Marina Planas (Altum Sequencing): "El 26% de los pacientes pasa por una segunda tanda de terapia sin necesitarlo por falsos positivos"
¿Se puede detectar el cáncer antes de que muestre sus primeros síntomas? Marina Planas, ingeniera y portavoz de Altum Sequencing, detalla en esta entrevista cómo esta plataforma de medicina de precisión es capaz de anticiparse años a las recaídas mediante biopsia líquida e IA.
El gran enemigo en la lucha contra el cáncer no es solo el tumor original, sino la incertidumbre que acompaña al paciente una vez terminado el tratamiento. En ese territorio invisible donde una sola célula cancerígena puede desencadenar una recaída silenciosa, las herramientas de diagnóstico tradicionales a menudo llegan tarde.
Nacida en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, la biotecnológica Altum Sequencing ha desarrollado una plataforma de monitorización personalizada del cáncer capaz de identificar, a partir de una muestra de sangre, las señales moleculares específicas de cada paciente. La compañía combina secuenciación avanzada de ADN e Inteligencia Artificial para interpretar esos datos con mayor precisión, facilitar el seguimiento de la enfermedad y acercar la medicina de precisión a más pacientes.
Al frente de la estrategia de negocio de este proyecto se encuentra Marina, una ingeniera que comparte equipo con 15 profesionales del sector salud, incluyendo médicos e investigadores. En esta conversación, Marina señala el cuello de botella burocrático que enfrentan las empresas biotecnológicas en Europa y la tensión financiera que supone crecer frente a competidores norteamericanos mientras se persigue un objetivo claro: que saber si estás limpio de la enfermedad sea tan sencillo y rutinario como un simple análisis de sangre.
Precisamente, en la edición de este año en South Summit donde tenemos la entrevista, el equipo de Altum Sequencing ha recibido el premio a mejor startup en el ámbito de salud en la Startup Competition. ¡Enhorabuena!
Para una persona que no sabe de medicina, ¿cómo explicas qué es Altum Sequencing?
En Altum Sequencing lo que hacemos es monitorizar a los pacientes con cáncer después del diagnóstico y durante el tratamiento. A partir de una muestra de sangre, analizamos señales moleculares del tumor para saber si el tratamiento está funcionando, si queda enfermedad residual o si existe riesgo de recaída. Nuestro objetivo es acompañar al paciente a lo largo del tiempo, no hacer solo una prueba puntual. En cáncer de mama, por ejemplo, hemos demostrado que la biopsia líquida puede detectar señales moleculares de recaída hasta 5,7 años antes que las técnicas convencionales. En resumen, somos una plataforma de monitorización personalizada que proporciona información al médico para ayudarle a decidir si continuar, ajustar o cambiar una estrategia terapéutica.
¿Os centráis en todo tipo de patologías o solo en cáncer?
Solo cáncer. Altum nació en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, impulsada por médicos e investigadores con amplia experiencia en hematología y oncología. Nuestra tecnología se ha estudiado en 23 tipos de cáncer diferentes, pero para llegar al mercado y a la práctica clínica hay que priorizar indicaciones concretas. La validación clínica y regulatoria en salud es larga y costosa, y no se puede avanzar en todas las patologías a la vez. Por eso estamos centrados en áreas donde existe una necesidad clínica clara y donde nuestros resultados son más sólidos. Además, nuestra tecnología es medicina de precisión: seleccionamos biomarcadores específicos de cada paciente y diseñamos una monitorización personalizada.
¿Por qué nace la necesidad de crear un test de este tipo?
Como los fundadores son médicos, esta es una empresa hecha por médicos para médicos. Ellos ven el problema cada día en la consulta y saben que con las técnicas actuales no tienen toda la información necesaria, no se pueden fiar al 100%. Por eso, trabajamos con biopsia líquida: una muestra de sangre que permite analizar señales moleculares del tumor de forma mucho menos invasiva.
La recaída empieza con una única célula, y por eso a veces le dicen al paciente que está limpio y a los cinco años recae. En linfoma folicular, por ejemplo, hemos observado que las técnicas actuales pueden generar falsos positivos y falsos negativos durante el seguimiento. La monitorización molecular nos permite complementar esa información y detectar con más precisión a los pacientes con riesgo de recaída.
Teniendo esa base de 23 tipos de tumores, ¿en cuáles estáis más centrados ahora mismo?
El 73% de nuestra base de datos era de tumores hematológicos porque nuestro presidente, el Dr. Joaquín Martínez, es el jefe de sección de Hematología del Hospital 12 de Octubre, así que tenemos un sesgo natural hacia ahí. Escogimos el linfoma folicular como foco principal porque tenemos unos resultados espectaculares: somos capaces de detectar al 97% de los pacientes que van a recaer. Nuestro foco actual es la hematología (folicular, leucemias y mieloma múltiple) y también hemos entrado en cáncer de mama.
