Símbolos sin tiempo

Ábalos, Koldo y el feminismo de pacotilla

Es realmente desalentador que la ultraizquierda española no haya dicho ni pío ante lo que hemos contemplado con rubor durante estos justos momentos, en los que están siendo juzgados el exministro José Luis Ábalos y algunos de sus colaboradores más cercanos. Y es más desalentador todavía que ni una sola de las más activistas lideresas no hayan sido capaces de significarse sobre el proceso que durante estos días se está celebrando en el Tribunal Supremo. Pues no puedo dejar de sorprenderme de que ni Yolanda Díaz (vicepresidenta del gobierno), ni María Jesús Montero (exvicepresidenta del gobierno y candidata por el PSOE a la Junta de Andalucía), ni Ione Belarra (diputada por Podemos), ni Irene Montero (exministra de igualdad), ni Ana Redondo (actual ministra de igualdad) ni todas las que bailan al son que ellas tocan, hayan accedido a denunciar con valentía los comportamientos abusivos y sexistas de los patéticos individuos que están siendo juzgados. Y que Jésica Rodríguez, Claudia Montes y todas las enchufadas que cobraban dinero público por no trabajar, pero que estaban afectadas por esos burdos episodios machistas, hayan sido defendidas por las arrogantes portavoces de un feminismo interesado y manoseado que me suscita infinitas incógnitas y sospechas. Porque a pesar del relato - sea cual sea el relato - lo cierto es que todas esas vividoras de pacotilla, que han venido para erigirse en portavoces de la extrema izquierda española, sigan ejerciendo la mudez absoluta ante los datos que durante estos días de juicio se han ido desgranando. Incluso, ya habiéndonos enterado de que Koldo García Izaguirre elegía a algunas de estas mujeres a través de los catálogos recomendados por el “prohombre” Santos Cerdán: ese otro personaje que llegó a ser - sucediendo a José Luis Ábalos - nada menos que Secretario de Organización del PSOE y mano derecha del presidente del gobierno.

Me entristece saber que vivimos en un Estado en el que su presidente, ministros y ministras miran para otro lado cuando las mujeres no forman parte de su más identitario gremio corporativo. Por eso es por lo que hoy me atrevo a decir que el feminismo de la izquierda política española es más falso que una moneda falsa. Porque representa la mentira que va disfrazada de feminismo, la que atenta contra las mujeres que necesitan más que nunca que las propias mujeres las defiendan.