Tanguy Uzel (Zyon Helmets): "El motorista es la persona más expuesta a la contaminación del mundo"
Los motoristas urbanos están expuestos a niveles de contaminación hasta 100 veces superiores a los de un automovilista. Para combatir este riesgo invisible nace Zyon Helmets, una startup que introduce el primer casco de alta gama con un sistema patentado de filtración activa, conectividad inteligente y un firme objetivo: reducir la contaminación.
Moverse en moto por la ciudad es una de las soluciones más prácticas y eficientes para reducir el tráfico y avanzar hacia la movilidad sostenible. Sin embargo, cruzar a diario las grandes avenidas esconde un peligro invisible para los motoristas. Mientras los coches cuentan por homologación con filtros de habitáculo que aíslan a sus ocupantes, los motoristas circulan completamente desprotegidos frente a los gases nocivos y las partículas finas del tráfico.
De esta necesidad y de la pasión por las motos surge Zyon Helmets. Hablamos con su fundador sobre cómo la ingeniería aplicada a la seguridad y su innovadora patente, Breath Safe System, buscan cambiar la experiencia de conducción y la salud de millones de motoristas en todo el mundo.
¿Cómo explicar Zyon Helmets de una forma muy sencilla?
De manera muy sencilla, es un producto que ya conocemos, un casco de moto, pero con una innovación clave: un sistema que filtra el aire para proteger al motorista de la contaminación y los alérgenos. Esa es la razón de ser del proyecto y donde tenemos nuestra patente, Breath Safe System.
Hemos diseñado un casco entero de alta gama, no solo la tecnología, porque el casco Zyon introduce características que incrementan la seguridad y mejoran la experiencia de uso. Para la seguridad, cuenta con una luz trasera de freno activa; para la experiencia de uso, incluye conectividad que permite detectar accidentes, llamar a emergencias y conocer el estado del casco después de un impacto.
¿Cuándo y por qué surge esta necesidad?
Las motos siempre me han gustado y me he movido en moto y bici por la ciudad. Creo que es el medio de transporte más práctico y eficiente para el futuro. Sin embargo, yendo a la universidad a diario, me di cuenta del impacto tan importante que tenía la contaminación en mí. Me sorprendió que un coche tuviera filtro de habitáculo y un motero no.
¿Cómo se puede percibir este impacto en un conductor de moto normal?
La contaminación del aire es un problema mundial. Es invisible y no se detecta a simple vista, pero sabemos que es perjudicial para la salud y el medio ambiente. Las zonas más contaminadas del planeta son las ciudades por el tráfico, el consumo de gas y la industria, y dentro de ellas, los ejes de circulación. En estos ejes, los más expuestos son los motoristas porque, a diferencia de los coches, no cuentan con un filtro por homologación. El motorista es la persona más expuesta a la contaminación del mundo; las estadísticas dicen que reciben hasta 100 veces más impacto de partículas finas que los automovilistas. La contaminación es la segunda causa de muerte en el mundo, y el más expuesto es el motorista.
¿De qué forma concreta conseguís reducir esa contaminación con el casco?
A través de la tecnología que hemos patentado, llamada Breath Safe System (BSS). Se compone de un filtro de cuatro capas que filtra todo tipo de contaminantes: partículas finas, gases tóxicos y elementos alérgenos. La innovación no consiste solo en poner un filtro, sino en controlar y dirigir todo el flujo de aire limpio dentro del casco, centralizando las entradas y extrayendo el aire a través de unas válvulas que permiten la renovación continua.
En cuanto a la conectividad, ¿el casco se vincula a alguna aplicación para consultar los datos?
Sí. Para nosotros el mayor defecto o "pain point" de un casco es que tiene una vida útil limitada por el uso, la lluvia, la temperatura o los impactos accidentales. La Comisión Europea recomienda cambiarlo cada cinco años, pero hoy en día nadie sabe realmente cuál es el estado de su casco. Por eso creamos un microchip con conectividad que detecta el uso, estima el recambio necesario del casco en función de los kilómetros o los impactos recibidos, e informa sobre el cambio periódico de los filtros.
¿Tenéis competencia en este momento que haga algo parecido?
Hoy en día en Europa, si te quieres proteger de esto, existe una marca de mascarillas en París llamada R-Pur que se ponen bajo el casco, pero hace que la experiencia de uso sea más incómoda porque el propio casco ya bloquea el aire. Por otro lado, en la India hay una marca de cascos llamada Shellios que lo hace de manera distinta, con un ventilador y el filtro en la parte trasera, pero es un casco sin homologación destinado exclusivamente a su mercado local.
¿Cuáles han sido los retos técnicos más complicados?
Ahí está toda la clave y el potencial del proyecto. Un casco parece un producto sencillo, como unas zapatillas, pero no lo es; es un proyecto de ingeniería con restricciones muy críticas de seguridad y homologación. Sus procesos de producción requieren mucho "know-how". El mayor desafío como empresa ha sido lograr un casco al nivel de la competencia arrancando directamente en la alta gama, porque creemos que la innovación entra por ahí, para luego desarrollar gamas con precios más asequibles.
