Diego Isabel La Moneda: “La democracia no puede reducirse a votar a tu siguiente dictador”
El cofundador y director de Foro NESI defiende la necesidad urgente de recuperar el diálogo, el pensamiento crítico y la capacidad de acuerdo frente a una polarización que, advierte, amenaza ya la convivencia democrática.
España atraviesa uno de los momentos de mayor fractura política, social y emocional de las últimas décadas. La conversación pública se ha convertido en un terreno dominado por trincheras ideológicas, consignas rápidas, enfrentamientos permanentes y una creciente incapacidad para construir acuerdos duraderos sobre los grandes problemas que afectan a la ciudadanía. La vivienda, la conciliación, el deterioro de la salud mental, la desigualdad, la despoblación rural o la crisis climática aparecen cada día en el debate político, pero rara vez encuentran espacios de entendimiento real.
En ese contexto nace una de las reflexiones más ambiciosas que se celebrarán este año en España sobre democracia, convivencia y consenso. El NESI Forum, impulsado por la Fundación Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social, reunió en Guadarrama, Madrid, a representantes de sensibilidades políticas, empresariales, sociales, académicas y mediáticas muy distintas para abordar una pregunta incómoda, pero inevitable: cómo reconstruir el diálogo en una sociedad cada vez más polarizada.
Al frente de esta iniciativa se encuentra Diego Isabel La Moneda, emprendedor social, experto en innovación y cofundador de Foro NESI, un think tank independiente que lleva años defendiendo un modelo económico centrado en las personas y el planeta.
En conversación con El Diario de Madrid, Diego Isabel La Moneda analiza el deterioro de la política española, la crisis de liderazgo, el papel de los medios de comunicación, la falta de pensamiento crítico, la “economía de la polarización” y el riesgo de que la democracia quede reducida a una simple guerra de bloques donde los ciudadanos dejan de pensar por sí mismos.
Pero, frente al pesimismo dominante, también lanza una llamada a la esperanza: cree que todavía existe una mayoría silenciosa que quiere construir puentes y recuperar la convivencia.
“Queremos que la actividad económica vuelva a poner en el centro a las personas y al planeta”
Para quienes todavía no conozcan Foro NESI, ¿qué es exactamente la fundación y qué persigue el evento que van a celebrar?
La Fundación Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social es un think tank independientezque trabaja para impulsar una economía que vuelva a poner en el centro a las personas y al planeta, algo que hoy claramente no está ocurriendo.
Nosotros creemos que la actividad económica no puede medirse únicamente por crecimiento o rentabilidad financiera. Tiene que servir también para mejorar la vida de las personas, reducir desigualdades, fortalecer comunidades y proteger el entorno en el que vivimos.
Y lo hacemos desde la innovación social, que básicamente consiste en juntar a personas muy diferentes para resolver problemas comunes. Personas con visiones distintas, ideologías distintas, trayectorias distintas. Porque los grandes retos contemporáneos no pueden solucionarse desde una única mirada.
Ese es precisamente el espíritu del NESI Forum, nuestro gran encuentro bienal, que este año hemos querido centrar en un tema absolutamente urgente: el consenso.
El lema del foro es “Liderando el consenso”. ¿Por qué eligieron ese enfoque?
Porque deliberadamente no queríamos centrar el discurso en la polarización. Es como cuando alguien te dice: “No pienses en un elefante rojo”. Automáticamente piensas en él.
Sabemos que existe un problema enorme de polarización, pero no queríamos dedicar el foro entero a lamentarnos sobre ello. Queremos hablar de soluciones.
Por eso hemos diseñado un encuentro donde solo los primeros minutos se dediquen a entender el problema y el resto del tiempo se centre en algo mucho más importante: cómo reconstruimos espacios de diálogo y acuerdo.
Porque si observamos los grandes problemas que preocupan hoy a la ciudadanía —el acceso a la vivienda, la crisis climática, las inundaciones, las sequías, los incendios, las desigualdades sociales, el futuro de las pensiones o la conciliación— todos tienen algo en común: no se resolverán sin acuerdos amplios. Y ahora mismo el consenso está roto.
“El disenso no es malo; lo peligroso es convertirlo en un arma”
¿Cree que España vive uno de sus momentos de mayor fractura política y social?
Sin ninguna duda. Estamos viviendo una dinámica de bloques que muchísimas personas no habíamos conocido en décadas.
