La mirada de Ulisas

¡Alucinante!

LA MIRADA DE ULISAS sabe que la Inteligencia Artificial se presenta como la nueva “prima donna” de la ciencia. Trae secretos y se pavonea por sus magias. Exhibe sus adelantos y muestra a todas luces sus desarrollos. Jamás termina de sorprendernos con sus alcances, inclusive a nivel médico y tecnológico sus progresos resultan impresionantes. Viste las guerras con soldaditos ya no de plomo ni de carne y hueso, ahora los robots hacen las guerras. Los diseñan para tal efecto. Ya probados en el campo de batalla entre Rusia y Ucrania, se les reconoce su eficiencia. ¡Procesos alucinantes! Los nuevos avances científicos pretenden que los hombres no se expongan y se evite el derramamiento de sangre, que se les conoce a las batallas. Lo que parecía un juego de vídeo, ahora se traslada a las guerras reales ya no virtuales, aunque gocen de la virtualidad para lograr sus propósitos. La Ciencia Ficción se hace presente y ¡cómo! Todo lo que va soñando el hombre, que en un momento dado parecía imposible, los cálculos y el ingenio de los científicos va mostrando que todo o casi todo es plausible a su debido tiempo. Lo último que asombró a la mirada de Ulisas fue el viaje a la luna de los cuatro astronautas:  Reid Wiseman, Víctor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, héroes modernos en la nave Artemis II con destino a la luna. Por vez primera, volaron alrededor del astro en una misión tripulada.

Una tripulación que maneja méritos especiales y espaciales. Esta vez se consideró a la mujer astronauta como un hito histórico, igual que el primer astronauta negro y otra novedad: un astronauta que no es norteamericano sino canadiense. Se asociaron las "naciones unidas" de la pluralidad para este viaje. La pretensión no era alunizar como lo hizo Neil Armstrong hace más de cinco décadas, la misión quería un estudio exhaustivo de la otra cara lunar, astro que tanto invita a soñar. Ha sido y sigue siendo una eterna inspiración para vates y artistas. Vital para las cosechas impone sus reglas. Los astronautas lograron imágenes espectaculares. Los cuatro relataron que había sido una experiencia indescriptible y única. Se exhibieron las fotos y la verdad que, aún a la mirada de Ulisas le quitaron el aliento.  El mundo se veía tan hermoso y plácido. Y pensar que lo que se está viviendo en ese lugar, que es el nuestro y único hábitat, son guerras que suceden como si fuesen juegos infantiles. El número de muertos y heridos crece de forma exponencial. Se creería que, porque los robots van a la guerra, las matanzas van a mermar. Pues no, la mirada de Ulisas anticipa que las carnicerías serán iguales o peores ya que aún se desconoce la repercusión de la misión o la programación de un soldado robot. Lo que se avecina como idea es que, si bien la sangre de los robots es inexistente, la de sus adversarios es real, porque esos soldados virtuales están diseñados para matar. Por lo tanto, será parecida a las guerras actuales para el combatiente que se exponga a morir por su patria.

La mirada de Ulisas, que ya tiene sus años, no deja de admirarse de tantos inventos, que ¡ojalá siempre le hicieran bien a la humanidad!, pero no cree que un soldado robot esté formateado para abstenerse de matar o de disuadir al enemigo que abandone su causa. Lleva misión propia y específica: la de perpetuar el eterno dolor de la humanidad: las guerras con muertos y heridos. Cada vez los países se ven en la necesidad de rearmarse mejor. Atrás queda un mundo sin guerras. ¡Qué tristeza! ¡Y ahora las guerras robóticas! ¿Hasta dónde llegará la imaginación del hombre?