Daniel del Valle: “El talento joven no es el futuro, es el presente que estamos desaprovechando”
El diplomático español impulsa Lively Up, una plataforma global de impacto que conecta a jóvenes con oportunidades reales de educación, emprendimiento y liderazgo. Un proyecto híbrido —público y privado— que nace con un socio inesperado, Ronaldinho, y con una idea clara: pasar del discurso a la acción.
Durante años, Daniel del Valle ha escuchado —y pronunciado— el mismo mantra en foros internacionales, cumbres multilaterales y documentos oficiales: los jóvenes son el futuro. Hoy, desde una posición poco habitual para un diplomático en activo dentro del sistema de Naciones Unidas, ha decidido cuestionar esa premisa con hechos.
En pleno tránsito entre responsabilidades públicas, Del Valle ha impulsado Lively Up, una plataforma global que aspira a convertirse en un ecosistema real de oportunidades para jóvenes de todo el mundo. No es una ONG al uso, tampoco una startup tecnológica convencional. Es, en sus propias palabras, una estructura híbrida donde confluyen sector público, sector privado, talento joven, universidades, gobiernos, mentores e inversores. Y donde la retórica cede paso a la ejecución.
Conversamos con él sobre el origen del proyecto, su filosofía, el papel de Ronaldinho como socio y el desafío de construir impacto real en un entorno saturado de buenas intenciones.
Ha desarrollado su carrera en el ámbito diplomático y multilateral. ¿Qué le lleva ahora a impulsar un proyecto privado como Lively Up?
Precisamente la coherencia. Llevo años trabajando en temas de juventud, liderazgo y emprendimiento, y defendiendo públicamente que cuando alguien tiene una idea debe ejecutarla. Que no basta con animar a los jóvenes a emprender si quienes estamos en posiciones de responsabilidad no somos capaces de asumir ese riesgo.
Este momento de transición profesional —tras dejar mi posición como embajador del Organismo Internacional de Juventud ante la ONU y antes de asumir una nueva responsabilidad pública dentro del sistema de Naciones Unidas— me ofrecía una oportunidad muy concreta. Era el momento adecuado para hacerlo. Para poner en práctica, en primera persona, aquello que tantas veces he defendido.
¿Por qué centrar el proyecto específicamente en la juventud?
Porque es el eje natural de todo lo que hago. Lively Up está pensada para jóvenes y con jóvenes, pero no solo para ellos. También para todos los actores que condicionan sus oportunidades reales: empresas, gobiernos, universidades, inversores, mentores.
Hay una frase muy repetida en el entorno de Naciones Unidas: los jóvenes son el futuro. Yo creo que es una afirmación cómoda, pero incompleta. Los jóvenes son el presente. Y el problema es que ese presente, en demasiadas ocasiones, no encuentra los canales adecuados para desplegar su potencial. Lively Up nace precisamente para abrir esos canales.
¿Cómo surge la alianza con Ronaldinho, una figura que muchos asociarían más al deporte que a un proyecto de impacto juvenil?
De una manera muy natural. Somos cinco socios y uno de ellos es amigo personal de Ronaldinho. Cuando empezamos a perfilar el proyecto, pensamos en qué perfil podía aportar algo más que notoriedad. Queríamos a alguien con alcance global, con capacidad de inspirar y con sensibilidad hacia el impacto social.
Se le presentó la idea, le gustó el enfoque y el propósito, y decidió sumarse. No es un reclamo publicitario ni un gesto superficial. Es un socio que entiende el valor del talento y lo que ocurre cuando ese talento encuentra las oportunidades adecuadas.
Para quien aún no conozca la iniciativa, ¿qué es exactamente Lively Up?
Lively Up es una plataforma global de impacto centrada en juventud, innovación y prosperidad. No es una ONG tradicional ni una startup tecnológica al uso. Es un ecosistema híbrido que conecta sector público, sector privado y talento joven.
Lo que hacemos es conectar a jóvenes de todo el mundo con oportunidades reales en ámbitos como educación, emprendimiento, tecnología y liderazgo. Por un lado, creamos ventanas de conexión con empresas, gobiernos, inversores y líderes globales. Por otro, trabajamos el acompañamiento: mentorías, desarrollo de habilidades, empleabilidad y liderazgo.
La idea es clara: transformar ideas en proyectos reales, viables y escalables.
Habla de ecosistema más que de plataforma. ¿Qué diferencia a Lively Up de una red social convencional?
Precisamente el propósito. No somos una red social ni aspiramos a serlo. No buscamos volumen sin dirección. Lively Up tiene un objetivo claro: generar impacto positivo.
Por eso habrá un equipo que gestione el ecosistema. No para censurar, sino para evitar usos ilegítimos o dinámicas que perjudiquen a los usuarios o al propio proyecto. La libertad solo puede existir en entornos sanos. Si se garantiza un ecosistema ético y bien cuidado, los resultados también lo serán.
¿Existe una filosofía ética explícita detrás del proyecto?
Sí, y es central. No se permitirá que la plataforma se utilice con fines dudosos o contrarios al bien común. Apostamos por resultados positivos, por impacto real y por coherencia entre valores y acción.
En el entorno digital se ha instalado la idea de que todo vale. Nosotros no creemos en eso. Creemos en la responsabilidad compartida y en la necesidad de cuidar los espacios donde se generan oportunidades.
¿Cuál será el primer foco geográfico de Lively Up?
La primera fase de activación será en Brasil. Uno de los socios es brasileño y otro de los desarrolladores ya lideró en su día una red social que llegó a tener más usuarios que Facebook en el país. Conocen bien el mercado, el contexto y la forma de escalar proyectos de este tipo.
A partir de ahí, la vocación es claramente global. Lively Up no tiene un nicho cerrado. Conviven jóvenes —entre 16 y 35 años, según la definición de la ONU—, inversores, mentores, universidades, gobiernos y empresas. Esa mezcla es precisamente una de sus mayores fortalezas.
¿Qué papel juega el ámbito académico dentro de este ecosistema?
Un papel fundamental. Las universidades y la academia son clave para que las ideas no se queden en el plano teórico. Queremos que el conocimiento se traduzca en acción, en emprendimiento, en proyectos concretos con impacto real.
La colaboración entre academia, sector privado y sector público es indispensable si de verdad queremos generar oportunidades sostenibles para los jóvenes.
¿En qué punto se encuentra ahora mismo el proyecto?
Actualmente estamos en fase de preinscripción en livelyup.com. El alpha test está previsto para febrero de 2026 y el lanzamiento beta tendrá lugar en abril, coincidiendo con el Foro de Juventud de la ONU en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.
No es casual. Creemos que ese contexto puede servir como altavoz global para una iniciativa que conecta lo público y lo privado con un objetivo común.
No es habitual lanzar una plataforma privada en el marco de un foro de la ONU. ¿Le preocupa la crítica?
La crítica siempre existe. Pero también la coherencia. No estamos instrumentalizando un espacio público, sino alineando un proyecto privado con un propósito que Naciones Unidas lleva décadas defendiendo: empoderar a la juventud.
Si algo puede acelerar el impacto positivo y generar oportunidades reales, merece la pena asumir el debate.
Para terminar, si tuviera que resumir Lively Up en una sola idea, ¿cuál sería?
Que el talento joven no es el futuro. Es el presente. Y lo que falta no son discursos, sino mecanismos reales para activarlo.