Elegimos mama porque es un tipo de tumor donde los biomarcadores tienen un papel fundamental, tanto para elegir tratamientos como para seguir la aparición de resistencias. El cáncer es demasiado listo; cambia, muta y se adapta para sobrevivir; por eso las farmacéuticas necesitan herramientas para comprobar si el tratamiento sigue funcionando o si el cáncer ha mutado.
¿En qué fase se encuentra el proyecto y cuándo estimáis llegar a los hospitales?
Ya estamos participando en estudios clínicos, ensayos, colaboraciones con hospitales y proyectos con la industria farmacéutica. Nuestro test está disponible en el entorno de investigación, bajo la categoría Research Use Only (RUO), y seguimos avanzando en certificaciones y regulación para facilitar su adopción clínica más amplia. Esto ya nos permite vender a hospitales privados, como HM Hospitales, Sanitas o el MD Anderson en Madrid, y farmacéuticas.
Además, estamos integrando una capa de Inteligencia Artificial en nuestra plataforma de monitorización para abaratar los costes. Sabemos que en Europa el sistema sanitario es un derecho y tenemos que ser muy competitivos. Con todo esto, calculamos que el test podría empezar a implementarse de forma general en el sistema sanitario en un par de años. Nuestro objetivo es que esta tecnología sea clínica y científicamente robusta, pero también escalable. Creemos que la vía más rápida para una adopción amplia será ir de la mano de farmacéuticas y hospitales, especialmente cuando un tratamiento necesite un test que permita medir si realmente está funcionando.
¿Tenéis competidores en este campo de la medicina personalizada?
Sí, existen competidores, sobre todo en Estados Unidos, que también trabajan en biopsia líquida y "enfermedad medible residual", que es el término técnico que utilizamos para hablar de esas señales mínimas de cáncer que pueden quedar tras el tratamiento.
Nuestra diferencia es que estamos construyendo una plataforma europea de monitorización longitudinal del cáncer. En muchos casos, cuando se trabaja con empresas americanas, la muestra esta tiene que viajar físicamente a Estados Unidos. Además, mucha gente se enfoca en el diagnóstico precoz; a nosotros eso no nos interesa comercialmente, nos centramos en la monitorización, en acompañar al paciente durante todo el proceso y estudiar su genética para ver cómo ayudarle.
El "café para todos" se ha terminado en la medicina. La medicina personalizada consiste precisamente en diseñar tratamientos y seguimientos más ajustados a cada persona, teniendo en cuenta la biología del tumor, su evolución y también las características clínicas del paciente.
Hablar de medicina personalizada y tecnología de secuenciación suena a algo caro. ¿Es así?
Puede parecer caro, pero en realidad hay que analizarlo dentro del coste global de la oncología. Nuestro objetivo es que sea una herramienta "win-win": que aporte valor clínico al paciente y, al mismo tiempo, ayude al sistema sanitario a utilizar mejor sus recursos. Nuestro test tiene un coste comparable al de las técnicas de escáner tradicionales (como el PET-TAC) que se hacen hoy en día. El verdadero ahorro para el hospital es que somos mucho más específicos y podemos discernir qué paciente necesita terapia y quién no.
Hoy en día están muy de moda las terapias celulares (como los CAR-T) en hematología, donde un solo ciclo puede costar entre 200.000 y 300.000 euros, e incluso rozar el medio millón de euros en total. Evitarle una sola ronda de esa quimio o terapia celular a un paciente que no la necesita amortiza de sobra el coste de nuestro test. Nuestra cofundadora, la doctora Rosa Ayala, a veces se tiene que pelear con el hospital para que le dejen hacer nuestro test a un paciente, cuando en cambio para recetarle un tratamiento específico no tiene ninguna traba burocrática, con el derivado impacto económico que conllevan estas terapias para el sistema sanitario. Al médico le damos más información para decidir mejor, al hospital le ayudamos a optimizar recursos, a la farmacéutica le aportamos herramientas para evaluar sus terapias y reclutar mejor a sus pacientes, y al paciente le ofrecemos una alternativa de seguimiento menos invasiva, basada en una simple muestra de sangre.
¿Existe resistencia entre el colectivo médico a la hora de adoptar una tecnología tan novedosa?
Como ocurre con cualquier tecnología nueva en salud, la adopción requiere evidencia, confianza y tiempo. Pero cuando los oncólogos y hematólogos entienden qué información aporta la biopsia líquida, el interés es muy alto. En los últimos 10 años, entre el 80% y el 90% de las charlas de los congresos internacionales de oncología (como ASCO en Chicago o ASH) se centran en la biopsia líquida. Ya no es el futuro, es el presente porque da la evidencia más robusta.
Para acelerar esta plataforma de monitorización asistida por IA y expandirnos, estamos buscando justamente una ronda de financiación de 5 millones de euros. Respecto a los datos de los pacientes, la privacidad está más que garantizada: son datos totalmente anonimizados, y con flujos informáticos diseñados para que el análisis se haga sin identificar a la persona que hay detrás de la muestra.
Estuvisteis en San Francisco con el programa Desafía del Gobierno de España. ¿Qué le habéis pedido a las instituciones?
