Alberto Alonso (Impact Hub Madrid): "El carácter del emprendedor es como el de un piloto de Fórmula 1: veloz, resiliente y algo egocéntrico"
Alberto Alonso, director de Impact Hub Madrid, analiza el imparable desarrollo de la capital como nodo de innovación y advierte de las asignaturas pendientes del sistema: rigidez bancaria, falta de un epicentro físico y la necesidad de priorizar la calidad sobre el crecimiento ciego.
En un entorno global marcado por la irrupción tecnológica y la incertidumbre geopolítica, las viejas recetas económicas del siglo XX empiezan a mostrar sus costuras. Para entender cómo el emprendimiento y la innovación pueden ofrecer respuestas integrales a los problemas actuales, conversamos con Alberto Alonso, director de Impact Hub Madrid, una red global que lleva 16 años en la capital española (y 21 a nivel internacional) abriendo camino al ecosistema de impacto social y medioambiental. A raíz de la presentación de su nuevo Índice de Ecosistemas, Alonso analiza las fortalezas de Madrid, las asignaturas pendientes en materia de inversión y el carácter casi indómito que define al emprendedor de éxito.
Para alguien que no conozca en absoluto el ecosistema emprendedor o de innovación, ¿cómo definiríamos Impact Hub Madrid?
Impact Hub es un espacio donde innovadores, emprendedores y startups se encuentran para sacar adelante, de forma colaborativa, proyectos que generen un impacto positivo tanto en lo social como en lo medioambiental.
Cuando abrimos nuestras puertas en Madrid hace 16 años éramos auténticos pioneros. Comenzamos en un pequeño parking reconvertido en hub en el barrio de Huertas, un espacio que seguimos manteniendo como un icono de la innovación, y en aquel momento nuestra función era casi evangelizar, porque nadie hablaba de esto. Hoy, afortunadamente, el impacto social y medioambiental ya ha pasado un umbral y está en la agenda de todas las grandes organizaciones.
Ese concepto de impacto social está muy de moda. Como organización que lleva dos décadas trabajando en ello, ¿crees que se traduce en un compromiso real por parte de las empresas o hay mucho de marketing?
Hay de todo, como en todos lados. A lo largo de estos 20 años hemos visto organizaciones y multinacionales que han considerado el impacto en su modelo de negocio como un nice to have; es decir, algo que tengo que tener simplemente porque lo pide el mercado o por hacer greenwashing. Pero también hemos visto a empresas y startups que han apostado por la sostenibilidad como una ventaja competitiva real dentro de su estrategia. Esto último no solo es loable a nivel ético y valiente, sino que es muy hábil desde la lógica empresarial.
Mover una empresa con inercias y estructuras fijas hacia la sostenibilidad exige audacia. Lo fácil es quedarse como uno está; lo valiente es adelantarse al futuro. Tecnologías como la IA disrumpen sectores enteros y la geopolítica abre y cierra mercados continuamente. Por eso, los planes estratégicos a tres o cinco años han dejado de tener sentido. Lo que cuenta hoy es tener una organización ágil y adaptativa que permita evolucionar en muy poco tiempo.
A raíz de esto, acabáis de presentar el Índice de Ecosistemas. ¿Por qué consideráis que las organizaciones que apuestan por el impacto social son más resilientes de cara al futuro?
Porque el mundo al que vamos es profundamente interdependiente. En el informe, en el que han colaborado universidades de primer nivel como el IE, ICADE o IESE, y entidades de la talla de COTEC o SpainCap, defendemos una visión donde lo económico anida dentro de un contexto social, y este, a su vez, se sostiene en un contexto ecológico natural. Nos estamos dando cuenta, muchas veces a palos, de lo vinculados que están. Mira el sector vitivinícola: todo el sector se está repensando porque el cambio climático impide que la uva crezca donde antes lo hacía con fuerza.
El índice nos enseña que los mejores ecosistemas no son necesariamente los más potentes económicamente, sino los que guardan un balance equilibrado. El ejemplo perfecto es Navarra, que se sitúa segunda en el ranking con unos resultados excelentes que demuestran que la vitalidad y la viabilidad van de la mano con la calidad de vida y el bienestar.
