Los españoles pagan cada vez más con tarjeta, pero priorizan la seguridad y siguen aferrados al efectivo ante posibles apagones
Un nuevo estudio revela que la tarjeta domina en tienda y online, crece Bizum entre jóvenes y la seguridad pesa más que la comodidad en los pagos digitales
La segunda edición del estudio “Métodos de pago y de autenticación. Usos y actitudes”, realizado por Lean Research con una muestra de 1.540 entrevistas representativas a nivel nacional, dibuja un cambio profundo en los hábitos de pago de los consumidores españoles, aunque con una constante clara: la seguridad es el factor decisivo por encima de la rapidez o la comodidad.
El informe, elaborado en septiembre de 2025 y comparado con la primera ola de octubre de 2024, muestra que el canal físico sigue siendo mayoritario, pero el comercio online consolida su peso. El 90% de la población compra o consume en tienda física, especialmente en alimentación, restauración, moda y cosmética, mientras que cuatro de cada diez compras en entradas y electrónica ya son online y el 80% de los viajes se adquiere por Internet. La brecha generacional es evidente: los mayores de 60 años son los que más compran en tienda física, mientras que los Millennials lideran las compras digitales.
Cuando se compra en tienda física, el 81% paga con tarjeta, frente a un 55% que sigue usando efectivo. Dentro de las tarjetas, la de débito es claramente dominante (58%), por delante de la de crédito (32%). Aunque la tarjeta física sigue siendo el soporte preferido (60%), el pago con móvil crece con fuerza entre los menores de 45 años, con Apple Pay y Google Pay como opciones principales. Aun así, el efectivo mantiene su relevancia: el apagón del 28 de abril llevó al 63% de los encuestados a reconocer que es necesario llevar dinero en metálico, y un tercio afirma llevar ahora más efectivo por precaución, porcentaje que sube al 70% entre los mayores de 60 años.
Las preferencias en caja también cambian. El 58% prefiere ser atendido por un dependiente, aunque al 37% le molesta esperar cola y un 33% recurre a las cajas de autopago siempre que puede. Además, el 51% opta ya por el ticket digital en lugar del papel.
En el comercio online, el estudio confirma que la seguridad pesa más que la facilidad de uso: el 89% considera prioritario que el pago sea seguro, aunque un 58% también valora la sencillez del proceso. Para sentirse protegidos, el 86% exige una confirmación clara del pago, tres de cada cuatro compran solo en webs conocidas y el 59% reconoce miedo a compartir datos bancarios. Un 36% utiliza una tarjeta específica con saldo limitado solo para compras online.
Pese a ello, la experiencia no siempre es fluida: el 45% ha abandonado alguna compra por fallos en la doble autenticación, el 37% por no tener la tarjeta a mano y el 36% por no disponer del móvil en ese momento, problemas especialmente frecuentes entre los menores de 30 años.
En cuanto a métodos de pago online, la introducción manual de los datos de la tarjeta sigue siendo la opción más utilizada (65%), seguida de PayPal (39%) y Bizum (30%), este último con un crecimiento notable entre la Generación Z. Métodos como Google Pay y Apple Pay ganan terreno entre los más jóvenes, mientras que las plataformas de pago aplazado aún tienen una penetración limitada.
El estudio también analiza los frenos al cambio de método de pago. En tienda física, muchos evitan el móvil porque lo perciben como menos fiable o no saben cómo funciona, y un 37% asegura estar ya satisfecho con su sistema actual. En compras online, el 35% tampoco ve motivos para cambiar.
En materia de autenticación, la resistencia a los sistemas biométricos ha disminuido respecto a 2024. La mitad de los encuestados cree que la biometría es más segura y fácil de usar, y un 46% valora no tener que recordar contraseñas. Sin embargo, persisten recelos: el 53% teme que, si hackean sus datos biométricos, no puedan “reemplazarlos” como una contraseña, el 49% no quiere registrar huella, rostro o voz para pagar y el 43% lo percibe como una invasión de su privacidad.
El informe concluye que el consumidor español avanza hacia un modelo de pago cada vez más digital, pero sin renunciar al efectivo ni a un alto nivel de control y seguridad, con claras diferencias entre generaciones y un papel creciente de Bizum y los pagos móviles.