Tiempo de pensar

La amabilidad: el puente en tiempos de división política y conflictos globales

En España, marzo de 2026, el debate político se ha vuelto un terreno minado. Aunque no hay guerra en nuestro suelo, los conflictos internacionales, como la guerra entre Rusia y Ucrania, la actual confrontación de Estados Unidos con Irán bajo Donald Trump, las tensiones con Venezuela tras intervenciones recientes, la presión sobre Cuba, o el conflicto entre Palestina e Israel,  importan pasiones a nuestras conversaciones diarias. Estos temas, junto al auge del antisemitismo en algunos discursos, generan divisiones intensas: en redes, mesas familiares o grupos de amigos, una postura puede escalar rápidamente a insultos, bloqueos o rupturas definitivas. Según el Atlas de la Polarización en España 2025 de More in Common, un 14% de los españoles (unos cinco millones de personas) ha roto relaciones con amigos o familiares en el último año por motivos políticos, y temas globales como estos agravan aún más la polarización. Además, en la política local, las diferencias se han intensificado, convirtiendo discrepancias en animadversión personal y dejando heridas profundas. Sin embargo, la historia y la Biblia nos recuerdan que la bondad puede romper estos ciclos de división. Lean con atención esto: durante la Primera Guerra Mundial, en la Tregua de Navidad de 1914, soldados británicos y alemanes salieron de sus trincheras, compartieron cigarrillos, cantaron villancicos y jugaron fútbol improvisado, reconociendo su humanidad compartida pese al odio impuesto.

En la Segunda Guerra Mundial, el piloto alemán Franz Stigler escoltó un bombardero estadounidense averiado hasta territorio seguro, salvando vidas en vez de derribarlo. Actos de coraje amable que vencieron divisiones ideológicas y nacionales. La Biblia refuerza esta lección, el rey David, tras años de persecución política por Saúl (su enemigo familiar y predecesor), no vengó a su linaje. Al encontrar a Mefiboset (nieto de Saúl), lo invitó a su mesa, le devolvió tierras y lo trató como hijo (2 Samuel 9). En medio del rencor ideológico y heridas pasadas, eligió la compasión. La amabilidad no resuelve guerras lejanas ni cambia opiniones, pero preserva nuestra empatía. En España, rechazar  la controversia  en una discusión sobre Rusia-Ucrania, Trump-Irán, Venezuela, Cuba o el antisemitismo; escuchar sin atacar; tender una mano a quien piensa distinto… estos gestos pequeños desescalan la tensión diaria y construyen puentes donde solo hay grietas. Como dice esa frase inspiradora atribuida a Audrey Hepburn: “El accesorio más hermoso que puedes usar es la amabilidad, la cortesía. Y la buena noticia: one size fits all”. Le queda a todo el mundo, sin importar ideología, bando o postura sobre conflictos globales. Elige la bondad. No porque sea fácil, en esta crispación lo es menos, sino porque es necesario. Como argentina-española, con la nacionalidad española y muy feliz en la tierra de mis antepasados, creo que la amabilidad es la mejor forma de contribuir: recordándonos que, pese a las diferencias, seguimos siendo humanos y que el amor trasciende cualquier grieta política o diferencia de ideas.