18 de abril: un día de grandes contrastes
España vivió una jornada de contrastes que reflejó dos visiones opuestas sobre la democracia en América Latina y su proyección internacional.
En Madrid, cientos de miles de ciudadanos acompañaron a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, en una jornada nunca vista, dado el carácter voluntario de la asistencia. La líder venezolana fue recibida con entusiasmo, consignas y emoción por venezolanos —parte de los ocho millones que viven en el exilio— y españoles que se sienten atraídos por las ideas libertarias de esta relevante mujer. Se reunieron en un acto que simbolizó la esperanza de cambio para Venezuela. El momento más significativo llegó cuando recibió la Llave de Oro de la ciudad de Madrid de manos de su alcalde, José Luis Martínez-Almeida, en un gesto de respaldo político e institucional.
Ese mismo día, 18 de abril, en Barcelona, el presidente Pedro Sánchez se reunía con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y otros líderes internacionales, entre ellos Luiz Inácio Lula da Silva, en una cumbre centrada en el papel del progresismo global y la defensa de la “democracia”. Mientras este último, el presidente de Brasil, se pregunta en varios discursos “¿qué han hecho mal?”, para muchos la respuesta se ve claramente. El rumbo del Foro de São Paulo, que para algunos puede considerarse el antecedente de esta convocatoria, ha derivado en alianzas con regímenes cuestionados. Se citan los casos de Venezuela, con Hugo Chávez y Nicolás Maduro; Cuba y su sistema de partido único; y Nicaragua bajo Daniel Ortega. También se mencionan controversias de corrupción en torno a Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y la polarización política en Colombia bajo Gustavo Petro.
El Global Progressive Mobilisation, celebrado en Barcelona el 18 de abril de 2026, tuvo un carácter más propagandístico que práctico, sin medidas concretas, y evitó una posición clara frente a regímenes como Cuba, Nicaragua o Venezuela. Para sus detractores, el discurso de defensa democrática se usa más como narrativa política que como acción real.
El contraste fue muy evidente. María Corina Machado, bañada por masas espontáneas, con un discurso claro sobre las directrices que se seguirán para rescatar Venezuela y sacar a su gente de la indigencia, y la contraparte de la izquierda reunida por una emergencia: la pérdida de apoyo en todo el mundo. ¿Qué habrán hecho mal? Pues todo. Como en el Día del Perdón (Yom Kipur), deberían pedir perdón por todos los crímenes, corrupción y enriquecimiento ilícito que han perpetuado en sus países. Asociaciones ilegales… ambas visiones marcan el debate actual sobre el futuro democrático de la región.
Con el derrumbe del progresismo a nivel global, el problema ya no es político, sino de credibilidad: cuesta creer que en el Global Progressive Mobilisation se estén defendiendo los pilares reales de la democracia —separación de poderes, Estado de derecho, derechos humanos y libertades— y no solo construyendo un discurso para sostenerse.
Y ahí es donde radica el verdadero problema…