China

La desaceleración de China enciende las alarmas sobre el crecimiento global

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al presidente de la República Popular China, Xi Jinping - Pool Moncloa/Fernando Calvo
China desacelera su crecimiento y pone en riesgo el equilibrio de la economía mundial tras décadas como motor global

La economía china, considerada durante décadas la gran locomotora del crecimiento mundial, empieza a mostrar signos claros de desaceleración que ya generan inquietud a nivel global. Los últimos datos reflejan que el crecimiento del gigante asiático se ha moderado, alejándose de los ritmos que durante años impulsaron la expansión económica internacional.

En el primer trimestre del año, el avance se ha situado en torno al 1,3 % trimestral, mientras que en términos interanuales ha caído por debajo del umbral del 5 %, quedándose en torno al 4,5 %, una cifra que, aunque elevada en comparación con Europa, supone un frenazo significativo para los estándares de China.

China pierde fuerza como motor económico global

El problema no reside únicamente en la cifra, sino en el papel estructural que desempeña China en la economía mundial. Es la principal fábrica del planeta, uno de los mayores consumidores de materias primas y un pilar clave del comercio internacional.

Por ello, cuando su economía pierde impulso, el impacto se extiende más allá de sus fronteras. Como advierte el economista José Ramón Riera, “cuando la locomotora mundial tiene un problema, el resto de economías lo acaba notando”, en una analogía que refleja la dependencia global del crecimiento chino.

Debilidad del consumo y crisis inmobiliaria

Entre los factores que explican esta desaceleración destaca el debilitamiento del consumo interno, que ha registrado un freno notable. Este menor gasto de los hogares implica una reducción de la actividad productiva y afecta directamente a la competitividad del país.

A ello se suma una crisis persistente en el sector inmobiliario, uno de los motores tradicionales de la economía china. Este contexto recuerda, en términos de impacto, a la crisis inmobiliaria que afectó a otras economías en el pasado, al tensionar el sistema financiero y frenar la inversión.

Exportaciones en desaceleración

Otro de los pilares del modelo económico chino, las exportaciones, también muestran signos de agotamiento. Aunque no han caído en términos absolutos, su crecimiento se ha ralentizado de forma notable.

Este fenómeno responde tanto al enfriamiento del comercio global como a factores externos como los aranceles internacionales. La consecuencia es clara: China exporta menos, pero también importa menos, reduciendo su demanda de bienes y servicios del resto del mundo.

Impacto global y riesgo de efecto dominó

Las consecuencias de esta situación son de alcance global. La menor actividad económica china implica una reducción en la demanda de materias primas, un menor dinamismo del comercio internacional y presión sobre las economías exportadoras, especialmente en Europa.

El propio Riera resume el escenario con una advertencia contundente: “si la economía china se resfría, el mundo puede acabar con una gripe muy fuerte”, una metáfora que refleja el riesgo de contagio económico a escala internacional.

Un futuro incierto para el crecimiento mundial

Durante las últimas dos décadas, China ha sido uno de los principales motores del crecimiento global. Ahora, con su desaceleración, surge una pregunta clave para los mercados y los gobiernos: ¿quién tomará el relevo si este motor pierde potencia?

La combinación de consumo débil, crisis inmobiliaria y menor dinamismo exportador dibuja un escenario de incertidumbre que podría marcar el rumbo de la economía mundial en los próximos años.