No se debe perder la pureza de la fiesta de los toros
Todo aficionado taurino está en su propio derecho de exigir la integridad total del toro de lidia en la más amplia dignidad de un espectáculo tradicional, por lo cual, es base y sustento de nuestra Fiesta. Al mismo tiempo intentar no bajar la guardia y velar por su continuidad con el más puro espíritu constructivo, engrandeciendo en toda circunstancia nuestras costumbres culturales.
La Fiesta de los Toros, siempre ha sido fuente de inspiración de ilustres personajes de todas las clases sociales y culturales, sin dejar tampoco de haber polémicas al respecto. En la actualidad, es bien sabido que existen discrepancias en algunos personajes y estamentos públicos que tiran, indiscriminadamente, por los suelos este trozo del legado histórico de España.
Pero aparte de todo ello, hoy quiero centrarme solamente a la interpretación del toreo actual como a la práctica de sus distintas suertes.
Si bien, de las diversas estructuraciones del mundo, todo enmarcado y estudiado, siempre es de agradecer a todo aficionado, aunque sea por un humilde análisis, de exponer o manifestar de los males que acontece nuestra Fiesta, para su mejor remedio.
Por lo cual, empezaremos por el tercio de varas, que tal y como asiduamente hoy se concibe, pienso que este tercio tan necesario amenore su efectividad. Con un peto muralla que a veces se deja al toro estrellarse en él, y una puya inadecuada, al tiempo que en ocasiones se aplica con poco acierto, los vistosos quites de capote que se derivan de ella, sean olvidados totalmente.
La finalidad fundamental de la pica es desangrar y atemperar al toro en lo necesario. En honor a la verdad, cada vez se ejecuta mejor por los profesionales dicho tercio, también el toro se cae menos y se presta a ello.
No se puede esperar más en atajar el supuesto problema que incide negativamente en el normal desarrollo del espectáculo, teniendo en cuenta también como se encuentra parte de la cabaña brava actual, aunque ya no es tanto como años precedentes, se justifica una adecuada modificación para que esta suerte se cumpla con efectividad en el toreo, sobre todo para el espectador. Nunca se debe dudar que, el objetivo primordial de la pica es medirle la bravura del toro, aparte de descongestionarlo.
De las suertes que más se añora por falta de toro, sin duda alguna, es la de quites con el capote, la que se entablaba una rivalidad sana y algo de picaresca entre toreros, creando combatividad artística para plasmar más belleza en el ruedo, además de salir de la monotonía capoteril de la que nos estamos acostumbrando. Pero es bien cierto, como terminamos de decir, rara vez se encuentra un toro que se preste a ello, su matador prefiere aprovechar el motor que tenga el animal sea para la muleta, que a veces tampoco llega.
Llegamos al tercio de banderillas, de gran importancia en reanimar al toro, después de haber sido un tanto castigado por el picador, pero no abusando, con un caballo fornido y su infranqueable peto. Indudablemente en tal caso, ya ha quedado el animal mermado para el lucimiento de los banderilleros, que a veces estos profesionales tienen que tirar de recursos negativos haciendo en buena parte que disminuya la eficacia de una suerte tan útil y artística. La función de la suerte de varas, como arriba hemos comentado, es aliviar, ahormar y medirle la fuerza al toro después del estrés que ha padecido y presenta desde que fue embarcado en la ganadería. Extraño sería que, un tercio desorbitado, el animal llegue con energías hasta el final.
Por último, el tercio de muleta, tercio sublime, su finalidad principal es para que el torero se luzca artísticamente con un toro bravo, una vez que el animal haya quedado atemperado por los tercios anteriores. Lo contrario sería con toros de los que todavía existen algunos, sirvan solamente para la muleta, en decremento de restarle acometida, por duro que pueda resultar.
En este pequeño recorrido de los tercios, llega la denominada suerte suprema. Por algo la profesión de torero es la de matador de toros, pero no de cualquier manera y forma. La preparación idónea del toro para su muerte, la situación del diestro y la res, así como la colocación de ambos en sus terrenos, son tiempos que se conjugan, de ahí que la pureza de los tercios anteriores confluya principalmente a este último. Nunca se dejará fallar ninguno de los puntos que hemos hecho referencia.
No hay que acostumbrarse a la faena estándar, existiendo poca diferencia cual o tal torero, aún más, teniendo el denominador común del abundante monoencaste. Mal futuro nos puede vislumbrar criando toros que no cumplan en los tercios descritos. Procuremos los aficionados que esto vaya cambiando, para el bien de todos.