El peto del caballo de los picadores
El peto del caballo de picar nació con la idea humana de proteger al fiel equino de las embestidas del toro bravo. En definitiva, el objetivo principal era amparar al caballo de las cornadas de la fiera. Desde su aparición, ha sido el alivio más trascendental en el toreo por compasión al caballo, aunque a veces se transforme en un fuerte parapeto, donde en más de una ocasión, el picador con poco acierto, hace quebrantar la fuerza del toro.
Fue instaurado a principios del siglo pasado en Madrid, concretamente el día 7-2.1928, al siguiente año en las demás provincias, aunque hubo unas pruebas dos años antes en Toledo. El cual, sirvió para dar un importante paso en el camino para el bien de la fiesta, a lo que podríamos llamarle la vanguardia de los derechos del noble caballo para su defensa.
En el primer tercio de la lidia, es donde juegan el peto, la puya, el puyazo y el quite. Cuatro términos que se conjugan con una decisiva influencia para medirle al toro su poder, fuerza y bravura, a cambio de recibir un necesario correctivo con la pica en el morrillo, para descongestionarlo y desangre lo mínimo por el estrés creado en su transporte, enchiqueramiento, etc., ahormarlo en lo posible, así como corregirle los defectos y movimientos de cabeza. Pero nunca abusando el picador en esta bella e importantísima suerte de varas.
Hoy en día, nadie pediría la supresión del peto, aunque parezca un mal para la fiesta. Es imprescindible y buen remedio para la protección del caballo, lo que ha hecho desaparecer aquel espectáculo desagradable de antaño, evitando ver a un animal moribundo y destripado por los ruedos, tan repudiado y horrendo para el público.
¿Qué realce negativo daría ahora a la fiesta brava, si en el ceremonioso paseíllo desfilaran aquellos picadores montados en sus cabalgaduras sin peto? De lo cual, causaría un rechazo enorme en estos tiempos para la sociedad.
Y no digamos de las desgracias personales que se producían, cuando era derribado el piquero de la cabalgadura al sentirse el animal herido por el ataque del toro, con ese costalazo sobre el suelo y encima corneado. El peto es un mal menor, hay que aceptarlo para el bien del público, del picador y del propio caballo, pero nunca por comodidad o negligencia del jinete, dejando muchas veces a la res que se estrelle contra el peto-tanque.
Dicho peto empezó a diseñarse allá por el año 1917, a iniciativa del matador de toros Enrique Vargas “Minuto”, pero entró en vigor, como antes hemos dicho, el día 7-2-1928 en Madrid, gobernando Primo de Rivera. Por cierto, también el referido matador ideó el estribo de la barrera, dado a su pequeña estatura, para más fácil saltarla en caso de apuros.
En un principio, a esta protección se le llamó faldón, solamente cubría la parte derecha del caballo, después ha tenido varias reformas para más defensa del animal, cubriéndole parte izquierda, pecho y vientre. Su material es de un tejido engomado resistente. El peso de cada uno es entre 25 y 30 kilos, según plaza, en las plazas de primera categoría lo máximo son 30 kilos. El caballo de picar, además de poseer buena doma, el peso reglamentario debe tener entre 500 a 650 kilos, en las plazas de primera nunca tendrá menos de 600 kilos.