Hay una sensación constante de que tienes que elegir bando para todo. Como si no pudieras tener pensamiento propio. Como si la democracia consistiera únicamente en alinearte con un equipo y enfrentarte al contrario. Y eso es profundamente antidemocrático.
La democracia debería permitir precisamente lo contrario: que cada persona pueda pensar libremente, tener criterio propio y decidir en cada momento quién representa mejor sus ideas o quién puede aportar mejores soluciones a un problema concreto.
Lo preocupante es que la polarización no solo deteriora la convivencia política. Empieza también a erosionar la propia democracia.
Sin embargo, usted insiste mucho en diferenciar discrepancia y polarización.
Claro. El disenso no solo es legítimo, sino imprescindible en democracia. Una sociedad plural necesita diversidad de opiniones, de sensibilidades y de perspectivas. De hecho, el día que todos pensemos exactamente igual deberíamos preocuparnos muchísimo, porque probablemente estaríamos ante una sociedad autoritaria o directamente distópica.
La democracia es seguramente el mejor sistema que hemos creado para gestionar la diversidad humana. Diversidad ideológica, cultural, territorial, religiosa o generacional. El problema aparece cuando el desacuerdo deja de servir para construir y pasa a utilizarse como arma contra el otro.
Hoy vemos constantemente debates donde si una persona dice “A”, la otra automáticamente responde “B”, aunque ni siquiera crea realmente en ello. El objetivo ya no es entender ni resolver problemas. El objetivo es confrontar. Y además esa confrontación ha escalado hasta un nivel personal y emocional muy peligroso.
“La política actual no está atrayendo al mejor talento”
¿Cree que esa tensión termina trasladándose a la sociedad?
Totalmente. La violencia verbal se ha normalizado hasta extremos preocupantes.
La vemos constantemente en tertulias, redes sociales o debates políticos. Y luego esa violencia entra en los hogares a través de las pantallas. Después nos sorprendemos de que aumente la agresividad social, pero llevamos años alimentándola desde arriba.
Lo preocupante es que ya no discutimos ideas; muchas veces directamente se deshumaniza al otro. Y una democracia no puede sostenerse mucho tiempo cuando sus ciudadanos empiezan a verse mutuamente como enemigos irreconciliables.
Usted vincula mucho el consenso con la innovación social.
Porque la innovación surge precisamente de la diferencia. Si una persona piensa “A” y otra piensa “B”, hoy lo habitual es que se destruyan mutuamente. Nosotros creemos que el camino debería ser otro: preguntarse por qué cada uno piensa así.
Y muchas veces descubres que la solución no estaba ni en “A” ni en “B”, sino en “C”. O en una combinación de ambas visiones. Ahí aparece la innovación.
Eso es especialmente importante en problemas complejos como la vivienda, la conciliación, la salud mental o la transición ecológica. Son desafíos demasiado grandes para abordarlos desde trincheras ideológicas.
“Queremos demostrar que hay más gente dispuesta a construir puentes”
¿Cómo se ha traducido eso en el foro?
Juntando a personas muy distintas y haciéndolas dialogar desde la honestidad intelectual. Han participado personas que han estado en prácticamente todos los grandes partidos políticos españoles: desde Podemos hasta Vox, pasando por PSOE, PP o Ciudadanos. También periodistas, empresarios, expertos en asuntos públicos, representantes sociales, académicos e influencers.
Y les hemos preguntado algo muy sencillo: ¿qué está pasando para que hoy resulte tan difícil llegar a acuerdos incluso sobre cuestiones fundamentales para la ciudadanía? Porque cuando ocupas un cargo público no te debes únicamente a quienes te votaron. Tienes una responsabilidad con el conjunto de la sociedad.
Durante la conversación ha sido especialmente crítico con el funcionamiento interno de la política española.
Sí, porque existe un problema evidente de talento. Vivimos en una época donde todos los sectores económicos compiten por atraer a las personas más preparadas. Desde la tecnología hasta la hostelería, pasando por la industria o la ingeniería. Pero curiosamente la política funciona muchas veces al revés.
Hay gente muy válida en política, por supuesto, pero el sistema interno de muchos partidos acaba premiando perfiles extremadamente disciplinados, jerárquicos y polarizadores. Y eso dificulta que lleguen arriba personas más independientes o con pensamiento crítico.
Además, tenemos otra realidad complicada: muchos dirigentes nunca han trabajado fuera de la política.