¿Consideras que la regulación es un freno para las startups?
A nosotros nos limita mucho la homologación europea de cascos, pero considero que es esencial y no la criticamos; tiene que haber un control de seguridad aunque nos restrinja y nos obligue a repetir pruebas. Existe mucha burocracia en general que puede impedir el desarrollo, pero en nuestro caso concreto no es algo que suframos especialmente.
¿Cuántas personas forman el equipo actualmente?
Detrás del proyecto somos dos cofundadores. Yo soy ingeniero y llevo la parte de producto y negocio, y mi socio se encarga del marketing digital en el mundo del deporte, gestionando la imagen de pilotos de Fórmula 1 y MotoGP.
Internamente somos un equipo de seis personas, principalmente ingenieros dedicados a la parte técnica y de operaciones. Toda la fabricación está externalizada con un partner industrial y contamos con consultores expertos externos y un advisory board con dos asesores de referencia: el presidente de Yamaha y el expresidente de Shark.
¿Cómo os beneficia el auge de la movilidad sostenible?
Nosotros protegemos de la contaminación del aire, aunque por ahora no la reducimos, si bien creemos que si todo el mundo fuera en moto habría menos tráfico y contaminación. Nuestra intención a medida que crezcamos es contribuir a reducirla. El proyecto se califica dentro de la movilidad sostenible y eso nos ayuda a entrar en programas de incubación como Lanzadora en Valencia o Escalator en París, y a ganar competiciones de startups como el concurso de Audi hace un año o el de Mobility City en Zaragoza.
¿En qué momento de producto os encontráis? ¿Estáis ya comercializando?
Todavía no. Estamos sacando la línea de producción y arrancaremos la fabricación en volumen a final de año, para comenzar la comercialización en 2027. No obstante, el casco ya está presentado y contamos con 6.000 reservas de clientes, 3.000 preacuerdos con distribuidores para estar en tiendas y un acuerdo B2B con una marca de cascos muy grande y referente que va a integrar nuestro sistema de filtración patentado en uno de sus modelos.
¿Vuestra idea es vender el sistema de filtración antes que el casco propiamente dicho?
Operamos con dos patas en paralelo: Zyon, que es la línea B2C de cascos con su correspondiente suscripción y recambio de filtros, y Breath Safe System, que es la pata B2B para suministrar la tecnología a otras marcas. Desarrollamos la marca propia de cascos por dos razones: porque incorpora más elementos de seguridad además del filtro (como la luz de freno) lo que ayuda a educar al usuario europeo sobre la contaminación, y porque funciona como una plataforma de marketing para la pata B2B. La gran marca de cascos con la que hemos firmado no lo hubiera hecho sin la existencia previa de Zyon.
¿Has pensado en algún momento en tirar la toalla?
Como fundador inicial del proyecto, sí hay momentos en los que te lo cuestionas todo. Pero a mí me han mantenido firme dos cosas: mi pasión y la creencia al 100% de que esto va a funcionar. Además, ya hemos captado una financiación importante con más de 50 inversores que nos respaldan, por lo que ahora solo queda seguir apretando. Tenemos todas las cartas en la mano para salir al mercado.
¿Cuál ha sido el momento más reconfortante de estos años?
Por ahora, ver que hay 50 personas que han invertido en la empresa, nos siguen y creen en el proyecto, además de tener empleados y disponer ya de prototipos funcionales que utilizamos. Pero creo que el momento más gratificante de la aventura será el primer día que vea pasar a alguien que no conozco por la calle utilizando nuestro casco.
¿Cuáles son vuestros retos de cara al futuro?
El primer reto es sacar el casco al mercado, un riesgo que ya está muy mitigado gracias a la ronda de financiación cerrada y al partner industrial de referencia que se encarga de la producción. El principal desafío actual es escalar el proyecto. No quiero hacer una marca de nicho; el objetivo no es vender miles de cascos, sino millones de sistemas de filtración a otras marcas mediante acuerdos B2B y alcanzar los mercados que de verdad necesitan esto, como el sudeste asiático (Vietnam, Malasia, Tailandia, Indonesia o la India), donde la mayoría de la población circula en moto utilizando mascarillas.
¿Cómo os veis dentro de 5 o 10 años y qué os gustaría haber logrado?
A nivel de ambición, me veo con la empresa vendida. Creo que es una marca de consumo y toda firma de consumer tiene su pico al principio y luego se estabiliza; mi objetivo es vender la compañía cuando alcancemos ese pico dentro de los próximos 5 o 10 años. Si no es así, veo a Zyon consolidada como una de las grandes marcas de cascos del mercado y a Breath Safe System como una filial que vende a múltiples fabricantes, alcanzando un punto en el que la Unión Europea haga obligatoria la filtración en los cascos de moto, convirtiéndonos en el referente del sector.