Venimos del siglo XX, una época donde los indicadores estaban desconectados. Llegaba el ministro de economía y decía que el PIB crecía al 3%, pero a lo mejor ese crecimiento se lograba consumiendo recursos ecológicos no regenerables, hipotecando a las sociedades del futuro. Por suerte estamos superando esa fase y empezamos a ver las cosas de manera conectada a través del enfoque sistémico, una metodología que estudia las dinámicas de interrelación entre las diferentes capas.
Con este índice estamos experimentando; es algo vanguardista en lo que todos estamos aprendiendo, pero es la única forma de explicar fenómenos complejos como la trampa del desarrollo territorial. ¿Qué es Madrid sin su agua, por ejemplo? Si no cuidamos el ecosistema de Somosierra que provee la mejor agua a la capital, ponemos en riesgo el tejido empresarial, porque sin agua no hay empresa. El informe es una invitación a evaluar el bienestar y la sostenibilidad de los activos de un territorio, no solo su crecimiento ciego.
Bajo la mirada de este índice, ¿cuáles son las características que hacen de Madrid uno de los grandes hubs de innovación de Europa?
Madrid ha tenido un desarrollo bestial en las últimas dos décadas y ya figura en los rankings mundiales de innovación, algo que hace 20 años ni nos planteábamos. Si sale la número 1 en nuestro índice no es tanto por los activos o recursos que tiene, que son muchos, sino por su capacidad para conectarlos. Madrid conecta muy bien el talento y el conocimiento con la empresa, generando flujos de retroalimentación positiva que multiplican el valor del territorio.
Las administraciones, tanto el Ayuntamiento de Madrid como la Comunidad de Madrid, tienen parte de mérito porque han sabido activar esas teclas de articulación y generar plataformas colaborativas. Competimos por mercado, pero la colaboración es tan natural como la competición, y lo virtuoso de un ecosistema es que convivan ambas.
Si mañana tuvieras una reunión con el alcalde o con la presidenta de la Comunidad de Madrid y pudieras pedirles una sola medida para impulsar el emprendimiento, ¿qué les plantearías?
Les pediría la creación de un epicentro físico claro para la innovación. Si miras a Barcelona, tienen el distrito 22@ en el Poblenou; París, Londres o Nueva York también tienen barrios startuperos muy definidos donde el ecosistema ejerce presión en materia de densidad de talento y contenidos. Madrid no tiene un epicentro claro, está totalmente descentralizada.
Nosotros en Impact Hub basamos nuestro modelo en el espacio físico porque creemos que la densidad genera un sismo de mayor intensidad con impacto en toda la ciudad. Lo digital facilita el trabajo, pero complementa a lo físico, no lo sustituye. Sentarse a tomar un café genera conexiones mucho más profundas. Incluso los nómadas digitales buscan estos epicentros; no eligen un destino solo por las oportunidades económicas, sino por el entorno social, la sierra, el Parque Nacional o la capacidad de salir a tomar algo y no sentirse extranjeros.
La creación de este epicentro es algo que le falta a Madrid, aunque admito que no se puede hacer de forma artificial mediante una sola política pública; exige el compromiso de todo el ecosistema.
Hablemos de los baches reales de los emprendedores. Nueve de cada 10 startups no sobreviven a sus primeros tres años de vida. ¿Cómo se soluciona esto?
El emprendimiento es un deporte de alto riesgo. Los baches son principalmente burocráticos e impositivos. Aunque la Ley de Startups y los esfuerzos de la Comunidad de Madrid han ayudado a reducir trabas, constituir una SL en España todavía puede demorarse una semana y media, mientras que en otros países se hace con un clic en una hora. Además, contratar en España es sumamente caro en comparación con otros ecosistemas. Para una startup que empieza a facturar y necesita ayuda, contratar personal supone un riesgo financiero altísimo durante esos tres primeros años.
Luego está el acceso a la financiación. Tras la crisis de 2008 sufrimos una enorme "centralización bancaria". Si sacas un proyecto disruptivo que piensa fuera del marco, la banca tradicional te deja fuera. Tienes que acudir a business angels o fondos de inversión, pero este sector a menudo presiona para crecer demasiado rápido, lo que provoca que muchas empresas viables terminen gripando por exceso de presión.