“La democracia no puede limitarse a votar cada cuatro años”
¿Esa desconexión explica parte del problema?
En buena medida sí. Si nunca has tenido que emprender, opositar, buscar empleo, sufrir por una hipoteca o temer perder tu trabajo, es muy difícil comprender realmente las preocupaciones de la mayoría de ciudadanos. Muchas personas llevan desde las juventudes del partido viviendo exclusivamente dentro de estructuras políticas.
Y eso genera una enorme desconexión con la realidad cotidiana. Por eso antes existían perfiles políticos muy distintos. Gente con carreras profesionales previas, con experiencia real en distintos sectores y con una relación mucho más autónoma respecto a los partidos.
También lanza una crítica hacia la sociedad civil.
Sí, porque creo que hemos delegado demasiado.
La política es demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de los políticos. La sociedad civil debe participar, exigir, movilizarse y proponer. Y echo muchísimo de menos una ciudadanía más activa.
Recuerdo muy bien el espíritu inicial del 15M. Había personas de ideologías muy distintas unidas por una preocupación común sobre el funcionamiento del sistema.
Hoy, en cambio, muchas movilizaciones parecen organizadas únicamente desde la lógica de bloques: “los míos” contra “los otros”. Y eso es peligrosísimo. La democracia no puede reducirse a votar cada cuatro años a tu siguiente dictador.
“La polarización funciona porque evita que la gente piense”
También habla de un componente psicológico detrás de todo esto.
Sí. Hay estudios muy interesantes sobre ello. La polarización funciona como un atajo cognitivo. Si tú te identificas completamente con un bloque político, ya no necesitas pensar individualmente sobre cada asunto. El partido piensa por ti. Y eso es muy cómodo.
Por eso vemos personas capaces de cambiar completamente de opinión simplemente porque su espacio político ha cambiado de posición. La capacidad crítica desaparece.
¿Qué papel juega la educación en este escenario?
Importantísimo, aunque no creo que sea la única solución. Lo que sí necesitamos urgentemente es una educación que fomente el pensamiento crítico, el diálogo y la capacidad de cuestionar.
No solo enseñar conocimientos técnicos o financieros —que también hacen falta—, sino formar ciudadanos capaces de construir criterio propio.
Y también enseñar convivencia. Porque una sociedad democrática necesita personas capaces de escuchar sin sentirse amenazadas por quien piensa diferente.
“Existe una auténtica economía de la polarización”
En el foro han abordado incluso los incentivos económicos detrás de la polarización.
Sí, porque normalmente hablamos de quién gana políticamente con la confrontación, pero pocas veces analizamos quién gana económicamente.
Y existe toda una economía construida sobre la indignación permanente. El clickbait, determinados formatos mediáticos, las redes sociales, los vídeos agresivos diseñados para viralizarse… Todo eso genera dinero.
La polarización también se monetiza. Por eso abrimos un debate muy serio sobre cómo pasar de una economía basada en el enfrentamiento a una economía del acuerdo.
¿Qué referentes toman para intentar reconstruir ese espacio de consenso?
Hemos recuperado algunas ideas muy importantes de la Transición española.
El foro también ha abordado otros consensos más allá del estrictamente político.
Claro, porque la fractura no es únicamente ideológica. Nosotros hablamos de tres Españas: la vaciada, la abarrotada y la olvidada.
“España necesita consensos territoriales, sociales y laborales”
El foro también abordó otros consensos más allá del estrictamente político.
Claro, porque la fractura no es únicamente ideológica. Nosotros hablamos de tres Españas: la vaciada, la abarrotada y la olvidada. La vaciada es el medio rural que pierde oportunidades y población. La abarrotada son las grandes ciudades donde cada vez es más difícil vivir. Y luego existe una España olvidada de la que apenas se habla.
También necesitamos acuerdos entre rentabilidad e impacto social. Entre productividad y bienestar. Entre vida profesional y vida personal. La sociedad está cada vez más rota y necesitamos reconstruir equilibrios básicos.
¿Con qué mensaje resumiría NESI Forum 2026?
Con uno muy simple: dialogar no significa rendirse.
Llegar a acuerdos no implica renunciar a tus principios ni pensar exactamente igual que el otro. Significa entender que los problemas comunes requieren soluciones compartidas.
Quizá no logres el acuerdo perfecto. Pero puedes avanzar paso a paso.