Fuimos seleccionados por ICEX y Red.es para participar en el programa Desafía San Francisco, y estuvimos dos semanas conectando con el ecosistema de innovación de Silicon Valley. Allí, cuando nos preguntaron qué podía hacer España por compañías como la nuestra, trasladamos una necesidad muy clara: crear entornos de prueba reales en hospitales, lo que se conoce como un "sandbox sanitario". Nos gustaría poder validar tecnologías innovadoras en un entorno controlado, con pacientes, médicos y datos reales, siempre con supervisión ética y regulatoria.
Por ejemplo, poder desarrollar un programa de monitorización molecular en un hospital como el 12 de Octubre, donde nació Altum, permitiría demostrar con datos locales el impacto clínico, económico y humano de este tipo de tecnología.
El cáncer es un problema complejo. Cambian las dinámicas de la enfermedad, cambian los tratamientos y tiene que cambiar también la forma de medir la respuesta. Para eso, todo el ecosistema (administración, hospitales, farmáceuticas, investigadores y empresas) tiene que actuar de forma coordinada.
¿Cuál ha sido el mayor reto tecnológico al que os habéis enfrentado en estos cinco años?
El mayor reto es ir al compás del avance tecnológico de nuestro entorno y no quedarnos anclados en el pasado. Desde que nacimos, las tecnologías de secuenciación de ADN, el Machine Learning y las capas de IA han avanzado muchísimo. Eso es una gran oportunidad, porque nos permite hacer las cosas cada vez mejor, con más sensibilidad, más velocidad y más capacidad de análisis. Pero también es un reto, porque en biotecnología los procesos son extremadamente largos: cuando logras demostrar científicamente que algo funciona, puede aparecer una nueva tecnología que mejora el proceso.
El problema es que, si incorporas cambios relevantes, muchas veces tienes que volver a validar parte del camino técnico y regulatorio. Por eso, el desafío es encontrar el equilibrio: innovar constantemente, pero manteniendo la robustez, la reproducibilidad y la seguridad que exige una tecnología aplicada a pacientes.
Parece que la regulación es uno de los grandes obstáculos...
La regulación es necesaria para garantizar la seguridad, pero en Europa sufrimos de sobreregulación. No podemos matar las innovaciones por exceso de burocracia. Me enciendo con este tema, porque es el pez que se muerde la cola: pides que te certifiquen el laboratorio y la administración te dice que no puede porque tu técnica "es demasiado innovadora y no está implementada en la práctica clínica". ¡Pues claro que no está, si no me la acreditas nunca llegará a estarlo!
No pedimos menos seguridad. Pedimos una regulación más clara, más ágil y más preparada para evaluar tecnologías innovadoras. Si queremos competir con Estados Unidos y que Europa lidere la medicina personalizada, necesitamos marcos regulatorios que protejan al paciente, pero que también permitan que la innovación llegue a los hospitales..
En mitad de este camino, ¿cuál ha sido el momento más duro y cuál el más reconfortante?
El menos reconfortante es, sin duda, la falta de dinero y sufrir por las tensiones de tesorería. Estamos creciendo, somos 16 personas en el equipo (la mayoría doctores, PhD, científicos, biólogos, e ingenieros), y la gestión financiera es complicada. Además, al ser una compañía pequeña, muchas veces los proveedores nos piden pagos rápidos, mientras que nuestros clientes suelen ser grandes compañías o instituciones con plazos de pago más largos. Esa gestión financiera es una de las partes menos visibles, pero más difíciles de una startup biotech.
El momento más reconfortante es cuando vas a congresos internacionales como la American Society of Hematology (ASH) y expertos científicos o compañías farmacéuticas te comparan con plataformas líderes en Estados Unidos. Que desde el propio mercado americano te digan que necesitan alternativas europeas sólidas y competitivas es una validación enorme. Te confirma que lo que estamos construyendo tiene sentido científico, clinical y estratégico, y que Altum puede jugar un papel relevante a nivel internacional.
¿Cómo os imagináis el futuro de aquí a cinco o 10 años?
Me imagino un futuro en el que la monitorización molecular del cáncer forme parte normal del seguimiento de cualquier paciente oncológico. Que un paciente pueda hacerse un análisis de sangre de forma rutinaria y que su médico reciba información clara sobre si el tratamiento está funcionando, si no se detectan señales moleculares de enfermedad o si conviene vigilar más de cerca.
No se trata de sustituir al médico ni de generar ansiedad en el paciente, sino de darle al clínico más herramientas para actuar antes y mejor. Queremos democratizar esta tecnología y que deje de ser algo excepcional. Ha pasado con otras pruebas médicas que antes eran invasivas, complejas o costosas y que hoy están integradas en el sistema sanitario. Nuestra ambición es que la biopsia líquida y la monitorización molecular se conviertan en una herramienta accesible, integrada en la práctica clínica y disponible para muchos más pacientes. Que la medicina de precisión no sea solo una promesa, sino una realidad dentro del sistema sanitario.