actividad productiva de los mismos. El gobierno intentó derogar la Ley de Tierras en el inicio de su gestión, por decreto, y no pudo lograrlo. Sin embargo, en diciembre de 2025 el jefe de Gabinete anunció que el poder ejecutivo prepara un nuevo proyecto para derogar o modificar la Ley de Tierras, junto con reformas a la Ley de Bosques Nativos y la Ley de Manejo del Fuego.
La Ley 26.737 de Tierras Rurales, sancionada en diciembre de 2011, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, establece límites estrictos a la propiedad extranjera sobre tierras rurales en Argentina. La norma fija que las personas y empresas extranjeras no pueden poseer más del 15% del total de tierras rurales a nivel nacional, provincial y municipal. Adicionalmente, establece que ninguna nacionalidad extranjera puede superar el 30% de ese 15% permitido.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), del Instituto de Estudios Sociales y Humanos, y de la Universidad de Buenos Aires presentaron a fines de 2025 un “mapa interactivo “de la extranjerización de la tierra en Argentina. De acuerdo con ese estudio, más de 13 millones de hectáreas, casi el 5% del territorio nacional (una superficie similar a Inglaterra), pertenecen a firmas o estados extranjeros. Casos críticos se registran en Lacar, provincia de Neuquén, General Lamadrid, provincia de La Rioja, y Molinos y San Carlos, provincia de Salta, donde la extranjerización supera el 50%.
Hasta el momento, en esta última oleada de incendios se han quemado alrededor de 21.000 hectáreas solo en Chubut, muchas dentro de áreas protegidas. También hubo focos en Neuquén, Río Negro y Santa Cruz, dejando un saldo ambiental que llevará décadas —o siglos— recuperar.
Los gobiernos tienen que entender que la tierra es sagrada, que hay que cuidarla, quererla y protegerla. Hoy pido por todas las personas que perdieron sus hogares. Que las leyes solo sean modificadas en favor de los intereses del pueblo, priorizando siempre el cuidado del medioambiente.
Cuidar la tierra es un deber moral. Un compromiso que empieza por informarnos, exigir protección ambiental real y apoyar a quienes luchan contra estas tragedias en el territorio. Un compromiso que nos invita a estar vigilantes ante cualquier intento de transformar los bosques en mercancía, o de flexibilizar normas que deben existir para preservar lo que es de todos.