2026: El desafío de priorizar en la ayuda humanitaria
El informe “Panorama Global Humanitario 2026”, publicado por la Oficina de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indica que la situación para la ayuda humanitaria en este año 2026 es aún más crítica que la del año 2025. Es por esto por lo que la ONU ha lanzado un llamamiento para recaudar 33.000 millones de dólares con el fin de brindar apoyo vital humanitario en el 2026 a 135 millones de personas en 50 países. Además, se establece como prioridad destinar 23.000 millones de dólares a 87 millones de personas que se encuentran en situación crítica. Se trata, literalmente, de priorizar entre las poblaciones que más sufren y lo necesitan, todo un desafío.
Si se compara con la situación del año 2025, es aún más alarmante, ya que el llamamiento ascendía a 47.000 millones, pero solo se recibieron 12.000 millones, la financiación más baja en una década. Como consecuencia, los organismos humanitarios llegaron a asistir a 25 millones de personas menos que el año anterior.
Entre los recortes obligados que esta situación ocasionó, destacan la reducción en los programas para proteger a mujeres y niñas, el cierre de campañas de vacunación, de proyectos de agua y saneamiento, así como la clausura de numerosas organizaciones humanitarias que han debido dejar de trabajar en países donde lo hacían desde hace décadas. Además, más de 380 trabajadores humanitarios fueron asesinados en conflictos humanitarios, la cifra más alta registrada en la historia.
Este nuevo llamamiento de la ONU incluye 29 planes detallados. El más grande corresponde a la Franja de Gaza, donde se necesitan 4.100 millones de dólares para asistir a tres millones de personas. En Sudán, se requieren 2.900 millones para ayudar a 20 millones de personas atrapadas en la mayor crisis de desplazamiento del mundo, además de otros 2.000 millones para los siete millones de sudaneses que han huido del país. El mayor plan regional es para Siria, con 2.800 millones destinados a 8,6 millones de personas.
Estas cifras no son solo números: son vidas en riesgo. Cuando se toman estas decisiones políticas de recortas programas esenciales para la vida, esto se traduce en hambre, enfermedad y muerte, y se multiplica el sufrimiento humano.
En un contexto global interdependiente, la falta de acción frente a las crisis humanitarias constituye una vulneración de los principios fundamentales del derecho internacional y de la dignidad humana. Los Estados y los responsables de la toma de decisiones tienen el deber ineludible de asignar recursos suficientes para la asistencia humanitaria, garantizando la protección de la vida por sobre todo y sin distinción de fronteras.
Que este año marque el inicio de una respuesta coordinada y sostenida, porque el verdadero progreso se mide en la capacidad colectiva de preservar vidas humanas.