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Virtual Zone: la revolución española de la realidad virtual que conquistó el mundo desde una sala vacía en Alicante

Enric Costa durante una intervención en el South Summit de Madrid

A veces, las grandes transformaciones tecnológicas no nacen en Silicon Valley, ni en laboratorios futuristas, ni en gigantes multinacionales. A veces comienzan en un viaje improvisado, en una intuición compartida entre amigos y socios que llevan años trabajando en sectores distintos pero unidos por la fascinación por la tecnología. Así nació Virtual Zone, hoy uno de los estudios de realidad virtual inmersiva más reconocidos del mundo.

En 2019, seis socios españoles salieron de España para ver qué estaba ocurriendo en Europa con una tecnología que llevaba años prometiendo cambiarlo todo—la realidad virtual—pero que seguía sin encontrar un modelo verdaderamente inmersivo y escalable. Lo que vieron fue interesante, pero insuficiente. Y ese vacío fue precisamente la oportunidad.

“Siempre nos había gustado la tecnología”, recuerda Enric Costa, uno de los cofundadores, durante la conversación con El Diario de Madrid. “Habíamos trabajado en cosas muy distintas, pero cuando vimos lo que se hacía fuera, pensamos: esto podría ser mucho mejor”.

Al volver, tomaron una decisión que cambiaría sus vidas: montar en Alicante una sala diáfana de 200 metros cuadrados, sin columnas, donde la gente pudiera caminar libremente dentro de una experiencia virtual. Sin saberlo, estaban sentando las bases de un modelo que años después competiría con marcas como Red Bull, Universal Studios, Orange o incluso divisiones de la NASA en los premios internacionales más prestigiosos de la industria.

La diferencia que lo cambió todo: caminar dentro de la experiencia

Para entender Virtual Zone, conviene retroceder a 2013, cuando Enric probó por primera vez unas gafas de VR en la feria Gamescom, en Alemania.

“Era una única gafa, te sentabas, movías las manos y pasaban cosas. Pero tú estabas quieto. Tu mente veía una cosa y tu cuerpo sentía otra.”

Ese desfase, conocido como simulator sickness, había sido el gran enemigo de la VR tradicional. La inmersión se rompía en el momento en que el cuerpo notaba que no se movía, generando mareo o desconexión.

La tecnología que descubrieron en 2019 era distinta: Free Roaming LBVR. No solo se veía un entorno virtual; se caminaba dentro de él. El usuario avanzaba físicamente por una sala sin columnas, tocaba objetos, desbloqueaba secciones, se inclinaba, miraba hacia abajo y sentía vértigo real.

“Es otra liga”, resume Enric. “La gente bebe un café virtual, abre una puerta real que existe dentro del juego, siente la altura, corre, se asusta. La experiencia deja de ser un vídeo bonito y se convierte en algo que tu cuerpo cree que ha vivido.”

El comienzo: alquilar juegos… y descubrir las limitaciones del mercado

Los primeros meses en Alicante fueron un laboratorio en vivo. Alquilaban juegos a estudios especializados, pero pronto vieron los límite de experiencias demasiado cortas (20–25 minutos), la escasa narrativa, la nula adaptación a distintos niveles de usuario, y la imposibilidad de personalizar intensidad o duración.

Cuando pidieron a aquellos estudios ampliar contenidos, la respuesta fue un portazo educado:

“El mercado es tan pequeño que no podemos hacer un desarrollo ad hoc para vosotros. Es lo que hay.”

Ese momento fue clave. “Las experiencias estaban bien, pero podían ser mucho mejores”, dice Enric. “Así que decidimos hacerlas nosotros.”

Nace Invasión: el primer gran éxito y la apuesta narrativa

Virtual Zone pasó horas observando a los jugadores: sus reacciones, dónde sonreían, dónde se asustaban, qué momentos querían repetir. Descubrieron patrones: las sensaciones fuertes, las animaciones impactantes, el vértigo, la velocidad y, sobre todo, la aventura.

Con esos ingredientes crearon Invasión, su primera experiencia original.

Y añadieron un elemento diferencial: la tematización local.

“Dijimos: ¿por qué no usamos Alicante como escenario? La Plaza de los Luceros, el tranvía, el castillo de Santa Bárbara. Era nuestra ciudad.”

La reacción del público fue inmediata. La gente reconocía los lugares y sentía orgullo, emoción, cercanía. Las redes se llenaron de comentarios: “Quiero hacer la experiencia que recrea mi ciudad”. Comerciales, familias, turistas… todos querían ver su entorno convertido en aventura.

El éxito de Invasión demostró que la VR podía ser algo más que entretenimiento: podía ser identidad, cultura, memoria colectiva.

El salto a Madrid: convertir un cine en ruinas en la mayor arena de VR inmersiva de Europa

Después del triunfo en Alicante, llegó el salto que marcaría la historia de la empresa: Madrid.

Era 2021, plena pandemia. La ciudad estaba vacía. Los cines cerrados. Los centros comerciales en silencio. Y sin embargo, Virtual Zone decidió apostar fuerte.

Necesitaban un espacio sin columnas, algo difícil en la arquitectura estándar. Tras meses de búsqueda, encontraron un candidato inesperado: el antiguo cine Novedades, en Azca, cerca de la calle Orense y las torres del distrito financiero.

“Lo visitamos cuando Madrid parecía una ciudad fantasma. Pero supimos que era el sitio.”

