Prosegur Research alerta de un mundo más inestable en 2026 y sitúa la gestión del riesgo como ventaja competitiva clave
El informe El mundo en 2026 advierte de un escenario marcado por poder difuso, geoeconomía, violencia estructural y riesgos híbridos que exigen resiliencia empresarial
El informe El mundo en 2026, elaborado por Prosegur Research, dibuja un escenario global caracterizado por la incertidumbre estructural, la fragmentación del poder y la convergencia de riesgos geopolíticos, económicos, tecnológicos y sociales. Lejos de describir un futuro apocalíptico, el documento plantea un reordenamiento profundo del sistema internacional en el que la capacidad de anticipación y gestión será determinante para gobiernos y empresas.
El análisis parte de una idea central: ya no estamos ante una era de cambio, sino ante un cambio de era, en el que las reglas del juego dejan de ser estables y los actores se mueven en un entorno de policrisis gestionadas, con impactos simultáneos en seguridad, economía, reputación y continuidad de negocio.
Cinco megatendencias que marcarán 2026
El informe identifica cinco grandes megatendencias que condicionan la evolución global: poder difuso, geoeconomía, convergencia tecnológica, empoderamiento individual y colectivo y medioambiente. Estas fuerzas no actúan de forma aislada, sino que se superponen y refuerzan entre sí, generando escenarios complejos y volátiles.
El poder difuso sustituye a los bloques tradicionales por una geometría variable de alianzas, con Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea compartiendo protagonismo con potencias intermedias como India, Turquía o Arabia Saudí. Este contexto favorece un mundo de esferas de influencia no formalizadas, donde prima la imposición de hechos consumados frente a acuerdos multilaterales.
Geoeconomía y fragmentación de las cadenas de valor
La geoeconomía se consolida como instrumento de poder. El comercio deja de ser neutral y se convierte en una herramienta estratégica mediante aranceles, restricciones tecnológicas y coerción económica. El informe destaca la fragmentación de las cadenas de suministro y el auge del nearshoring y el friend-shoring, que desplazan la producción hacia países considerados políticamente seguros.
Este reordenamiento se produce en un contexto de crecimiento económico lento, elevada deuda global y tensiones entre políticas monetarias restrictivas y necesidades de inversión a largo plazo, lo que incrementa la vulnerabilidad financiera de Estados y corporaciones.
Violencia estructural y seguridad de lo crítico
Uno de los mensajes más contundentes del informe es que la violencia se convierte en un eje estructural, tanto a nivel global como corporativo. En 2026, la seguridad ya no se limita a amenazas tradicionales, sino que se expande hacia riesgos híbridos que combinan dimensiones físicas, digitales, económicas y reputacionales.
Infraestructuras críticas como puertos, redes eléctricas, centros de datos, cables submarinos o hubs logísticos pasan a ser objetivos estratégicos. En este contexto, la frontera entre seguridad y defensa se diluye, obligando a las empresas a integrar capacidades antes reservadas al ámbito militar dentro de su gestión del riesgo.
Convergencia tecnológica y riesgo sistémico
La convergencia tecnológica es descrita como una frontera de riesgo sistémico. Tecnologías duales como la inteligencia artificial, los drones, la biotecnología o la computación cuántica amplifican tanto las oportunidades como las amenazas. El informe alerta del aumento de ciberataques, deepfakes, sabotajes digitales y extorsiones, así como de una posible burbuja en torno a la IA generativa.
En este entorno, la ventaja competitiva no reside en poseer tecnología, sino en integrarla con procesos resilientes y con inteligencia humana, impulsando modelos de humano aumentado y una fuerza laboral en constante adaptación.
Del objetivo sostenible a la gestión del daño
En materia medioambiental, el documento subraya un cambio de paradigma: de la sostenibilidad como objetivo aspiracional a la resiliencia climática como necesidad operativa. El aumento de fenómenos extremos obliga a las organizaciones a centrarse en la gestión del daño y la continuidad de negocio, con infraestructuras resistentes y cadenas de suministro diversificadas.
La gestión como ventaja competitiva
Como conclusión, Prosegur Research sostiene que en 2026 la gestión del riesgo dejará de ser un ejercicio de cumplimiento para convertirse en una función crítica de gobierno corporativo. Las organizaciones que mejor se posicionen serán aquellas capaces de anticipar cambios, cuestionar sus planes y activarlos con rapidez cuando los supuestos de partida dejen de ser válidos.
En un mundo marcado por volatilidad, fragmentación y amenazas híbridas, la capacidad de gestionar la incertidumbre se convierte en la principal ventaja competitiva.