El Estado debería incentivar, mediante normas y desgravaciones, que parte de los flujos de inversión que hoy se refugian en valores ultraseguros o en el ladrillo se dirijan a los emprendedores en sus etapas iniciales. La inversión es como el agua en los ecosistemas biológicos: si no llueve, el bosque se seca. Los emprendedores que están en la capa previa a la facturación consolidada están muy solos en materia de inversión.
Mencionabas antes que las personas con ideas muy disruptivas muchas veces no encajan en las grandes empresas. ¿Por qué ocurre esto?
Los emprendedores, en su gran mayoría, son personas que se sienten incómodas en las estructuras predefinidas y en los marcos corporativos rígidos. Son perfiles profundamente inquietos, rebeldes y valientes, capaces de creer más en sí mismos que en las comodidades del sistema. El carácter del emprendedor se forja en la resiliencia y en saber gestionar la soledad. Tienen un perfil muy parecido al de un piloto de Fórmula 1: tienen que estar preparados para la velocidad, poseer un liderazgo fortísimo y ser un punto egocéntricos para confiar ciegamente en sus posibilidades cuando nadie más lo hace. Sacar adelante una empresa que sea financieramente sostenible y que a la vez genere impacto social es una auténtica locura; una carrera de Fórmula 1.
¿Con qué infraestructura y volumen de miembros cuenta actualmente Impact Hub Madrid para dar soporte a ese ecosistema?
Actualmente contamos con unos 1.800 miembros en un ecosistema muy diverso. Tenemos desde emprendedores en fase inicial hasta proyectos consolidados que nacieron con nosotros, como Blablacar. También albergamos al sector asociativo, como la Asociación Española de Fundaciones u Oxfam, y a fondos de inversión de impacto de referencia en España como la Bolsa Social.
Estamos orgullosos de esa diversidad porque la innovación disruptiva nunca surge de sentar a la mesa a personas que ya opinan igual. Surge cuando juntas, por ejemplo, a una ONG que resuelve un reto de comercio justo para caficultores en Centroamérica con una empresa de software en blockchain que les permite trazar el producto sin intermediarios. Eso pasa en nuestras mesas.
El acceso a la comunidad se gestiona mediante membresías adaptadas a empresas y startups. Sin embargo, sabemos que muchos emprendedores en fase inicial no tienen recursos. Para ellos contamos con una comunidad de hosts —actualmente unos 60— a los que becamos el acceso a cambio de que apoyen una mañana a la semana en las tareas del hub. Ellos son el corazón de nuestra organización: puro talento, convicción y los mayores believers del ecosistema.
Para terminar, ¿qué historia o proyecto de los que han pasado por Impact Hub Madrid te hace sentir que todo este esfuerzo ha merecido la pena?
Sin duda, el programa The Break Fellowship, que ejecutamos desde 2022 hasta 2024 en colaboración con la EOI y que fue premiado por la Unión Europea por su alto impacto. Consistió en traer a España a 1.000 mujeres emprendedoras de toda la Unión Europea. Las organizamos en grupos de unas 20 y las distribuimos por diversos territorios del país para resolver retos locales de la mano de administraciones públicas y cámaras de comercio. Si Teruel tenía un problema de turismo sostenible en entornos rurales, traíamos a emprendedoras europeas expertas en esa materia específica.
Conseguimos cambiar muchísimas vidas. Muchas de esas mujeres están ahora viviendo en España y en las propias comunidades que las acogieron, generando economía y montando sus empresas. Un caso espectacular es el de las alemanas Hannah y Julia Eckert, quienes tras pasar por el programa decidieron mudarse definitivamente a Galicia para fundar it's thyme, una finca regenerativa y centro de permacultura espectacular cerca de Ortigueira.
Ver cómo el programa no solo resuelve retos puntuales, sino que arraiga talento internacional en el entorno rural y dinamiza la economía local es lo que hace que todo tenga sentido. The Break Fellowship es, sin duda, nuestro programa bandera.