Derribaron el interior y construyeron dos arenas gigantescas, que en 2021 se convirtieron en las salas de VR inmersiva más grandes de Europa.

La apuesta dio resultado: Invasión Madrid fue un éxito inmediato.

Reconocimiento internacional: competir con la NASA, Red Bull o Universal

El crecimiento no pasó desapercibido. Cada año, la “academia internacional” de VR selecciona las diez mejores experiencias del mundo. Virtual Zone comenzó a aparecer repetidamente.

“Te ves sentado junto a Red Bull, Orange, Universal Studio o una división de la NASA… y tú estás ahí representando a un estudio que empezó con cuatro personas en Alicante. Es una sensación increíble.”

Aunque aún no han ganado, su presencia constante los ha convertido en uno de los estudios europeos más respetados del sector.

La llamada inesperada: Siemens Healthineers quiere una experiencia inmersiva

Uno de los momentos más decisivos llegó cuando Siemens Healthineers, gigante mundial de tecnología médica, se interesó por Virtual Zone.

Necesitaban una manera innovadora de presentar una nueva resonancia magnética en ferias europeas, sin mover un equipo que pesa toneladas.

Virtual Zone propuso algo distinto: un storytelling inmersivo de 8–10 minutos, donde el usuario conoce la historia de la empresa, compara el modelo antiguo y el nuevo, juega a “cazar fotones”, aprende cómo funciona el equipo, y sale con un recuerdo emocional potente.

“En una feria profesional, captar la atención de una persona durante diez minutos es casi imposible. Pero en VR la tienes completamente concentrada.”

Hoy Siemens utiliza varias experiencias de Virtual Zone en sus ferias internacionales.

Fever y la mayor apuesta cultural del mundo: los teatros VR

La siguiente gran alianza llegó desde el unicornio español Fever, creador de fenómenos globales como Candlelight o los eventos de Netflix.

Su idea era romper el modelo: crear teatros de realidad virtual donde decenas de personas vivieran experiencias culturales premium cada hora.

Buscaban al mejor desarrollador posible. Podían elegir a cualquier estudio de Estados Unidos, Europa o Asia. Escogieron a Virtual Zone.

“Fue un honor enorme. Sabíamos que era un proyecto gigante.”

Titanic: la experiencia inmersiva que se representa en 15 ciudades del mundo

El primer fruto de la colaboración fue Titanic, una recreación histórica inmersiva que permite situarse en las aguas del Atlántico donde yace el barco, viajar al pasado para presenciar la despedida en Southampton, subir al puente de mando en el momento del avistamiento del iceberg, recorrer estancias del transatlántico, e incluso vivir la historia con una mezcla de fidelidad y emoción imposible en otros formatos.
Hoy Titanic se representa en: Los Ángeles, Melbourne, Roma, Dubái, Orlando, San Francisco, Chicago, San Antonio, Ciudad de México, entre muchas otras.

En total, 15 ciudades globales. Y en los próximos 12 meses abrirán 10 más.

La Luna: la experiencia que emociona a niños y mayores

En paralelo, Virtual Zone lanzó en España una de sus creaciones más poéticas: la llegada del hombre a la Luna.

La experiencia reproduce el entrenamiento con fuerza 5G, la ingravidez, el interior del módulo lunar, las fases del Apolo, el alunizaje, y la colocación de la bandera.

“Ahora vienen niños desde 8 años y personas muy mayores. Ver sus reacciones es precioso”, dice Enric.

El estudio crece: de 4 a 45 personas y un pipeline de contenidos globales

Cuando comenzaron, el estudio tenía cuatro personas. Hoy ya son 45 profesionales solo en la parte creativa y técnica, además de los equipos que operan las salas físicas en España y los equipos internacionales que colaboran en Estados Unidos, Europa e India.

Y no se detienen: antes del verano lanzarán dos nuevas experiencias globales.

Una expansión internacional sin precedentes para un estudio español

Virtual Zone está ejecutando una expansión mundial extraordinaria:

  • España (apertura Q1 2026) — 4 nuevos centros propios (Bilbao, Pamplona, Zaragoza y Cádiz)
  • Europa — 4 centros propios + 1 franquiciado (Francia, Holanda, Reino Unido y (franquiciado) Stuttgart)
  • Estados Unidos — 4 aperturas en 2026 (Con socio local)
  • India — primera sala abierta en Pune + expansión a Mumbai y Nueva Delhi en 2026
  • Australia — expansión en estudio

En total, más de 20 nuevas aperturas en marcha.

Crecimiento con fondos propios… y el momento de dar el salto

Hasta ahora, Virtual Zone ha crecido solo con fondos propios. Pero ha llegado un punto crítico.

“Estamos valorando la entrada de financiación externa”, confirma Enric. El objetivo es claro: Convertirse en la marca global de referencia en experiencias VR de Gaming + Cultura.

Y la escala a la que están operando ya lo exige.

La memoria como espacio tridimensional

La realidad virtual no sustituye a la vida. Pero añade algo nuevo: la posibilidad de vivir historias imposibles como si fueran reales. Cuando un niño sale riendo después de caminar por la Luna, o una persona mayor sale con lágrimas tras revivir el Titanic, uno entiende que la tecnología ha dejado de ser un gadget. Es emoción, es memoria, es cultura.

Virtual Zone ha demostrado que España puede liderar esta revolución. Y lo ha hecho con audacia, creatividad y una visión muy clara: “Queremos crear historias que acompañen a la gente toda la vida”.