España y la deuda pública: ¿una preocupación real o una señal de alerta económica?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez | Foto del Congreso
Los últimos datos oficiales sobre la deuda pública española y la valoración realizada por el economista José Ramón Riera han reavivado el debate sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas en España.

Aunque la visión de Riera apunta a una situación insostenible, los datos oficiales y el análisis económico apuntan a una realidad más matizada, con indicadores que muestran tanto retos como señales de estabilidad.

La deuda pública, en cifras oficiales

Según las estadísticas más recientes del Banco de España, la deuda de las Administraciones Públicas españolas se situó en más de 1,7 billones de euros en septiembre de 2025, lo que equivale a un 103,2 % del Producto Interior Bruto (PIB), cifra que representa un ligero descenso interanual pero sigue por encima de los niveles registrados hace un año.

Estos datos confirman que, aunque el endeudamiento nominal continúa creciendo, la relación deuda/PIB se modera, un indicador clave en el análisis de sostenibilidad fiscal.

¿Qué dicen los expertos?

La reflexión de José Ramón Riera parte de cifras internas del Tesoro Público sobre el déficit estructural del Estado, destacando que la Administración General del Estado habría necesitado apoyos de hasta 78.000 millones de euros en 2025, tras observar un desfase entre ingresos y gastos que obliga a financiarse con deuda. Riera interpreta este patrón como un síntoma de insuficiencia fiscal a largo plazo.

Es importante matizar que estos cálculos sobre “necesidades de financiación” o el monto neto de emisión suelen incorporar distintos conceptos contables, como amortizaciones vencidas o pagos de intereses, que no siempre equivalen exactamente a nuevos déficits operativos en el sentido económico más amplio.

Deuda vs. déficit: dos caras de un mismo reto

En los informes oficiales se distingue entre deuda acumulada y déficit fiscal, dos conceptos que, aunque relacionados, no son idénticos. El déficit refleja la diferencia entre gastos e ingresos en un año fiscal, mientras que la deuda es el resultado acumulado de déficits pasados más amortizaciones e intereses.

Si bien España mantiene una deuda pública elevada, la tendencia de la relación deuda/PIB muestra cierta moderación, lo que no coincide con una idea de crecimiento descontrolado.

¿Hay motivos de preocupación?

Riera alerta sobre el riesgo de que los mercados de deuda se vuelvan más exigentes si perciben un deterioro fiscal, lo que podría incrementar los costes de financiación. Este riesgo es real en contextos de incertidumbre global, pero el mercado español de bonos sigue mostrando demanda sólida, con operaciones recientes del Tesoro relativamente bien aceptadas por los inversores.

Además, informes internacionales, como los del Fondo Monetario Internacional (FMI), proyectan un crecimiento económico robusto para España en 2026 y 2027, con tasas por encima del promedio de la eurozona, lo que favorece la sostenibilidad fiscal si se acompaña de políticas prudentes.

Una perspectiva equilibrada para el lector

El diagnóstico de Riera sirve como recordatorio de que la deuda pública no es un tema abstracto, sino una variable que condiciona decisiones de política económica, financiación de servicios públicos y estabilidad financiera. Sin embargo, los datos oficiales muestran que:

  • La deuda pública se mantiene alta pero no está creciendo de forma explosiva en relación con la economía.
  • El endeudamiento seguirá siendo una herramienta fiscal clave, pero no necesariamente sin control, dado el marco europeo de estabilidad.
  • El crecimiento económico proyectado por instituciones como el FMI puede ayudar a moderar la ratio deuda/PIB si se mantienen ingresos fiscales adecuados.

Más matices que alarmas

La información publicada por José Ramón Riera refleja una preocupación legítima sobre la deuda pública, especialmente en términos nominales y necesidades de financiación. Sin embargo, una mirada más amplia —basada en datos verificables— indica que España no está en una crisis inminente, pero sí enfrenta desafíos que requieren atención política y económica.

La clave para el futuro será combinar políticas fiscales responsables con estrategias que promuevan el crecimiento económico y la confianza de los mercados, sin perder de vista que la sostenibilidad de las finanzas públicas es un proceso continuo, no un evento de un solo año.